Y sí, decidí al fin cerrar la puerta y poner candado a mi pobre corazón.
Después de tanto dado, regalado sin pedir nada a cambio. Después de tantas y tantas lágrimas derramadas, de tantas ofensas perdonadas. Después de tantas desilusiones por culpa de las promesas incumplidas, he decidido cerrar a cal y canto mi corazón poniendo a salvo mi alma y mi razón.
Ya se que la tristeza me ahoga, que el dolor me aprieta con mano dura el pecho, pero no encuentro mejor remedió para esta sensación de vacío y abandono que me quedo.
Fueron tantas las veces que me sentí rechazada, doblegada, condicionada, que dudaba si podría cerrar ese capítulo de mi vida que no debí llegar a escribir jamás. Ese trozo de mi historia que debió quedarse en un mero intento, pues desde el principio supe que no llegaría a ninguna parte... Que no tendría un buen final.
Decepción... Esa fue la palabra que puso fin a la locura... Decepción por su parte... ¡Ojalá hubiese cerrado la puerta de mi corazón la primera vez que él me decepcionó a mi! ¡Cuanto dolor me hubiese ahorrado y le hubiese ahorrado y cuantos años ganados hubiésemos tenido los dos.!
Pero no importa, ya nada importa.
Lo que pasó, pasó y así lo asumo. Le perdono... Me perdono... Y aunque a mi me cueste varias vidas volver a confiar en el amor, a él sólo le deseo lo mejor.
Yo me quedaré con mis letras, con mi música, con todo el amor que guardo y que quizás un día encuentre a quién, mereciéndolo, se lo pueda regalar. Mientras, aquí seguiré, tratando de pintar mis sueños con otros colores nuevos, inventados; otras ilusiones, otros horizontes... Inventándome lentamente el amor.
Y ella abrió su mano y soltó el cordón plateado que sujetaba su alma a la de él para dejarle volar en paz... Y con los ojos arrasados en lágrimas le respondió mientras se despedía:
Tanto tiempo sentada a la orilla de todo, al filo del abismo...
Tanto tiempo esperando lo que nunca la alcanzaba, viviendo de sueños que nunca cuajaban, dando, regalando de si misma hasta el alma...
Tanto, tanto dolor soportado, tanta tristeza llorada, tanta soledad...
Tanto vivir la vida viéndola vivir a los demás. Dibujando en su rostro una sonrisa amable mientras la pena le mordía el corazón...
Tanta incomprensión recibida, tanto egoísmo soportado... Tantas cosas queridas perdidas...
... Tanto tiempo... Tanto... Que no se dio cuenta hasta el final, de que con el tiempo, la pena, el dolor, la tristeza y la soledad soportadas, le habían ido creciendo alas con las que podría si ella quisiera, echarse a volar.
***Laura Victoria fue una escritora colombiana que nació en Soatá en el año 1904 y falleció en Ciudad de México en mayo de 2004. Su verdadero nombre era Gertrudis Peñuela, aunque escogió el seudónimo para publicar sus trabajos; de todas formas se la recuerda por ambos nombres.
Se caracterizó por ser una poetisa que cultivó con especial vigor la poesía erótica y sentimental, a través de un toque de pulida sensualidad y una exquisita calidad literaria. Sus últimas obras fueron poemas con un estilo místico; según lo explican sus biógrafos, dicho cambio en su escritura se debió a un viaje que realizó por Tierra Santa que la marcó profundamente en su vida personal y artística.
Cabe mencionar que se la considera una destacada protagonista de la poesía del siglo XX y su nombre se encuentra emparejado con el de personalidades indiscutibles de la lírica latinoamericana, como lo fueron Juana de Ibarbourou, Delmira Agustini, Rosario Sensores y Alfonsina Storni.
Perteneció a la Academia Colombiana de la Lengua y también realizó labores periodísticas en diferentes medios de la época.
Entre sus obras más importantes pueden mencionarse "Llamas azules", "Cráter sellado", "Viaje a Jerusalem" y "Cuando florece el llanto".