sábado, 21 de abril de 2018

POEMA GOTICO


POEMA GOTICO

Se pierden las sombras de tus pasos
tras la neblina agrisada que cubre el
bosque con su gélido y espeso manto.
Te has perdido entre recuerdos olvidados,
polvorientos, desgastados por el paso
impasible de los años baldíos y malogrados.

Arrastras tu dolor envuelta e un sudario
de penas que carcomen tu perdida alma.
Donde el camino termine irás a ciegas,
más allá de los temibles sarcasmos
que caen gota a gota de tus muñecas abiertas,
manchando de roja sangre inocente tus zapatos.

Ni un lamento se escuchó salir de tu boca
ni una lágrima tus ojos han arrasado
y aún así, llevas en tus entrañas
toda la agónica amargura de los desesperados.
Cruzarás a ciegas el puente que une
la vida al infierno más negro.

Y serás sombra y olvido entre los muertos
más muertos y olvidados.
Desesperada, sola, con una sonrisa torcida
en tus resecos y partidos labios,
saludas a los negros cuervos de la muerte
que ya te esperan al otro lado.


Carmen
(21 de abril del 2018)


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"Omnia mea mecum porto"

Soy todo lo que tengo

miércoles, 18 de abril de 2018

A UN PASO DEL ABISMO


A UN PASO DEL ABISMO


A un paso del abismo se siente el corazón, cuando se aboca al silencio frio.

A un paso del abismo, a un paso de la salvación.

Fue triste el instante de su despertar, quiso morir y nadie le dejo. Se sentía vacío, frágil, abandonado por la suerte esquiva que siempre le rehuyó. Con el cuerpo herido y el corazón roto por la desilusión. ¿Qué hacer? ¿Dónde ir? ¿Dónde esconder tanto dolor?.

Sentado al filo mismo del abismo, la mirada perdida en la neblina, ahogando en su garganta el grito desesperado de su profundo dolor... Piensa... Llora y piensa en ella, ella que se marchó. Sus ojos profundos de agua, como ese agua salada que se estrella contra las rocas bajo sus pies y su pelo negro como la oscura noche... la noche que se marchó. Aún resuena en sus oídos su risa malévola cuando le dijo adiós y siente ese chasquido sordo que le partió como se fuese un látigo el corazón. Recuerda el día lejano que la conoció. Era frágil y dulce, apenas una niña que reía alegre cuando él la besaba y tomándola en sus brazos giraban y giraban bajo el sol.

Se puso en pie y miró el oculto horizonte que se adivinaba grumoso tras la niebla y pensó por un segundo que el paisaje parecía una acuarela en sepia de la realidad y era hermoso. Le hubiera gustado plasmarlo en uno de sus cuadros, pero ya no había tiempo para él, su tiempo termino.

Pensó que sólo un milagro le salvaría, pero no creía en milagros... ya no.

Tomo aire, levanto unos segundos su mirada al cielo como pidiendo perdón y adelanto un pie al vacío.

De repente algo tiró de él hacia atrás. Una fuerza sobre humana le abatió y calló en la hierba sobre su espalda golpeándose al caer la cabeza dolorida de tanto pensar. En sus oídos resonó una y otra vez como un eco un "NO",  pronunciado por una voz conocida. Es su voz, pensó mientras se hundía en otro abismo más benigno, sin dolor ni ruidos ni olvidos ni desolación.

Abrió los ojos horas después. Su cuerpo protestó dolorido cuando intentó incorporarse. La niebla había despejado y el día lucía espléndido, tomo una bocanada de aire y pensó que olía a malvas y lilas, justo como el perfume que usaba ella.... Ella... Y entonces resonó de nuevo en sus oídos el eco de aquel "No".

Se sentó y miró a su alrededor con una desesperada urgencia y la halló arrodillada a su espalda a tan sólo dos metros de él. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras su garganta desataba la música de su risa y una única pregunta salió de sus labios resecos, dando paso a una corta conversación:

- ¿Tú?
- Yo
- ¿Eres real?
- Regresé
- ¿Te ríes de mi?
- Busco tu perdón.

Se miraron en silencio unos minutos que parecieron eternos, se pusieron en pie y corrieron el uno hacia el otro, abandonándose en un abrazo que habló por los dos.



