Y la luna se convirtió en mujer
de tez morena y cabellos
azabache de negra noche.
Quiso ser y fue amante,
soñadora que dormida estaba
soñándole a él.
Él que aullaba al cielo llamándola,
que suspiraba buscándola
cuando tímida se ocultaba tras las nubes
deseándole con todo su ser.
Una noche de embrujo plagada
la luna bajo desde el cielo
por un caminito de plata
y arrobada de amores,
quiso morir a sus pies.
Juntos corrieron entre
la jara y el clavel
y en un claro del bosque,
se amaron como
un hombre y una mujer.
Más al llegar el alba,
doliente destino cruel,
la luna corrió a los cielos
y el lobo quedó herido de muerte
porque perdía su querer.
Desde entonces, cada noche,
el lobo llama a su amada,
y ella deja caer sus lagrimas
como estrellas diamantinas sobre él.
Y fue hermosa la noche
en la que se amaron
un lobo solitario
y aquella extraña mujer.
Carmen
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"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo
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