jueves, 12 de marzo de 2026

Ayer te vi pasar



 Ayer te vi pasar frente a mi reja 
y por un momento se cruzaron nuestras miradas.
Yo sostuve la mia altanera,
tu la bajaste al suelo avergonzada.
Fue tan grande el dolor de tu traición,
que ni el tiempo ha podido borrar
como de mi amor un día te olvidaste.

Hoy soy yo quien pasa por tu calle.
Adorna mi negro pelo una corona de azahares,
mi cuerpo de junco viste traje de seda blanca
y me lleva del brazo orgulloso,
quien ante Dios ha de desposarme.
Te he mirado... me miraste...
de mis labios brotó una sonrisa,
de tus ojos una lágrima.

A la vergüenza se unió la rabia
de haber tenido la suerte echada
y haberla dejado ir por nada.
Y has mordido tus labios granas
hasta hacer que de ellos brotara la sangre,
por no gritar al mundo lo que me amas,
has huido de nuevo como un cobarde,
has bajado tu cabeza para ocultar tus lágrimas.

Te mereces la desdicha del desamor más grande.
Te mereces el castigo de por siempre llorarme.



Carmen




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"Omnia mea mecum porto"

Soy todo lo que tengo








Por quién doblan las campanas?


- ¿Juan, están doblando a muerto?


- Eso parece, María.


- ¿Y quién ha muerto?


- Pues no lo sé, quizás Gervasio el de la Isidra decidió dejar de sufrir.


- Pueda ser, sí… O quizás  Don Matías, el practicante. Ayer escuché en la Tahona que le dio un cólico, vete tú a saber si no fue un cólico miserere de esos que te mandan a ver a San Pedro en un santiamén.


- Calla  mujer, ¡no seas tan agorera!


- Pues no sé quien pudo ser… ¿Y si Santiago, el padre del buhonero dobló el pico? El otro día en la plaza dijeron que estaba muy enfermo allá en el asilo.


- Pueda ser, ya tiene una buena edad… En fin, deja de pensar, ya sabremos quién en el entierro.


La mañana continua su ritmo cotidiano. Los pájaros no se atreven a volar bajo el sol abrasador del agosto castellano. Juan y María siguen con sus tareas. Juan se encarga de su huerta y María arregla el hogar mientras espera la llegada de sus hijos pequeños.


Las horas pasan y las campanas siguen tocando su lento y solemne son anunciando la muerte de algún vecino. Los hijos llegan de la escuela entre gritos y bromas, con el hambre reflejada en sus miradas inquietas reclamando a su madre el sustento. Un galgo flaco y polvoriento se tumba a la sombra de la higuera y dos o tres gatos saltan tras una paloma alejándose después  hacia el portón trasero.


La comida humea en los platos sobre la mesa; la familia se sienta a comer mientras las campanas siguen con su lenta salmodia llenando el silencio. Nadie habla, solo se escucha el repiqueteo de las cucharas contra el plato y el sorber de los más pequeños. 


El día sigue imparable. Las campanas no dejan de llorar ha muerto.


Llega la tarde a su fin y el cielo del verano se va ya oscureciendo. María y Juan no han vuelto a hablar entre ellos, pero de vez en cuando cruzan sus miradas y en sus ojos se refleja una nerviosa curiosidad. Por el camino que llega del pueblo ven subir a Pedro, el mejor amigo de Juan.


- ¿Qué hay, Pedro?


- ¿Cómo va el día, Juan?


- Na, como siempre, quebraderos de cabeza y nada más… Se sabe quién murió, las campañas no han dejado de sonar en todo el día?


Pedro estalla en una fuerte risa, tan fuerte que desconcierta a Juan y María.


- No creo que la muerte de alguien sea motivo de risa, Pedro!


Pedro se sienta en una desvencijada silla sujetándose la prominente panza que se agita aún por la descontrolada risa. Cuando se calma, mira a sus amigos de hito en hito y por fin da respuesta a sus dudas:


- ¡Nadie ha muerto! ¡Ha sido la Rosario, la tonta del pueblo! Al parecer andaba desde bien temprano aburrida y viendo la puerta de la Iglesia abierta se ha parapetado en el campanario y le ha dado por ahí, por tocar ha muerto. Ni el cura, ni el médico, ni el maestro han logrado hacerla salir y ya la dejaron por imposible diciendo que ya se cansara de tanto repiqueteo.


