sábado, 30 de mayo de 2026

EL RETORNO DEL AYER TIENE AROMA A CAFÉ



Como cada año, Ella fue a aquella cafetería; se sentó en la misma mesa de hacía ya tantos años y pidió un café. Un café fuerte, solo, sin azúcar y caliente.

Le gustaba pensar en esas palabras cuando pedía un café. Un café fuerte, como los brazos del amado; un café solo, como debía ser un buen amor, un amor único; sin azúcar que camuflara su sabor, el café tenía que ser saboreado con total consciencia, en toda la explosión del sabor... como el más puro amor; y sobre todo...  tenía que ser caliente, porque como el amor, cuando se enfría, ya no sabe igual de bien.

Mientra esperaba que el camarero le trajera su pedido, Ella abrió su ordenador y comenzó a pasar una tras otra, viejas fotos que abarcaban desde su adolescencia hasta su etapa adulta.

Viendo desfilar ante sus ojos aquellas imágenes, su labios se curvaban en una tímida sonrisa. Una sonrisa a veces triste, otras irónica. Sonrisas forzadas, llenas de nostalgia o de un fastidio difícil de definir y aún más difícil de contener.

Sabía bien lo que buscaba... Le buscaba a Él.

Escurridizo, malévolo, mentiroso... Tan amado al principio como odiado al final.

 Ahora sus ojos se pierden más allá del gran ventanal. Buscan en el infinito de aquel atardecer, ese algo que le traiga nuevamente fuerzas para seguir otro año más. El valor de olvidar de una vez.

Él lo fue todo para Ella, pero ya hace mucho que se fue. En silencio. Tan sólo quedó entre los dos un "adiós, que te diviertas... cuídate".

Qué ironía! 

Ella pensaba aún en cómo podría divertirse cuando Él le robó tantas veces las ganas de vivir.

Y cuidarse... claro que se cuidaría. Si no se cuidaba ella misma, como desde siempre hizo, ¿quién?

El camarero regresó trayendo dos tazas de negro café. Las colocó ante ella y en el mismo silencio que llego, se fue.

Ella quedó sorprendida, pero no pudo evitar con un suspiro, deleitarse con el aroma fuerte, cálido, espeso de aquellas humeantes tazas frente a ella. ¿Dos, por qué había dos tazas? Rota su rutina solitaria, miró a su alrededor sin ver nada fuera de lugar. Prácticamente estaban en aquel lugar tan solo el camarero y ella.

Pero dos tazas... ¿qué significaban aquellas dos tazas de negro y humeante café?

Y de repente lo supo. Un recuerdo, mucho más antiguo que el de Él, cruzó de puntillas su mente. Levantó nuevamente su vista y recorrió despacio su entorno otra vez.

Y lo vió, ahora si que lo vió. De pie junto a la puerta de entrada, con su traje gris marengo, tan caro como siempre fue; con su media sonrisa; su cabello, hoy ya plateado en las sienes un poco alborotado que le hacía parecer casi juvenil y sus ojos gris verdosos que estaban clavados en ella como esperando que le dijera... ven.

Unos segundos después, Ella le sonrió a su vez y con voz clara le invitó a sentarse con ella y saborear juntos aquel café.

Hoy el recuerdo del ayer, tenía aroma de negro café.

Hoy supo por fin que comenzaba una nueva etapa en su vida, otra oportunidad de ser feliz y que esta vez, no la iba a perder.

Una hora y dos tazas de café después, ambos salían de la cafetería tomados de la mano. Felices de poder volver a ser y Ella sonrió por primera vez en mucho tiempo al comprender que aquel otro Él que añoraba, ya no era más que un fugaz recuerdo frente a quien siempre la supo esperar y querer... frente a aquel que le enseñó a beber desde tan temprano, un buen café.


Carmen


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"Omnia mea mecum porto"

Soy todo lo que tengo





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