CARMEN

(18 de abril del 2018)



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Soy todo lo que tengo

ALETEO


ALETEO

En un aleteo de manos
yacen en el suelo
tu ropa y la mía.
Deshojada margarita
a fuerza de deseo.
Tus manos y las mías
abriendo la jaula
que libera los suspiros
y enciende en llamas
el rescoldo de pasiones
que dormía silente en un
rincón de nuestras vidas.

En un aleteo de manos
se van derramando
como agua que cae,
como lluvia que moja,
dulces, tiernas, seductoras,
amantes, eróticas, deseadas,
tus caricias en mi piel
que reclama a gritos
el roce de la tuya.
Y se desbordan las ganas,
mi hambre que te reclama
que prendas tu alma a la mía.

En un aleteo de manos,
se dibujan las alas
que liberan los sueños
que soñamos tantas vidas
y subimos de un salto
al cielo que nos habita
libres de ataduras sutiles,
mientras damos rienda suelta
a tanta pasión contenida.
Y dibujas y dibujo en
nuestra piel en flores y arabescos
todo el amor que en ti y en mi dormía.



CARMEN


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"Omnia mea mecum porto"
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*Poema rescatado de mi antiguo blog

PURA SANGRE


PURA SANGRE


La nobleza de tu raza
se desgrana gota a gota
en el señorío de tu paso
cuando orgulloso bailas.

Danza antigua y pura
que en miles de
sangres derramadas,
corre en tus venas,
poder y gloria gallarda.

Eres guerrero en el campo
y señorito en la plaza
y la sal del tiempo se desgrana
en tus crines cuando
el viento las engalana.

Peina la tarde fuego
en tu limpia mirada
cuando al ponerse el sol
se refleja en tus pupilas
y por los flancos te resbala.

Y esperas la noche,
que trae olores de jazmines
y arrayanes añejos,
para cortejar orgulloso
a la luna enamorada.

Pura sangre
que se forjo,
como el acero,
en fraguas de arte,
nobleza, valor y
templada calma.

A tu paso baila el tomillo,
el romero y la mejorana
de la Sierra Morena
y las mozas más hermosas
se rinden en el albero
cuando a su lado pasas.

Que en relincho de colores
les pintas sueños
por ver si roban un beso
a aquel que va sobre
tu silla enjaezada.



CARMEN

( 18 de abril del 2018 )


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lunes, 16 de abril de 2018

DOS EN LA OSCURIDAD


DOS EN LA OSCURIDAD

Dos en la oscuridad,
sueños que se hacen realidad.
El amor desbordado
entrelazando los cuerpos,
pasión desatada que les hace vibrar.
Dos en la oscuridad,
el deseo y las ganas
restando y sumando.
Suspiros entrecortados
de pieles al vuelo,
de lenguas ensalivando,
de ardientes alientos.
pulso de sangres
latiendo en lo profundo,
más y más adentro.
Árbol echando raíces,
dentro, muy dentro
del amante cuerpo.
Cuerpos volando,
en frenetica lucha
por alcanzar juntos
el inmenso cielo.
Dos en la oscuridad,
tejiendo y destejiendo
interminables sueños.


Carmen

(16 de abril del 2018)


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sábado, 14 de abril de 2018

AKELARRE


AKELARRE

Estaba agotada; mi día había sido infernal. Los problemas se habían ido acumulando a lo largo de las horas. La reunión con los jefes de sección había sido un desastre, no había podido terminar a tiempo el trabajo aunque me había quedado hasta muy tarde en la oficina. Para colmo, al salir diluviaba y para variar no encontré ningún taxis. Me había calado hasta los huesos, pero al fin estaba en casa. Me sentí aliviada al introducir la llave en la cerradura...¡Al fin algo de paz!...

      Cuando la llave giró y la puerta se liberó de sus anclajes, una corriente fría estremeció mi cuerpo mojado. Sin duda había dejado una ventana abierta. Lamentándome por mi descuido entre en casa, cerré la puerta comencé a recorrer el pequeño apartamento mientras iba desprendiéndome de mis ropas mojadas.
   
