Al principio, ella creyó que había encontrado a su príncipe azul. En él, quiso reconocer a su compañero por la eternidad, a su otra mitad y se entregó en cuerpo y alma sin importarle lo que era tan evidente para los demás. Pasaron los años y las decepciones se fueron acumulando a su alrededor. Las mentiras, los silencios, las soledades... todo aquello que fue minando su ilusión y matando su amor hasta cortar el hilo rojo que les unía por toda la eternidad. Ahora ella es libre, con la libertad de los que eligen su propio silencio, con el suficiente amor propio para enfrentar sin miedo la eternidad.
Carmen
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"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo

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