martes, 22 de enero de 2013

SUEÑO DE AMOR


SUEÑO DE AMOR

Entre tu y yo existe un pacto,
un pacto de amor eterno
que nació hace eones de tiempo
cuando el mismo Padre
inició su Creación.
Entre tu y yo existe un pacto,
un pacto sellado a fuego
en la Luz del mismo Sol 
y aunque mil vidas viviésemos,
ese pacto es un pacto sagrado,
un mandato divino,
un sueño de amor.
Entre tu y yo
una vida que nunca muere,
un amor que va
mucho  más allá del amor.
Entre tu y yo
un solo sueño,
una existencia,
un ser y un estar.
Entre tu y yo
el ahora que amanece,
el final del camino,
el regreso al Hogar.
Entre tu y yo
una sola alma de nuevo,
un corazón conteniendo
dos  mitades huérfanas
que hoy regresan a la Unidad.
Entre tu y yo
un abrazo urgente
que mi alma a la tuya da,
un sellar de nuevo el pacto
con los labios ardiendo
en el fuego renovado 
de ese infinito amor.
Entre tu y yo, amor mío,
un sueño de amor
que hoy hacemos nuevamente
real por toda la Eternidad.


CARMEN
(22 de enero del 2013)


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jueves, 17 de enero de 2013

ENAMORADA


ENAMORADA

Llegó el amor tardío
colgado en una risa de brisa,
en una gota de fresco rocío,
en un rayito de sol,
en un rabito de nube
que se quedó para siempre
en mi corazón prendido.
Me enamoró la luz
inocentemente pura
que brillaba en tu mirada.
Las palabras sinceras
que endulzaban mi alma
largamente atormentada.
Me enamoró tu sonrisa
poniendo notas de colores
en el lienzo gris de mi vida.
Enamorada de ti
vivo y muero desde entonces.
Desde ese día,
ese  instante,
ese momento.
Enamorada de ti
y del amor
que late en mi pecho.
Enamorada de ti
y del aire que trajiste 
y que me envuelve
en el aroma de jazmines
y lirios de agua
hasta el amanecer 
cada una de mis noches.
Enamorada de ti
y del amor,
ese amor que había perdido
y que tu regresaste a mi
como un regalo impagable.
Enamorada...
Enamorada desde siempre
y para siempre.
Enamorada...
Enamorada de ti eternamente.

 Carmen
(17 de enero del 2013)

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lunes, 14 de enero de 2013

EL PIANISTA


EL PIANISTA

Recuerdo los atardeceres de verano de mi cada vez más lejana infancia, cuando mientras mis amigas jugaban en la calle, yo prefería sentarme en las escaleras del portal de mi casa para escuchar los acordes que uno de mis vecinos arrancaba de su piano.

La música que manaba de aquella ventana entreabierta del piso bajo de mi edificio, hacía que mi fértil mente de niña vagara a lugares remotos y desconocidos escenarios donde podía ser tantas cosas como mi mente fuera capaz de crear y recrear para mí.

Los últimos rayos de sol del día también se dejaban caer sobre aquella ventana como queriendo beber de la música y un hermoso gato de angora ronroneaba complacido y sereno en el alfeizar. Don Ginés, era un hombre maduro de porte distinguido y regio. Había sido médico cuando la guerra civil, pero por entonces ya no podía ejercer porque tuvo el valor de atender a un herido republicano y tras ser denunciado por algún vecino envidioso y ocioso a los nacionales, le fue retirada la licencia.

Era un buen hombre que jamás hizo daño a nadie y solo se dejó guiar por su corazón y su juramento hipocrático, pero claro... eso de nada le sirvió ante la arrogancia de unos gobernantes que se llamaban a sí mismos: "Salvadores de la Patria" y que tanto dolor y sufrimiento causaron. Pero eso ya es algo viejo y polvoriento que todos o casi todos hemos ido olvidando... Episodios Nacionales de una España que vivió dormida bajo el yugo del miedo.

Pero volvamos a lo que quería contar. Don Gines, fue la primera persona que me enseñó a amar la música. Mi afición por la música clásica nació con él en aquellos atardeceres de conciertos para una sola espectadora que sin saberlo me ofrecía. A veces, dejaba de tocar el piano y ponía algún vinilo en el tocadiscos. Generalmente sardanas, a las cuales él y su mujer eran muy aficionados. Doña Pepita, su mujer, era una señora muy distinguida de origen catalán y todos los sábados a eso del mediodía, podía verse a ambos en el Parque del Buen Retiro bailando sardanas junto a otros catalanes residentes en Madrid.