      Todo estaba cerrado, pero hacia frío. Quizás la caldera se hubiera estropeado o las ventanas no ajustaran bien, le pediría a Roger que las mirara...¡Dios mío, Roger! Hacia casi una hora que tenía que haber acudido a mi cita con él. Debía darme prisa. Me dirigí al baño dispuesta a darme una reconfortante ducha caliente y al entrar un fuerte relámpago me cegó por un momento. ¡Qué fastidio, maldita noche!

      El frío persistía; ya desnuda, abrí el grifo y dejé que el agua resbalara por mi cuerpo. De repente sonó el teléfono y mi mente que había conseguido relajarse, hizo que mi cerebro saltase. ¡Siempre era lo mismo, justo cuando acababa de enjabonarme....! Como pude salí de la ducha, me envolví en la toalla y corrí al teléfono pensando que sería Roger preocupado por mi tardanza. Una vez más me extrañó sentir el aire gélido que rodeaba mi cuerpo, Maldiciendo, descolgué el aparato, pero sólo una siniestra y estremecedora risa respondió al otro lado.

      Maldiciendo de nuevo al gracioso de turno, me disponía a regresar de nuevo al baño cuando algo llamó mi atención. ¿De dónde había salido aquella caja negra que se encontraba sobre mi cama? Un escalofrío recorrió mi espalda y despacio me acerqué a mirar. Solté la toalla y levante la tapa de la caja.

      Dentro una nota sobre algo de terciopelo negro. Tomé la nota y la leí: " Date prisa....el tiempo se agota...te estamos esperando". Dejé la nota sobre la cama y tome lo que había en la caja. Era una hermosa capa de terciopelo negro y un bello vestido de seda del mismo color....Una sonrisa afloró a mis labios....Sin duda, Roger, lo había dejado allí para mí. Deje el vestido y la capa y me dispuse a volver al baño....El frio seguía aumentando. Nubes de vapor se formaban con mi respiración. Decidí, no volver a pensar en ello.

      Cuando de nuevo entré en la ducha, la luz dejó de lucir. Otro contratiempo. ¡Vaya día! Algo pareció moverse al otro lado de la mampara translucida, pude ver un ligero movimiento cuando un nuevo relámpago iluminó el baño. Me estremecí, pero esta vez no fue de frío, si no de miedo. Como pude, terminé de ducharme y salí del baño envuelta en el albornoz mientras me secaba el pelo con una toalla y me lamentaba por la falta de luz. A tientas alise mi cabello...¡Vaya desastre de día! Tendría que acudir a mi cita con el cabello mojado. Salí al cuarto que ahora parecía algo más cálido y un nuevo relámpago me iluminó. Junto al ventanal, pude percibir una silueta, alta y delgada....Una silueta que se cubría con una capa como la que había sobre mi cama.

      Por un momento mi mente se extrañó que no diera importancia al hecho de ver una silueta junto a mi ventana, pero algo me susurro al oído que todo estaba bien. Cogí aquel vestido de seda negra y lo puse sobre mi piel aún húmeda...Recorrí por un instante la perfección de mis formas, coloqué sobre mis hombros la capa de terciopelo, me calcé mis zapatos de fino tacón de aguja y salí del apartamento.

      Fuera me esperaba un coche negro. La lluvia seguía cayendo y la calle a obscuras se iluminaba de tanto en tanto con la cegadora luz de los relámpagos. Cubrí mi cabeza con la capucha de la capa mientras sonreía por el acto reflejo de cubrir mi cabeza aún mojada y avancé hacia el coche. El chofer bajo y abrió la puerta trasera para que yo entrara. Dentro se encontraba la sombra encapuchada que viera en mi casa que sin inmutarse, sin un sólo movimiento me dijo con una voz profunda que llegaba tarde y en ese momento el coche arrancó levantando a su paso un reguero de agua en la calle mojada.

      El trayecto, siempre a gran velocidad, se me hizo casi eterno. Una gran agitación recorría mi cuerpo, era como si mi alma quisiera salir volando y mi corazón latiera a trompicones en mi pecho. Mi oscuro acompañante seguía bajo un imperturbable silencio y el coche más que rodar parecía volar sobre el pavimento. De repente un brusco frenazo me sacó de mi ensimismamiento. Paramos delante de una enorme verja negra, había dejado de llover y parecía haberse despejado el cielo. Se podía adivinar alguna estrella que brillaba tristemente en el cielo y una enorme luna llena apareció entre los árboles que bordeaban el camino.

