lunes, 14 de junio de 2021

EN EL LIMITE DEL BIEN Y DEL MAL

 


De casualidad hoy me encontré con un viejo amigo en el hospital.

Y cuando digo eso de "viejo amigo" no lo digo en balde, hace ya una eternidad que nos conocemos y hacía casi  esa misma eternidad que no nos veíamos. Al parecer, los años pasan pero hay recuerdos, registos que se quedan grabados  en la memoria y parecen imborrables pues así, después de casi cuarenta años, mascarillas incluidas, nos hemos reconocido.

Nico y yo compartíamos pupitre en clase en aquellos años en los que tener catorce años era mucha más aventura que tener esos mismos años en la actualidad. Los adolescentes de entonces, pese a que hoy por hoy, ya adultos y maduros no queramos reconocerlo, éramos mucho mas rebeldes, obstinados y gamberros que nuestros hijos. Aunque hay que reconocer a nuestro favor que también estábamos más al tanto de lo que acontecía y nos implicábamos bastante más en los aires de cambio que se nos venían encima.

Nico era un rebelde del estilo de James Dean en "Rebelde sin causa". Guapo a rabiar, con aquel tupe y aquel aire de chico malo que le daba la chupa de cuero, resultaba irresistible para las compañeras de curso que babeaban por él como tontas sin darse cuenta que con sus tres años más que el resto de alumnos del curso, estaba muy por encima de todas ellas.

Le gustaba sentarse a mi lado, quizás porque yo nunca fui tan loca como para ir detrás de nadie y mis pensamientos se centraban por aquel entonces en mis estudios, el teatro y el partido comunista.

¡Qué tiempos aquellos!

Nos hemos acoplado junto a la máquina del café en la sala de espera y nos hemos puesto a recordar aquel tiempo. Corría el año 1977 de una España algo convulsa que se enfrentaba a uno de los momentos claves de la transición española, sus primeras elecciones generales. 

"Puedo prometer y prometo intentar elaborar una constitución en colaboración con todos los grupos representados en las cortes cualquiera que sea su numero de escaños."

Aquella fue la celebre frase del que fuera nuestro primer presidente democráticamente elegido por todos los españoles: Adolfo Suárez.

Hemos vuelto a tararear juntos aquella canción de Jarcha que se convirtió en el Himno de aquel año y aquellas elecciones: "Libertad sin ira":



Por aquel entonces aún me quedaban más de cuatro años para poder votar por primera vez en unas elecciones pero ya me codeaba con grupos de jóvenes de izquierdas, "rojos" nos llamaban los que aún esperaban que Franco regresara de entre los muertos y seguían cometiendo (de hecho aún dan algún que otro coletazo en la actualidad) todas las barbaridades que su impunidad les permitía.

"Niños de papá", "pijos", la mayoría de ellos niños ricos a los que sus papás les habían dado todo menos conciencia social. Mucho "do de pecho" los domingos en misa y nada de amor o verdadera caridad. Hijos del Régimen, "fachas", fascistas... En fin, hay cosas que sólo cambian para peor y actualmente, aquellos niños ricos han dejado paso a los hijos de los niños pobres venidos a más y eso es peor, mucho peor de lo que vivimos entonces.

En fin, que no quisiera ponerme pesada divagando sobre aquellos años.

Hemos pasado una tarde agradable en la que ambos hemos olvidado por un rato los motivos que nos han llevado a visitar el hospital. Nos hemos echado unas risas mientras nos contábamos anécdotas de entonces y recordábamos momentos que ya creíamos olvidados y también hemos tenido tiempo para recordar a los amigos que ya no están. Confieso que alguna que otra lágrima se me ha escapado, últimamente estoy demasiado sensible y lloro con mucha facilidad.

Cuando nos hemos despedido a los dos se nos han saltado las lágrimas de verdad y fundiéndonos en un abrazo apretado, sin miedo al virus ni a la pandemia ni a los consejos, nos hemos comprometido a llamarnos por teléfono uno de estos días y no dejar que el tiempo vuelva a hacernos perder el rastro de nuestras vidas.

Más tarde, cuando regresaba a casa, la radio del coche dejó escuchar una canción que aunque mucho más tardía que aquella de Jarcha, creo que esta canción de La Frontera titulada "El Límite" salió al aire en 1989, ha vuelto a traerme a la memoria muchos otros episodios vividos en mi adolescencia que de alguna manera marcaron mi vida y mi manera de ser.

Muchos de aquellos con los que compartí juventud trazaron una linea en la arena, como hiciera Francisco Pizarro allá por el 1526 en la Isla del Gallo mientras ponía la dignidad a un lado y al otro la ignominia.

Muchos se perdieron al traspasar la fina linea que separa el bien del mal.

Fueron años para vivirlos, aunque muchos pensaron que vivir era caminar al filo de una navaja demasiado afilada que nos venía, después de tanta opresión, demasiado grande.

Tiempos vividos que no volverán, tiempos para recordar y por qué no... añorar.



Carmen

(14 de junio del 2021)


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"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo




"EL LIMITE"
La Frontera



"Escucha bien, mi viejo amigo
Nunca olvidé nuestra amistad
La vida es sólo un juego en el que hay que apostar
Si quieres ganar"

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