Con los años, mi afición por la música fue creciendo y, tras ser descubierta un día por uno de los hijos de D. Ginés, que tenía dos y ambos eran médicos como lo fue su padre, pasé de ser una oyente anónima y medio  oculta por los rosales del jardín a ser una espectadora de lujo en el salón de su casa.

Desde aquel día y hasta que mi adolescencia me llenó con otras inquietudes más mundanas y sociales, cada tarde bajaba a casa de mis vecinos y sentada en un rinconcito me deleitaba con la música que mi vecino arrancaba a aquellas desgastadas teclas. Y descubrí el placer de la música, aprendiendo a escucharla desde el corazón, tratando de entender lo que contaba sin palabras. Más tarde descubrí el violín, que se ha convertido a día de hoy en mi instrumento favorito porque siempre he pensado que su voz rasgada entre dulce y triste es la que más se asemeja a mi propia alma.

Piano y violín... y la música como lenguaje de Dios.

Y siempre... siempre que escucho las notas de una melodía al piano o el violín, recuerdo aquellas tardes y a aquel hombre que sin saberlo, me enseñó a amar la música e hizo que con ello, aprendiera a expresarme con el alma.

Carmen
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miércoles, 2 de enero de 2013

VIAJE A NINGUNA PARTE DESDE LO ABSURDO DE UN SUEÑO


VIAJE A NINGUNA PARTE DESDE LO ABSURDO DE UN SUEÑO

Una vez, ya hace mucho… mucho… demasiado tiempo, tuve un sueño. Soñé con tierras lejanas más allá de espacio y del tiempo. Más allá incluso de ese espacio donde nacen y mueren todos los sueños.

A veces, aún me siento en mi sillón favorito y pienso en ese sueño. Trato de recordar los pequeños detalles tantas veces vueltos a la vida, pero cada vez esos detalles se van difuminando y perdiendo como si fuera una acuarela emborronada por una gota de lluvia, una lágrima o un suspiro húmedo del viento en el invierno.

Me gusta acurrucarme en mi sillón arrebujada en mi mantita cachemir de tonos violetas en las tardes lluviosas del invierno, mientras una taza de té calienta mis manos frías y la dulce melodía de un violín solitario pone voz a mi eterna melancolía. Es entonces cuando vuelven a asaltarme los recuerdos siempre vivaces de aquel lejano sueño y de repente ya no estoy en el salón de mi casa ni me encierran cuatro paredes.

Envuelta en la magia del sueño en sí, me transporto al andén frío y solitario de una antigua estación de tren, perdida en vete tú a saber que lejano país. Cae la tarde y el sol comienza a ocultarse en el lejano horizonte. Las primeras sombras nocturnas comienzan a asomar allí donde el último vagón del tren parado en la estación, aguarda perezoso que alguien le saque de su monotonía y le ponga en movimiento. Un gato negro salta desde la única ventana que hay en el viejo y ruinoso edificio que da cabida a la estación y se estira perezosamente ante mí mientras me mira con unos ojos llenos de indiferencia.

Los minutos pasan imperturbables. Marcan parsimoniosamente el tic-tac del reloj grande que cuelga del poste junto a la máquina del tren y aguardan la hora exacta del inicio de un nuevo viaje. Porque el tiempo viaja en tren, os lo digo yo.

Al tiempo, como a mí misma, le gusta viajar en tren… Nada es comparable a ver pasar ante los ojos el paisaje desde la ventanilla de un vagón de tren.

Pero volvamos al sueño.  

Los minutos pasan, el sol esboza un adiós glamuroso lanzando al infinitos unos últimos rayos crepusculares como si fueran fuegos artificiales, una neblina densa hace acto de presencia a mi espalda como si brotara del mismo suelo y va enredándose a mis tobillos, subiendo por mis piernas en espirales ajustadas  como queriendo trepar hacia sólo Dios y seguramente el lector, imagina o sabe…

La tensión se palpa, se respira, se podría decir que se mastica… La hora final llega… La salida… “Cinco minutos para la salida”… Vocea alguien desde un desgastado megáfono. Sale el jefe de estación con su gorro bien calado, su banderín bajo el brazo y su silbato en la mano. Se coloca en su puesto, bajo el reloj  que se me antoja enorme de la estación. Saca del bolsillo su propia saboneta de brillante metal dorado, la abre, la mira, comprueba la puntual coincidencia de ambos relojes, el oficial y el suyo. Lleva el silbato a su boca y levanta el banderín… Aún un minuto para la salida y descontando…

Y de repente llega lo irreal, lo absurdo que hace que todo lo que soñamos sea solo eso… algo que soñamos, creemos vivir, imaginamos… Me miro y ya no soy yo, soy sólo una vieja maleta que alguien parece haber olvidado en aquel anden.

