"Mujer sentada en bar"
Pitura de Pedro Sanz Gonzalez*
EL AMOR AL AMPARO DE UN BAR
O
LO IMPREDECIBLE DEL AMOR
¿Qué cómo había sucedido todo?
Pues de una manera casual, sin buscarlo ni proponérselo. Cuando en realidad ya nada esperaba de la vida y mucho menos podía imaginar que algo que ya daba por perdido en su existencia, le llegaría así, de aquella manera, sin avisar.
Aquella tarde había quedado con sus amigas de siempre, con las mismas con las que había ido primero al colegio, luego al instituto y mas tarde a la universidad. Aquellos momentos, el recuerdo de aquellos días de un pasado aún reciente en realidad, eran casi lo único que las unía. De las cinco amigas, ella era la única soltera, la nota discordante en verdad.
Helena, Ana y Pilar, llevaban varios años casadas e incluso tenían hijos a los que criar. Hoy celebraban la despedida de soltera de Silvia y ella se sintió como casi siempre últimamente, fuera de lugar.
No había tenido suerte en el amor. Pensaba que debía ser un bicho raro, que algo en ella fallaba a las leyes de la naturaleza y repelía a los hombres. No era fea. Tampoco es que se considerase una belleza de desfile de modas, pero no era fea. Tenía simpatía, era respetuosa, educada, pero algo fallaba. Quizás fuera lo que un día le dijo un compañero abogado, que era demasiado lista y eso asustaba a los hombres. No lo sabía, pero estaba cansada de su soledad.
Quería un hombre en su vida, quería una despedida de soltera como la de su amiga Silvia, quería tener hijos, una casa y hasta quería tener un perro que le ladrara cuando regresara a su hogar.
Se había despedido de sus amigas tras la cena con una excusa que ni ella creyó y había deambulado por las calles durante horas. Se cruzo con gente a la que ni siquiera miró. Gente que reía, gente abrazada, gente besándose. Borrachos que balbuceaban, ¿Qué podría importarles alguien como ella, inmersa en su soledad?
El frío de la madrugada la hizo reaccionar y al pararse se dio cuenta de que no conocía aquel lugar. Una calle estrecha y algo empinada como cualquier otra calle del centro de la ciudad.
Un gato negro salto de un cubo de basura cercano y echo a correr calle abajo como si le persiguiera el mismo diablo y a lo lejos un perro comenzó a ladrar. Un viento helado pareció envolverla de repente y se abrazó a si misma tratando de envolverse aun más en su abrigo. Unas puertas más allá, brillaba el neón que anunciaba un bar.
Presurosa encamino sus pasos hacía allí y con un suspiro de alivio entró en aquel lugar.
Era un lugar agradable, cercano, con un regusto de intima familiaridad.
Tras la barra, el camarero se afanaba en colocar los vasos y tazas que sacaba del lavaplatos. Era un hombre de mediana edad que la miro de soslayo antes de indicarle que si quería un café iba a tener que esperar a que la cafetera estuviera lista pues, la acababa de conectar.
Ella le saludo con un buenos días, se quitó el abrigo que doblo y dejo sobre un taburete mientras se sentaba en otro, se acodaba en la barra de madera limpia y pulida y se disponía a esperar. Siguió ensimismada en sus pensamientos, tan ensimismada que no le vio acercarse, como anteriormente no se había percatado de que había alguien más en aquel lugar.
Él se le acercó y le preguntó algo que ella no entendió, que ni siquiera escucho. Él tocó su hombro para llamar su atención y ella se sobresalto. Le miro sin comprender aún y él le regalo la más dulce de las sonrisas mientras le ofrecía un cigarrillo que ella declinó.
Sus miradas se cruzaron y ambos quedaron enganchados, perdidos en los ojos del otro, hundiéndose más y más en las profundidades de aquellos oscuros lagos hasta llegar a lo más íntimo de sus corazones.
Es él... Pensó ella.
Es ella... Pensó él.
¿Que va a ser?... Preguntó el camarero.
Un café... Respondieron ambos a la vez.
Las palabras no brotaban de sus bocas pero tampoco eran necesarias. Se hablaron con los ojos, con sus miradas cargadas de reconocimiento e inmenso amor.
El camarero puso ante ellos dos cafés. Él extrajo un billete de su cartera y lo dejó sobre el mostrador.
Se volvió nuevamente a ella y en un susurro le preguntó:
- ¿Qué harás hoy?
- Lo que queramos los dos. Es domingo y no existe el reloj. - Fue su respuesta.
Él la ayudo a ponerse el abrigo y tomándola de la mano la condujo a la salida. Fuera, el viento ululaba y traía consigo ráfagas de lluvia. Ambos rieron con una risa casi infantil y echaron a correr calle abajo sin importarles nada más que su propia felicidad.
El camarero que les miraba atónito desde el mostrador con las vueltas de los dos cafés en la mano, se encogió de hombros mientras pensaba en la buena propina obtenida y en lo impredecible que podía ser el amor.
Carmen
(18 de mayo del 2017)
Copyright©
"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
*Pedro Sanz Gonzalez es un excelente pintor español, madrileño por más señas, cuyas obras os invito a disfrutar despacio, saboreando su fuerza, su colorido, su expresividad. Su pintura Figurativa Contemporánea y realista, nos transporta.
Ingeniero Aeronáutico, ha sabido plasmar su pasión inspirándose en los grandes maestros de la pintura. El tema de sus obras se centra en la figura humana, los desnudos, retratos y la pintura simbólica, a los que pese a la influencia de los maestros ha sabido dar un aire moderno y actual utilizando para ello técnicas y conceptos nuevos, haciendo hincapié en las miradas, en lo bello de los cuerpos desnudos y en esas figuras que surgen, sugieren y nos hacen pensar.
Cada una de sus obras es una reflexión. Nos paralizan, nos transportan y nos hacen soñar.
Esto es lo que yo vi en sus obras y desde aquí quiero agradecerle el que me haya dado permiso para utilizar una de estas obras como ilustración de mi pequeño relato, el cual, en correspondencia a su amabilidad, le quiero dedicar.
Y ahora sí, a los que os guste el arte tanto como a mi (y a los que no, porque de seguro os enganchara) os invito a visitar la web de este gran artista:
http://creando.me/
Espero y deseo que lo disfrutéis tanto como yo.
Carmen
"El calor del amor en un bar"
Gabinete Caligari
No hay comentarios:
Publicar un comentario