Te di mi voz sin temblarme
y mi verdad sin doblar.
Te abrí la puerta despacio
para que supieras entrar.
Fui la calma en tus inviernos,
fui tu fuego al amanecer
mientras tú jugabas a perder
lo que no supiste sostener.
Yo te miraba de frente
sin máscaras ni papel,
pero tú amabas la sombra
de sentirte más que él.
Me pedías que fuera pequeña
para caber en tu piel
y yo nací demasiado grande,
demasiado mujer.
Mucha mujer
para un corazón cobarde,
mucha verdad para
quien vive en disfraces.
Si amar es quedarse,
yo supe quedarme bien
pero tú no supiste
qué hacer con tanta mujer.
Mucha mujer
y eso te dolió también.
No fue falta de caricia
ni promesas por cumplir,
fue tu miedo a que alguien fuerte
te enseñara a sentir.
Yo no competía con nadie,
yo te quería crecer
pero hay hombres que se asustan
cuando los miran de pie.
Te pesaba mi certeza,
mi manera de entender
que el amor no es una jaula
ni costumbre por tener.
Yo no quise ser tu excusa
ni tu forma de esconder
que amar a una mujer completa
exige saber perder.
Mucha mujer para
un corazón cobarde,
mucha verdad para quien
vive en disfraces.
Si amar es quedarse,
yo supe quedarme bien
pero tú no supiste
qué hacer con tanta mujer.
Mucha mujer
y eso te dolió también.
Hoy no te guardo rencor,
me guardo el aprendizaje,
que quien no sabe mirarse
tampoco sabe amarte.
Yo no fui error ni exceso,
fui lo que tenía que ser,
un espejo demasiado claro
para quien no quiere ver.
Y ahora camino ligera
sin tener que convencer,
que ser fuerte no es un defecto,
es simplemente ser.
Mucha mujer para
un corazón cobarde,
mucha verdad para quien
vive en disfraces.
Si amar es quedarse,
yo supe quedarme bien
pero tú no supiste
qué hacer con tanta mujer.
Mucha mujer
y eso te dolió también.
Mucha mujer
para amores a medias.
Mucha pasión
para promesas huecas.
Si algún día aprendes
lo que es querer,
recordarás mi nombre y entenderás
por qué era mucha mujer.
No me hiciste pequeña,
me hiciste entender.
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