Carmen
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"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo
Carmen
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"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo
- ¿Juan, están doblando a muerto?
- Eso parece, María.
- ¿Y quién ha muerto?
- Pues no lo sé, quizás Gervasio el de la Isidra decidió dejar de sufrir.
- Pueda ser, sí… O quizás Don Matías, el practicante. Ayer escuché en la Tahona que le dio un cólico, vete tú a saber si no fue un cólico miserere de esos que te mandan a ver a San Pedro en un santiamén.
- Calla mujer, ¡no seas tan agorera!
- Pues no sé quien pudo ser… ¿Y si Santiago, el padre del buhonero dobló el pico? El otro día en la plaza dijeron que estaba muy enfermo allá en el asilo.
- Pueda ser, ya tiene una buena edad… En fin, deja de pensar, ya sabremos quién en el entierro.
La mañana continua su ritmo cotidiano. Los pájaros no se atreven a volar bajo el sol abrasador del agosto castellano. Juan y María siguen con sus tareas. Juan se encarga de su huerta y María arregla el hogar mientras espera la llegada de sus hijos pequeños.
Las horas pasan y las campanas siguen tocando su lento y solemne son anunciando la muerte de algún vecino. Los hijos llegan de la escuela entre gritos y bromas, con el hambre reflejada en sus miradas inquietas reclamando a su madre el sustento. Un galgo flaco y polvoriento se tumba a la sombra de la higuera y dos o tres gatos saltan tras una paloma alejándose después hacia el portón trasero.
La comida humea en los platos sobre la mesa; la familia se sienta a comer mientras las campanas siguen con su lenta salmodia llenando el silencio. Nadie habla, solo se escucha el repiqueteo de las cucharas contra el plato y el sorber de los más pequeños.
El día sigue imparable. Las campanas no dejan de llorar ha muerto.
Llega la tarde a su fin y el cielo del verano se va ya oscureciendo. María y Juan no han vuelto a hablar entre ellos, pero de vez en cuando cruzan sus miradas y en sus ojos se refleja una nerviosa curiosidad. Por el camino que llega del pueblo ven subir a Pedro, el mejor amigo de Juan.
- ¿Qué hay, Pedro?
- ¿Cómo va el día, Juan?
- Na, como siempre, quebraderos de cabeza y nada más… Se sabe quién murió, las campañas no han dejado de sonar en todo el día?
Pedro estalla en una fuerte risa, tan fuerte que desconcierta a Juan y María.
- No creo que la muerte de alguien sea motivo de risa, Pedro!
Pedro se sienta en una desvencijada silla sujetándose la prominente panza que se agita aún por la descontrolada risa. Cuando se calma, mira a sus amigos de hito en hito y por fin da respuesta a sus dudas:
- ¡Nadie ha muerto! ¡Ha sido la Rosario, la tonta del pueblo! Al parecer andaba desde bien temprano aburrida y viendo la puerta de la Iglesia abierta se ha parapetado en el campanario y le ha dado por ahí, por tocar ha muerto. Ni el cura, ni el médico, ni el maestro han logrado hacerla salir y ya la dejaron por imposible diciendo que ya se cansara de tanto repiqueteo.
El silencio se adueña del lugar durante unos minutos que casi parecen eternos. A lo lejos retumba un trueno y un relámpago ilumina el cielo.
Pedro, Juan y María se miran y de repente, los tres estallan al unísono en una sonora carcajada mientras las nubes parecen desgarrarse descargando la tormenta veraniega sobre ellos.
Carmen
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"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo
Mírame a los ojos, mi amor.
Mírame que quiero ver los míos
en los tuyos reflejados,
que quiero ver mi tristeza
cuando me mientas, mi amor,
cuando me jures una vez más
que nunca has dejado de quererme
y que ahora mismo me amas aún más.
Cómo duelen tus palabras,
tus besos fingidos que saben a hiel,
tus caricias que siento forzadas.
Mírame que me convenza
de que en tus ojos falta el alma,
que voló a su lado, mi amor.
Quizás así pueda decirte al fin adiós,
vuela libre hasta sus brazos,
haz de mi rival tu compañera y
se feliz por los dos.
Mírame y hazme por última vez el amor.
Luego vete... vuela... no mires atrás...
No quiero que veas
como muero de soledad, mi amor.
Carmen
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"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo
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"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo
Si es pecado amarte así
quiero ser pecadora por ti,
dejar volar al cielo mi alma
y sentirte dentro mio.
Si es pecado amarte asi
me quemaré en el infierno,
pues amar no se elige,
tan sólo llega y se queda,
nace, crece y se hace fuerte.
Si es pecado quererte así
seré culpable de quererte,
pues hasta el aire que respiro
quema en mi pecho
cuando pienso en ti.
Si es pecado amarte así...
¿Pero cómo ha de ser pecado
algo que es tan hermoso,
algo que es tan fuerte?
Si es pecado amarte así,
quiero contigo perderme.
Si es pecado no lo sé,
sólo sé que soy feliz al quererte.
Carmen
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"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo
Aquí estoy como alma en pena,
pena que pena tu ausencia,
llora que lloran mis ojos
por tu lejana presencia.
Aquí estoy y nada me consuela,
ni las flores ni los pájaros
ni el sol ni la luna
ni siquiera las estrellas.
¿Recuerdas las estrellas?
Aquellas que como diamantes
me regalabas las noches mas bellas.
Todo me habla de ti
y me grita airado tu ausencia.
Las lilas que adornaban el jardín
se secaron hace tiempo
y aquel rosal que plantamos los dos,
esta marchito y languidece de pena.
Todo grita que no estas,
que te fuiste lejos y no regresas.
Todo dice que no estas y
mi alma muere de pena.
Pena que pena tu ausencia,
llora que lloro tu lejana presencia.
Carmen
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"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo