Los momentos vividos,
no son siempre los más queridos.
Pero en la memoria de nuestra vida,
tanto los malos momentos como los buenos
conforman la esencia de lo que
fuimos, somos y seremos.
Perder lo que amamos
conlleva la cicatriz de una herida.
En nosotros está sanarnos
y superarnos.
Por grande que sea la caída,
nunca debemos dejar de enfrentar
la remontada.
Perdonar las ofensas es saber sanar el alma.
Asumir lo sufrido y seguir avanzando en la vida.
Lo que el Universo nos tiene destinado,
siempre, antes o después,
nos encontrará en esta vida.
Todo en la vida es enseñanza.
La vida es como un río y este río tiene memoria.
El río fluye y sus aguas no se estancan cuando a su paso
encuentran una piedra.
El río siempre recordará y encontrará su cauce,
jamás se olvidará de sí mismo
ni perderá en camino que le lleva a su destino.






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