      Al fin se abrió la verja y un poco más allá distinguí una enorme mansión. El coche se detuvo ante la entrada principal y el chofer volvió a bajar para ayudarme a salir al exterior. Con un breve movimiento de cabeza, mi acompañante me indicó que le siguiera dentro. Por fuera era una lúgubre mansión victoriana de grandes proporciones, pero al abrirse la puerta la iluminada estancia que apareció ante mi vista me tranquilizó y traspuse la puerta tras mi acompañante. Una mujer austera nos recibió. Vestía toda de negro y lo único que dijo fue:
      
      - Ya está todo preparado, maestro. Tan sólo faltaba la actuante.

      Aquella mujer extraña me tendió una copa que yo cogí y llevé a mis labios. Contenía un liquido espeso y amargo. Inconscientemente lo apuré de un trago mientras sentía en mí las miradas inquisitivas de aquellos dos extraños. Fue como tragar fuego, como tener ascuas en mis entrañas y de repente todo me pareció natural y conocido. Flanqueada a ambos lados por aquellos dos extraños, fui conducida y obligada a entrar por una de las puertas laterales de la gran estancia y comenzamos el descenso por unas escaleras angostas de piedra desgastada. Se percibían voces en una salmodia triste y repetida, la obscuridad de aquella bajada dio paso de nuevo a la profusa luz de las velas que iluminaban otra enorme sala.

      Grandes tapices de terciopelo negro colgaban de las paredes; había bordadas en ellos inscripciones extrañas en rojo y oro, como si fuesen sangre y fuego. Una gran cruz invertida colgaba del alto techo en el centro de la estancia. Al entrar, la congregación de gentes que allí había, todos con idénticas capas iguales a la mía, se volvieron hacia nosotros elevando el tono de su delirante plegaria. A una señal de mi acompañante, cesaron los cánticos y la horda de encapuchados se hizo a un lado formando un pasillo para que entrásemos.

      - Vamos. -escuché la potente y dura voz de mi acompañante- Es tarde, el momento se acerca y Nuestro Señor nos llama....Es la hora.  

      En el centro de la sala, bajo la oscilante cruz invertida se encontraba una especie de altar de piedra rodeado de enormes cirios encendidos y sobre éste la figura de un ser humano tumbado, cubierto su cuerpo con una especie de habito blanco inmaculado. Era un hombre de pelo negro y tez muy blanca. Al acercarme, me di cuenta que yo le conocía...Era Roger. ¿Pero qué hacía él allí? ¿Qué pasaba? La mujer me quitó la capa y me volvió a tender la copa mientras mi acompañante comenzaba una serie de movimientos extraños y los allí congregados comenzaban un nuevo canto cada vez más enérgico y exaltado.

      Una extraña neblina comenzó a aflorar desde las profundidades de la nada y a lo lejos...muy, muy lejos, me pareció que sonaba una campana. Yo flotaba, me dejaba ir por los cantos....por la luz tenue de los cirios. No quería pensar en nada. Un temblor sacudió de repente el suelo bajo nuestros pies y mi acompañante enmudeció de repente y puso en mis manos una hermosa daga negra con incrustaciones de rubí y esmeralda.

      -¡ Ahora!-me gritó- ¡Hazlo, ahora es el momento, no demores su llegada!

      Levante sobre mi cabeza aquella daga, que a pesar de su tamaño, se me hacia enormemente pesada y me dispuse a asestar el golpe mortal en el pecho del hombre que amaba. Una extraña rabia y una loca alegría me inundaban.

      A tan sólo unos centímetros de cumplir y cerrar el círculo del sacrificio, mi amado Roger abrió sus ojos color agua y me miró con aquella mirada suya enamorada.

      De repente volví a ser otra vez yo. Volví en mi y me di cuenta de lo que pasaba.....Iba a ser iniciada....Iba a ser entregada al Maligno a cambio de mi inmortalidad. Pero descubrí que si el precio era el sacrificio de Roger....no merecía la pena. Flaquee y detuve mi gesto... El maestro volvió a gritar:
    
      - ¡Hazlo ya!

      Volví a levantar la daga y con lágrimas en los ojos y un te quiero en mis labios, asesté la mortal puñalada.

