Retornaron tus ojos a mi vida.
Tu boca que hirió la mía
vuelve ahora así sumisa,
conciliadora de espacios inconclusos.
Surge la voz en ti,
de tu turbado interior
y en un susurro me suplicas
llorando ahora, mi perdón.
Atrás quedaron los orgullos altaneros,
las falsas palabras de perdón,
los falsos y vacíos besos,
tu risa y tu burla que causó tanto dolor.
Te veo así postrado a mis pies
y se hace más hondo, más profundo
el desprecio que por ti siento hoy;
tan grande es el abismo que media entre los dos.
De nada servirá que ante mi te arrastres.
¡Se un hombre por una vez!
Y si aún te queda dignidad,
no supliques mi perdón.
El amor que te di y te tuve,
lo mataste sin pudor.
De nada valdrán los lloros
para resucitar aquello que murió.
Carmen
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"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo

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