Me quedo sumida en este duermevela,
escondida tras mis párpados cerrados
y prisionera en las rejas de mis pestañas
que retienen mis ensueños añorados.
Siento, presiento tu llegada a media noche,
cuando la luna esta alta aún en el cielo
y baña mi cuerpo casi dormido
de cálidas emociones surcadas de susurros
que se pierden bajo las sabanas fantasmales
donde dormita mi cuerpo vencido.
Duermevela en este lecho frío de ti y vacío.
Duermevela cargado de inquietudes y miedos
que se pierden en los registros del tiempo,
ese tiempo en el que tú no estás conmigo.
Duermevela que agota la paciencia y mis ganas
de ti y del roce de tu piel que añoro,
amor presentido, amado, dolido.
Amor soñado que no termina de ser presencia
y siento la muerte cercana que cercena
mis sueños apenas nacidos con su guadaña,
que araña con dedos huesudos de uñas mugrientas
la esencia que en lágrimas se vierte
de mis ojos a las sabanas
empapando la cama de dulce rocío.
Duermevela que me dice muy quedo al oído
que tus pasos resuenan ya por el pasillo
y pone un dedo en mis labios
y me ruega que guarde silencio,
silencio cómplice y cautivo.
Duermevela culpable de mis ojeras,
de mi falta de descanso,
de mis pocas horas de sueño,
pues me insta a crear millones de historias
donde tú eres el protagonista heroico
y yo la pobre y triste doncella en peligro.
Duermevela en el que me pierdo
inquieta cada noche,
cada noche que tu no estás conmigo.
Carmen
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"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo
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