Voy arrancando los minutos y las horas
arañando los momentos perdidos,
como se deshoja una margarita.
Segundo a segundo,
un momento otro momento.
Un instante que se torna infinito,
el adiós más deseado y el más temido.
Ya nada me trae tu recuerdo
ni me inspira el amor de antes
ni el temor a perderte
que un día fuera insoportable.
Se desdibuja tu imagen
en el espejo roto en mil pedazos,
corazón herido de muerte
que dejaste perdido para siempre.
Sí, he sobrevivido,
nómada errante en mi propio desierto
donde curé mis heridas y sané mi alma,
donde olvidé hasta tu nombre
y por no recordarte más
vacié mi corazón y mi alma
de todo sentimiento.
El tiempo que pasa imperturbable,
imperecedero e inalterable.
El tiempo fue mi guía y consuelo,
fiel amigo y compañero,
el que seco mis ojos
y barrió el mísero recuerdo,
polvo y paja al viento
del que fue mi amor por ti.
El tiempo que me enseñó
a gritar elevando la voz al cielo
que soy libre de ti, de tu tormento,
que renací de mis cenizas
y ahora soy capaz de enfrentar
un nuevo comienzo sonriendo y sin ti.
Carmen
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"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo

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