Hoy me levanté sin ganas de seguir. Por momentos me vence la necesidad de ponerle fin a este sin sentido en que se ha convertido mi vida.
¿Para qué?
Esa es la pregunta que viene a mi mente recurrentemente desde hace unos meses. La lucha sin fin por sobrevivir, cansa. Cansa hasta la extenuación porque se que esto va llegando a su fin. De nada me ha servido negar lo evidente; de nada me ha servido plantarle cara a mi mala suerte.
Me siento mal, me cuesta respirar a cada segundo un poco más y voy arañándole al tiempo los segundos que me restan mientras se escapa mi vida por las heridas del alma.
Y lo más triste es saber a ciencia cierta que a nadie le importará el momento de mi partida ni extrañará el último adiós, ese que de mis labios, ya no habrá de salir.
Y me iré en silencio.
Con ese mismo silencio con el que he convivido toda mi vida. Con ese silencio que ha sido, al fin y al cabo, el único amigo fiel, mi refugio y mi todo.
Estoy cansada...
Hoy me rindo...
Hoy quiero ya partir y dejar de sufrir.
Carmen
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"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo

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