El silbato suena una vez corta y alguien grita: “Viajeros al trennnn”… Alargando la “n” final por si alguien no escucho bien… Un último movimiento de las manecillas del reloj, el jefe de estación que baja el banderín rojo bruscamente mientras el pitido del silbato hiere estridente y fuerte la incipiente noche y el tren se pone en marcha rumbo a lo desconocido mientras yo me quedo allí, clavada en aquel andén, esperando que alguien pase a recogerme sin mucha esperanza.


Carmen

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domingo, 23 de diciembre de 2012

¿DÓNDE ESTÁ DIOS?


¿DÓNDE ESTÁ DIOS?

¿Dónde está Dios?
Preguntas desde la mirada 
azul de tus ojos de niño,
mientras buscas incrédulo
su rastro a tu alrededor.
¿Dónde está Dios?
¿Dónde se esconde?
¿Dónde se halla que por más 
que busco no le veo?
Y sonrío ante tus preguntas
con una sonrisa triste,
con una pena en mis ojos,
con un dolor antiguo en mi pecho.
Tiendo a ti mis brazos
y te ofrezco el refugio
sereno de mi seno.
Y mis manos sosiegan 
en una caricia tierna
todos tus miedos.
¿Dónde está?
Preguntas de nuevo.
Y mi voz te responde
en un susurro de viento...
Dios está en ti y en mí.
Está en cada pecho herido
por la metralla 
de las guerras fratricidas
que sólo siembran muerte.
Está en el llanto de un niño,
en el desesperado grito de una madre
pidiendo pan para el hijo
que muere de hambre en sus brazos.
El los ojos fatigados del anciano
que hablan en silencio del dolor
porque todo lo han perdido.
Dios está en cada llanto,
cada dolor, cada pena... 
Pero también está en las estrellas
que adornan el firmamento
y esta en cada flor, cada animal,
cada gota de lluvia
que baña nuestros cuerpos.
Está en la inmensidad de los oceanos,
en la belleza altiva y serena
de las montañas que se elevan 
como plegarias de Gaia al cielo.
Está en una piedra, una brizna de hierba,
en los bosques y hasta en los desiertos.
Está en una sonrisa enamorada,
en la madre que sostiene
a su hijo en el regazo,
en un abrazo, un beso, un te quiero.
Dios está en todo lo bueno y lo malo
que nosotros soñamos,
unas veces bendiciendo 
y otras muchas maldiciendo.
Pero Dios está sobre todo
en los ojos y en los corazones
buenos que quieren verlo.
Abre los ojos de tu alma,
esos que ven desde tu corazón
sólo lo hermoso y lo bueno.
Abre tus ojos del alma,
despierta, que ya es tiempo.
Abre tus ojos y verás
que Dios está en ti
desde el principio de los tiempos.


Carmen Drisana
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miércoles, 19 de diciembre de 2012

REGLAS PARA SER HUMANO


REGLAS PARA SER HUMANO

- Recibirás un cuerpo. 

Quizá te guste o lo odies, pero será tuyo por todo el periodo de tiempo que estés aquí.

- Aprenderás lecciones. 

Estarás inscrito en una escuela informal de tiempo completo llamada “vida”. Cada día en esta escuela tendrás la oportunidad de aprender lecciones. Te podrán gustar las enseñanzas o creerás que son irrelevantes y tontas.

- No hay errores, sólo aprendizaje. 

Crecer es un proceso de prueba, error y experimentación. Los experimentos “fallidos” forman parte del proceso al igual que los experimentos que a la larga “funcionan”.

- Una lección es repetida hasta que se aprende… 

Una lección te será presentada en diferentes maneras hasta que la aprendas. Una vez que la hayas aprendido, podrás pasar a la siguiente lección. Periódicamente, la lección se te volverá a presentar para ver si todavía la recuerdas.

- El aprender lecciones no termina. 

No hay ninguna parte de la vida que no contenga aprendizaje. Si estás vivo, habrá lecciones por aprender. Sí no hay lecciones que se presenten, muy probablemente habrás dejado de vivir.

- “Allá” no es mejor que “aquí”. 

Cuando tu “allá” se ha vuelto un “aquí”, simplemente tendrás otro “allá”. Éste nuevamente se verá mejor que “aquí”.