El silencio se adueña del lugar durante unos minutos que casi parecen eternos. A lo lejos retumba un trueno y un relámpago ilumina el cielo.


Pedro, Juan y María se miran y de repente, los tres estallan al unísono en una sonora carcajada mientras las nubes parecen desgarrarse descargando la tormenta veraniega sobre ellos.


 Carmen


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"Omnia mea mecum porto"

Soy todo lo que tengo






martes, 10 de marzo de 2026

Mírame a los ojos


Mírame a los ojos, mi amor.

Mírame que quiero ver los míos

en los tuyos reflejados,

que quiero ver mi tristeza

cuando me mientas, mi amor,

cuando me jures una vez más

que nunca has dejado de quererme

y que ahora mismo me amas aún más.

Cómo duelen tus palabras,

tus besos fingidos que saben a hiel,

tus caricias que siento forzadas.

Mírame que me convenza

de que en tus ojos falta el alma,

que voló a su lado, mi amor.

Quizás así pueda decirte al fin adiós,

vuela libre hasta sus brazos,

haz de mi rival tu compañera y

se feliz por los dos.

Mírame y hazme por última vez el amor.

Luego vete... vuela... no mires atrás...

No quiero que veas

como muero de soledad, mi amor.




Carmen




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"Omnia mea mecum porto"

Soy todo lo que tengo







 

viernes, 27 de febrero de 2026

Todo llega a su fin


Hoy me levanté sin ganas de seguir. Por momentos me vence la necesidad de ponerle fin a este sin sentido en que se ha convertido mi vida.

¿Para qué?

Esa es la pregunta que viene a mi mente recurrentemente desde hace unos meses. La lucha sin fin por sobrevivir, cansa. Cansa hasta la extenuación porque se que esto va llegando a su fin. De nada me ha servido negar lo evidente; de nada me ha servido plantarle cara a mi mala suerte.

Me siento mal, me cuesta respirar a cada segundo un poco más y voy arañándole al tiempo los segundos que me restan mientras se escapa mi vida por las heridas del alma.

Y lo más triste es saber a ciencia cierta que a nadie le importará el momento de mi partida ni extrañará el último adiós, ese que de mis labios, ya no habrá de salir.

Y me iré en silencio.

Con ese mismo silencio con el que he convivido toda mi vida. Con ese silencio que ha sido, al fin y al cabo, el único amigo fiel, mi refugio y mi todo.

Estoy cansada...

Hoy me rindo...

Hoy quiero ya partir y dejar de sufrir.



Carmen


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"Omnia mea mecum porto"

Soy todo lo que tengo


 


Si es pecado amarte así


Si es pecado amarte así

quiero ser pecadora por ti,

dejar volar al cielo mi alma

y sentirte dentro mio.

Si es pecado amarte asi

me quemaré en el infierno,

pues amar no se elige,

tan sólo llega y se queda,

nace, crece y se hace fuerte.

Si es pecado quererte así

seré culpable de quererte,

pues hasta el aire que respiro

quema en mi pecho

cuando pienso en ti.

Si es pecado amarte así...

¿Pero cómo ha de ser pecado

algo que es tan hermoso,

algo que es tan fuerte?

Si es pecado amarte así,

quiero contigo perderme.

Si es pecado no lo sé,

sólo sé que soy feliz al quererte.




Carmen





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"Omnia mea mecum porto"

Soy todo lo que tengo



 

Alma en pena


Aquí estoy como alma en pena,

pena que pena tu ausencia,

llora que lloran mis ojos

por tu lejana presencia.

Aquí estoy y nada me consuela,

ni las flores ni los pájaros

ni el sol ni la luna

ni siquiera las estrellas.

¿Recuerdas las estrellas?

Aquellas que como diamantes

me regalabas las noches mas bellas.

Todo me habla de ti

y me grita airado tu ausencia.

Las lilas que adornaban el jardín

se secaron hace tiempo

y aquel rosal que plantamos los dos,

esta marchito y languidece de pena.

Todo grita que no estas,

que te fuiste lejos y no regresas.

Todo dice que no estas y

mi alma muere de pena.

Pena que pena tu ausencia,

llora que lloro tu lejana presencia.




Carmen





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Soy todo lo que tengo 


 

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