Amiga soledad,
a ti quiero dedicar
el canto desgarrado
de mis letras hoy.
A ti que tienes
nombre de mujer
y seguro me entenderás.
Hoy me levante
con un hueco vacío
en el centro de mi alma,
una herida que no deja
de sangrar en mi corazón,
un dolor de infinita ausencia
que me envuelve sin querer
en un sudario frío.
¿Qué haría sin el tacto
tembloroso de tu silencio,
sin esas lágrimas furtivas
que van lavando mis recuerdos,
sin el grito callado
que te dedican mis labios
a borbotones de mi sangre,
como un cáncer, una herida,
una llaga que no deja
nunca de sangrar?
Nunca tuve nada mío,
más mío que tú,
mi querida amiga soledad.
Nunca nadie fue más fiel tú,
que tu presencia en mi,
a mi lado, firme al paso
imparable del tiempo y el espacio.
Nada importan ya los años que se fueron,
los sueños malgastados,
los amores inventados,
las ilusiones perdidas
que se diluyeron ante mis ojos
como sutiles pompas de jabón.
No existen los sueños
donde la vida es un sueño,
como mi vida,
esta vida que vivo de prestado
desde que quise ponerle fin.
No existe más que este dolor
que me quema por dentro
de querer a quien no me quiere,
porque el que yo quiero
jamás sabrá de ese dolor.
No existe la risa
para quien murió ahogada
en sus propias lágrimas.
No queda nada ya
de aquello que un día
pensé que sería mi salvación.
No quedan recuerdos
que avalen esta sinrazón,
este despertar a la realidad
fría y cruel,
que siempre me habitó.
Solo existe la certeza,
mi querida soledad...
la certeza de que solas,
sin más nadie que las entienda,
estamos tu y yo.
Carmen
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"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo
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