- Los demás son simples espejos de ti. 

No puedes amar u odiar algo de alguna otra persona, al menos que eso refleje algo que ames u odies de ti mismo.

- Lo que hagas de tu vida es cosa tuya. 

Cuentas con todas las herramientas y recursos que requieres. Lo que hagas con ellos es cosa tuya; la decisión es tuya.

- Todas tus respuestas se encuentran dentro de ti. 

Las respuestas a las preguntas de la vida se están dentro de ti. Todo lo que tienes que hacer es ver, escuchar y creer.

- Olvidarás todo esto. 

Esto es por sí mismo una lección.


DESCONOZCO EL AUTOR



domingo, 16 de diciembre de 2012

UN CAMINO POR ANDAR


"La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el ensayo de un camino, el boceto de un sendero.”
(Hermann Hesse)

Una de Haikus:

UN CAMINO POR ANDAR

Salió otra vez
el sol por la vereda
de mi alma fría.

Luces de color
reflejándose en las
lilas y malvas.

El dolor mio
me brota del corazón
llenando mi ser.

Luces y sombras
dolores delirantes,
gozo vivido.

Y se me pierden
en auroras de tristes
pasos en sombra.

¿Iré entonces
sola en mi camino
hasta el final?

Sembraré de paz
los lirios caminando,
armonía en luz.

Carmen-Drisana 

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domingo, 9 de diciembre de 2012

LA VIDA NO VALE NADA...


LA VIDA NO VALE NADA...

Ella nació de pie, en cuna con sabanas de fino hilo. Nunca tuvo frío ni hambre ni tuvo que pasar fatigas y sudores trabajando los campos como otras niñas pobres. Cuando el hambre, después de la Guerra, ella se permitía rechazar la comida y sus padres la enviaron a estudiar a los mejores colegios de la capital.

Siempre hizo su voluntad y los demás la aceptaban sin quejas. Cuando dejo de ser niña y paso a ser mujer, esos caprichos se volvieron ordenes que apretaban en un puño a aquellos que la rodeaban. Tuvo un marido esclavo, unos hijos caprichosos como ella, continuo viviendo la vida como si no fuera con ella. 

Pasaron los años y la llegada de la vejez le trajo algo nuevo que no esperaba. Aquellos a los que había dominado bajo su yugo, se rebelaron y comenzaron a pasar de ella, a ignorarla y con aquella rebelión, llego una sorpresa mucho más atroz, un ente que le iba robando su identidad. Poco a poco al principio y más tarde a la carrera, esa cruel enfermedad con difícil nombre… Alzheimer, le fue arrancando su vida entera.

La fue borrando de la faz de la Tierra hasta que no quedo nada de lo que era.


Carmen 

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martes, 20 de noviembre de 2012

YO NO ENTIENDO A LA GENTE GRANDE (Día Internacional del Niño)


Hoy es el día Internacional de Niño y os traigo algo especial, un hermoso texto sobre el mundo de los adultos desde la mirada de los niños, que nos ayuda a reflexionar sobre cuántas veces confundimos a los pequeños con nuestro escaso diálogo y actitudes poco claras.


YO NO ENTIENDO A LA GENTE GRANDE


Porque tapa la luz del sol.
Quita las flores a las plantas para dejarlas marchitar en un jarrón.
Y enjaula a los pajaritos.
Porque ha pintado todas las cosas de color gris
y ha llenado el cielo de antenas y chimeneas.

Yo no entiendo a la gente grande…
Porque se creen importantes por el solo hecho de ser grandes.
Porque no me dejan caminar descalzo ni chapotear en la lluvia.
Porque me compran juguetes y no quieren que los use para que
No se rompan.

Yo no entiendo a la gente grande…
Porque le han puesto nombre difícil a todas las cosas sencillas.
Porque se pegan entre ellos o se pasan la vida discutiendo.
Porque quieren tener empleos importantes… y viven sentados
En una silla.

Yo no entiendo a la gente grande…
Porque me hacen decir versitos que no entiendo.
Porque me obligan a besar a la gente que no conozco.
Porque están siempre muy apurados y nunca tienen tiempo de
Contestar una pregunta o de contar un cuento.

Yo no entiendo a la gente grande…
Porque no les gusta sentarse en el cordón de la vereda.
Porque no sienten el placer de perder el tiempo mirando.
Alrededor y son incapaces de dar vueltas en un carrusel.
Porque cuando me porto mal me amenazan con ponerme una inyección.
Y cuando me enfermo me dicen que una inyección me va a hacer bien.