      Tan sólo alcancé a escuchar los gritos de los allí reunidos y un suave "gracias", mientras mi propia sangre empapaba las losas del suelo. Los ojos se me nublaron y ya todo fue obscuridad y una inmensa nada.



Carmen

(14 de abril del 2018)



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jueves, 12 de abril de 2018

ENCUENTRO BAJO LA LLUVIA

"Dos bajo la lluvia"
Fotografía de:
Gretta​ ​Penélope​ ​Hernández​ ​Ayala


ENCUENTRO BAJO LA LLUVIA


Llueve...

¡... Dios, cómo llueve!

¿Quién me habrá mandado a mi salir de casa con la que está cayendo? Sin duda, debo de estar más loca de lo que pienso o más desesperada, que también pudiera ser. Lo cierto es que ya no aguantaba más eso de estar atrapada entre cuatro paredes.

Necesitaba salir.

Sí, eso es, necesitaba sentir el viento en mi cara. Las gotitas heladas de la lluvia arrastrando mis lágrimas hasta borrar  todo rastro de tristeza en mi. Pero esto...

¡... Esto es demasiado!

¡... Dios, cómo llueve!

¡A este paso, nos saldrán aletas como a los peces! Lleva días, semanas ya sin parar de llover. A lo mejor de esta, hasta aprendo a nadar. Mira que se me ocurren tonterías esta mañana; seguramente mi mente trata de evadirse de tanto problema que cargo acuestas. Y esta soledad  que enfría mi alma...

Pero bueno... Y a todo esto... ¿Dónde estoy?

¡No puedo creerme que me haya perdido! Si es que no se donde deje hoy la cabeza.

¡Madre mía...! ¿Y ahora por donde tiro? No veo a nadie a quien preguntar y tampoco pasa ningún taxis por esta calle. En fin, seguiré andando y ya veremos donde me llevan mis pasos. Por algo dicen que todas las calles conducen a la plaza ¿o no? ¿O tal vez era... Todos los caminos conducen a Roma?

No creo que en mis circunstancias y con este diluvio cayendo el final del camino o de la calle tenga demasiada importancia, la verdad. Tomaré por esa calleja a ver que pasa. Sí, giraré en esa esquina...

¡Hala! ¿Es que no puede mirar por donde va?

¡Mira que ir a darme de bruces con este tipo!

¡Madre mía... Madre mía! 

¡Cómo esta el gachó! ¡Y esos ojos!

¡... Qué ojos, por Dios!

Me he quedado embobada mirando sus ojos azules... Azules como un mar en calma...

¡Qué nervios!

Me está hablando y no le entiendo nada, es como si me hablara en chino. No sé que es lo que me pasa, lo único que sé es que tengo  que volver a ser yo, a tomar el control de mi misma, a pensar que por muy bueno que esté este hombre, no ha pasado nada... ¡Qué más quisiera yo!

Desde luego, hoy estoy imposible...

Con gran esfuerzo cierro mis ojos y respiro profundo para lograr romper el hechizo que ejerce sobre mi. Vuelvo a sentirme segura, recupero mi autocontrol y con el, siento sobre mi la lluvia impía que me cala hasta el alma. Mi paraguas se encuentra unos metros por delante y escucho a ese hombre, tan nervioso como yo, disculparse torpemente y a mi responderle que no ha sido nada.

De repente, ambos callamos y nos miramos directamente a los ojos. Poco a poco, una tenue sonrisa va dibujándose en nuestras caras. Un coche pasa por la calle a gran velocidad  y nos salpica de agua... ¡Como si no lleváramos ya bastante agua encima, caray!

Y sin podernos contener, la tímida sonrisa se nos vuelve carcajada.

- ¡Hola, soy Roberto!

- ¡Encantada,  yo soy Clara!

- Te invito a un café

- ¡Estupendo! Creo que nos hace falta.

Me toma de la mano y echamos a andar calle abajo. Estoy tan sorprendida que he olvidado que llueve y hasta he olvidado mi paraguas, pero no importa, ya no me importa nada.

Ha dejado de llover y al final de esta desconocida calle, asoma un rayito de sol...

Un rayito de sol... El comienzo de un nuevo sueño... Una nueva esperanza...



Carmen

(12 de abril del 2018)


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Soy todo lo que tengo




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