He abierto el cajón desastre
donde guardé tus recuerdos
en mi afán por olvidarte
y allí seguía tu mirada clara,
tus ojos grises y limpios
como gotas de agua.
Tus ojos, había olvidado
su brillo cuando me miraban.
Allí estaba de nuevo tu boca,
con aquel rictus de sonrisa
tristemente irónica
que tanto me fascinaba.
Tu boca, que tantas veces
bese en los sueños
de mis noches más locas.
Allí estaban tus manos,
tus manos suaves que
con tanta ternura me acariciaban.
Tus manos, manos
de cirujano ¿recuerdas?
¡Cuántas veces reímos
esas palabras!
Allí estabas tú, en una palabra,
sonriéndome desde la nada.
Y el dolor subió de nuevo
como un grito a mi garganta,
amargo de hiel, grito que
nace de mis entrañas.
Y de nuevo siento
que la vida sin tí es nada.
Sin tu presencia en mi,
sin tus palabras,
sin tus callados besos,
esos que como un ladrón,
a escondidas
del mundo me dabas.
¿Por qué tuvo la oscura muerte
que posar en ti su negra mirada?
Tan celosa estaba,
que puso en ti su mano flaca
como una maldición
arrancando toda esperanza.
Tan celosa, que no soportó
perderte y a su lado
encadenó por siempre tu alma
dejando a la mía herida de amor,
agonizando en el dolor,
muerta en vida como venganza.
Desesperada, cierro de nuevo
el cajón desastre
donde guardé tus recuerdos
mientras me diluyo,
alma tristemente en pena,
en un torrente de lágrimas.
Carmen
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"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo

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