Ven, te espero aquí,
entre gasas, encajes y sedas negras.
Te espero con la agonía que sufre
el que espera y desespera.
No demores tu llegada amor,
que mi cuerpo arde en deseos
de sentirse por ti amado, poseído.
No tardes, que mis manos guardan
mil caricias que regalarte y
mi boca mil besos para darte.
Ven, ven a mi... así, sin miedo,
deja que te ayude a elevarte,
deja que prenda la vela,
que endurezca el mástil
con mis caricias y mis besos,
dulces suspiros de amante.
Y mi boca que recorre tu cuerpo
y mis manos inquietas que exploran
territorios de lujuria donde perdernos
una eternidad o un instante.
Caricias largas, contenidas, medidas
en la justa esencia del momento.
Me paro y continuo y te freno y te elevo,
te llevo al estasis sublime del deseo.
Regreso a tu boca y te pido, te suplico,
tanta excitación ya no puedo contener,
que me hagas tuya te ruego.
Y me tomas en tus brazos poseyendo mi cuerpo
con la furia del empuje que produjo el deseo.
La dureza acerada de tu miembro
a cada embestida tuya va haciendo más hondo el placer.
La paz que sobreviene, el dulce adormecer,
el estasis de los sentidos al estallar
la explosión de la vida dentro de mi, muy dentro.
Y descansar cuerpo con cuerpo,
mirarnos a los ojos y susurrar un TE QUIERO.
Carmen
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"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo
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