Fuego que quema y arde,
la pasión de tu acero
templándose en mis carnes.
Aleteo de manos insaciables
que van tensando los músculos,
preparando mi cuerpo,
afinando los instantes
previos del deseo,
de la desmedida locura,
de los gemidos placenteros,
los suspiros, los ruegos.
La orquesta lujuriosa,
sinfonía de pasiones que
estalla en el choque de los cuerpos.
Besos que suenan como el restallar del látigo,
manos que agarran
como garras las carnes,
furiosa cabalgada de potros salvajes.
Éxtasis, fuego que quema y arde,
posesión infinita del que ama,
que exige, que da.
La prisa, la urgencia de amar,
de tener presa en los brazos
algo más tangible que el aire.
Y se agota la paciencia,
se prevé el fin de la espera,
se palpa el ansia plena
de convertir en realidad
el fuego que quema y arde
de romper toda resistencia,
todas las negras soledades,
mientras me doy a ti,
te entrego mi cuerpo
donde ya nadie más que tu cabe.
Carmen
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"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo

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