Esta mañana, charlando con unos amigos mientras tomábamos un café, uno de ellos preguntó si habría algo más bello que el vuelo de las aves.
Todos quedamos en silencio al momento, cada uno perdido en sus propias elucubraciones.
En verdad, la mente puede divagar horas y horas dando vueltas a las más locas ideas cuando no tiene otra cosa más significativa que hacer, pero hoy no era el caso de perder tanto tiempo.
Pasados un par de minutos, llamé al camarero y pedí un nuevo café. Me encanta el café negro, sin azúcar y muy, muy caliente, como debe ser. Mientras esperaba que me sirvieran y aburrida del silencio que la preguntita de marras había generado, me atreví a decir: ¡Lo hay, claro que lo hay! Y todos elevaron sus miradas hacia mi con creciente curiosidad. Sonreí, les miré uno por uno y espeté:
¡El vuelo de dos almas que se eligen y deciden vivir juntas su amor en libertad!
Me levanté, llamé al camarero y les pague el desayuno a todos. Despidiéndome con un hasta luego y una sonrisa me marché mientras escuchaba el murmullo de asombro de todos ellos y algún que otro aplauso apagado de los parroquianos habituales que estaban allí.
En la calle, miré al cielo que lloraba con ganas, respire hondo y abriendo mi paraguas mientras echaba a andar, pensé: ¡Buen día para comenzar a vivir!
Carmen
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"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo

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