Con que callada dulzura
recorren tus manos mi cuerpo,
preparando el terreno
árido y pedregoso
de mil cicatrices forjadas
a golpe de dolor y lágrima,
cinceladas a traición
por otras manos
plagadas de mentiras,
herejes de falsos versos.
Con que callada dulzura
calman tus ojos mis heridas,
haciéndome sentir viva,
resucitando mi corazón
que antes de ti,
de tu amorosa venida,
estaba irremediablemente muerto.
Con que callada dulzura
me dices aquello que más deseo,
aquello que esperaba
desde siempre y que ya
había desistido de
sentir de nuevo.
Con que callada dulzura
has sabido sembrar
el amor en mi pecho,
haciendo tuyos
casi sin quererlo,
mi alma y mi cuerpo.
Con que callada dulzura
me elevas al infinito
sin apenas levantar el vuelo.
Me basta tu mirada
y el roce de tus dedos.
Y me siento tuya,
más tuya que de nadie
y siento algo inmenso
que no había sentido
nunca antes.
Si he de morir quisiera,
que fuera en esos momentos.
En esos instantes
en los que me haces tuya,
por morir sabiendo
que como tú me amas,
no volverá a amarme nadie.
Carmen
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"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo


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