Yo no entiendo a la gente grande…
Porque quieren que coma con horarios…y no cuando tengo hambre.
Porque cuando pregunto algo, me contestan que soy muy chico…
Y cuando pido un chupete me dicen que soy un grandulón.

Yo no entiendo a la gente grande…
Porque siempre se hacen los lindos o los serios.
Porque dicen mentiras y ellos mismos se las creen.
Porque cada vez que me mienten me doy cuenta y sufro mucho.

Yo no entiendo a la gente grande…
Porque me dicen miedoso y ellos me hablaron de cucos y fantasmas.
Porque me piden que sea bueno y me regalan para jugar revólveres,
Dardos, flechas y escopetas de aire comprimido.
Porque han llenado la casa de cristales, porcelanas y cosas que se.
Rompen y ahora resulta que no puedo tocar todo lo que veo.

Yo no entiendo a la gente grande…
Porque perdieron la ganas de correr y saltar.
Porque olvidaron esas cosas que tanto les gustaban de chicos.
Porque antes de reírse siempre le piden permiso al reloj.

Yo no entiendo a la gente grande…
Porque cuando hago algo malo me dicen “no te quiero más”.
Y yo tengo mucho miedo que me dejen de querer en serio.

Mis manos son pequeñas y por eso se me derrama la leche
aunque no quiera.

Mis piernas son cortas, por favor, espérame y camina más despacio,
así no puedo andar contigo. No me pegues en las manos
cuando toco algo lindo y de color brillante.

Por favor, mírame cuando te hablo. Si es que me estas escuchando.
No me regañes todo el día…

Déjame equivocar sin hacerme sentir estúpido.

No esperes que el dibujo que pinte sea perfecto…

Ámame por haber tratado de hacerlo bien recuerda 
que soy un niño, no un adulto pequeño…

A veces no entiendo lo que me dices.

Te quiero tanto… por favor, ámame por lo que soy,
no por las cosas que hago.

No me rechaces cuando estés molesta conmigo
y vengo a darte un beso…

Me siento solo, abandonado y con miedo.

Cuando me gritas, me asusto…

Por favor, explícame que he hecho.

No te enfades cuando en la noche las sombras
y la obscuridad me dan miedo, y me despierto y te llamo.

Tu abrazo es lo único que me devuelve la paz.

Cuando vamos a las tiendas no sueltes mi mano.
Temo perderme y que no me encuentres jamás.

Me siento muy triste cuando papá y tú discuten…
A veces pienso que es por culpa mía
y se me encoge el estómago y no sé que hacer.

Muchas veces veo que abrazas y acaricias a mi hermano…

Me regañaste cuando rompí mi juguete favorito
y me eche a llorar; yo estaba triste y peor que tu…
no lo hice a propósito y me quede sin ti.

Te molestaste porque me ensucie jugando…
Pero la sensación del barro en mis pies era tan rica
y la tarde tan linda….

Hoy te sentiste mal y yo me preocupe mucho.
Trate de entretenerte con mis juegos
y me dieron un par de nalgadas y me sacaron de tu lado…
Me fui a un rincón a llorar…
¿Que haría yo si tú te murieras?

Me meten miedo con el infierno y no sé lo que es…
Debe ser algo tan terrible como estar sin ti.

Aunque me dejaron con los tíos y la pase bien,
les eche mucho de menos toda la semana…
Ojalá no hubiera vacaciones para los papás.

¡Tengo mucha suerte entre todos los niños que hay en el mundo…
Ustedes me escogieron a mí!


Jorge Capsiski

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Por favor, aprendamos de los niños pues en ellos se guarda pura aún, la sabiduría sencilla de la existencia, el amor más verdadero, la inocencia del alma y un corazón grande y hermoso donde todo y todos cabemos. Amemos y respetemos a nuestros niños y rescatemos a esos otros niños que se fueron perdiendo con el tiempo y que aún habitan dentro de cada uno de nosotros. Si logramos encontrar a nuestro niño interno, habremos hallado la salvación de nuestras almas inmortales.

Karmen - Drisana


jueves, 15 de noviembre de 2012

SUEÑO DE OTOÑO


SUEÑO DE OTOÑO

El otoño guarda en la melancolía de sus horas
toda la esencia del alma mía,
toda la paz y toda la sabiduría
que la vida se encargo de enseñarme.

El otoño lleva en sí los sueños dormidos
que no ha de conocer nadie.
Tan sólo esa mitad del alma  mía 
que vive cautiva en los brazos del aire.

Carmen

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