Imagen de Stefan Keller en Pixabay
Se escapa mi tiempo como agua
entre los dedos huesudos de la parca.
Nada retiene mi querencia a la vida,
ningún sueño puebla mi mente
ni habita en mi pecho más amor
que el triste olvido de ti.
Se escapa mi tiempo inmutable,
dejando una estela dolorida de muerte.
Sangre reseca que aún rezuma
borbotones de querencia
por la herida sin cura
que en mi pecho se aboca.
Y me asomo al abismo
de mis soledades
como se asoma la enamorada
al balcón de los ojos
del amor amado,
con la misma urgencia,
con la misma ilusión en la mirada,
ese mismo anhelo de encontrarte.
Y se escapa el tiempo
minuto a minuto,
mientras me recuerda
que no ha de regresar
tu voz ni tu mirada
ni tus besos dulces
ni tus abrazos de amante
que cada atardecer me regalaban
el pedacito de cielo
que en tus manos rebosaba.
Se escapa mi tiempo
como agua infinita escondida
en el agua amarga de mis lágrimas.
Salobre necesidad de seguirte,
más allá de la inmisericorde muerte.
Muerte celosa de ti y de mi
que decidió un día tenerte
preso en sus negras fauces,
lejos de mi y de la luz
que desprendía mi mirada.
Se escapa mi tiempo
en cada suspiro, en cada respiro,
en cada estertor vacío
que me recuerda que no soy nada,
que ya no estás conmigo
y me dejo ir como ese tiempo
que huye de todo y de todos,
como ese agua cristalina
que ha de evaporarse
en el más simple olvido.
Carmen
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"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo

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