Ha fallecido mi cuñada María José a causa del covid. Tenía 54 años y muchas, muchas ganas de vivir. Se contagió en su trabajo y en apenas un mes, nos ha dejado. Os pedí ayuda y oración y fuisteis much@s l@s que respondisteis. Nos sentimos reconfortados con tantas muestras de cariño y por ello queríamos agradeceros.
Gracias infinitas a tod@s l@s que os habéis preocupado por la salud de María José. Gracias infinitas a tod@s aquell@s que desde aquí o por privado habéis elevado una oración, un decreto, un pedido de sanación, habéis enviado reiki y tanta Luz y buenas vibraciones. Gracias infinitas a l@s que me habéis mandado hermosas palabras de ánimo y apoyo. Gracias infinitas a tod@s los que habéis estado ahí para que ni yo ni mi familia nos sintiéramos tan solos. El Padre os bendiga a tod@s. Gracias, gracias, gracias.
En cierta ocasión, un predicador preguntó a un grupo de niños: «Si todas las buenas personas fueran blancas y todas las malas personas fueran negras, ¿de qué color seríais vosotros?» La pequeña Mary Jane respondió «Yo, reverendo, tendría la piel a rayas».
"Si alguien te hizo daño y abusó de ti, si alguien no valoró tu amor, si alguien te hizo llorar y arruinó tus sentimientos. Si por alguien perdiste la fe, si alguien marchitó tus ilusiones y truncó tus sueños, ese alguien no soy yo. No me cargues tu pasado y vuelve a creer porque el amor es tan sagrado que merece mil oportunidades, aunque mil veces lo defrauden."
Y consideró que para tener una tranquila serenidad, lo mejor era deshacerse de todo lo que pudiera molestarla. Por eso, fue eliminando sueños fallidos, ilusiones vanas, deseos infundados y sobre todas las cosas, amores falsos.
La vida me sorprende cada día más. O quizás debería decir que son las personas las que me sorprenden y espantan cada día más por lo incongruentes. Estoy pensando en mudarme a vivir a algún desierto. Consideré meterme a monja de clausura, pero la verdad, el hábito no me llama.
Y así está, mordiéndose las ganas mientras le piensa, aunque le sabe ausente, tan lejano que nada de ella llega ni siquiera a rozarle. Ya no sus besos, ni siquiera su recuerdo llega a molestarle.
Se quedó mirando fijamente a la luna, esperando una respuesta que esta nunca le dió. Y los “¿por qué?” sin respuesta se suceden noche tras noche mientras la vida, indolente, pasa sin detenerse, llevándose a su paso el húmedo rastro que dejan las lágrimas que ella derrama con amargo dolor.
Hoy que mi vida está vacía, tan sólo una sonrisa tuya hubiera bastado para llenarla. Tu, lo único bueno y verdadero que tuve alguna vez... Y ya no estás... ¡No estás más!
La muerte, celosa, te quiso para ella sola. Demasiado pronto, sin avisar, a traición, como solo la muerte sabe hacer. A ella no le importó el que yo me quedara por siempre tan sola. Sin tu apoyo, sin tu sonrisa, sin tus palabras sosegadas que eran capaces de calmar mis malos momentos y deshacer en un instante mis tristezas como si fueras un mago ducho en la alquimia de la vida.
¡Cuánta falta me haces!
Hoy que de nuevo tengo el corazón roto, que llevo el alma muerta. Hoy que las ganas de vivir han volado lejos y estoy demasiado cansada para seguir peleando... Hoy que por fin he aceptado que mi vida entera es un puro fracaso, ese fracaso que se repite cíclicamente por culpa de esa manía mía de creer en quien no debo, de dejarme engañar por sus mentiras. ¡Y es que no aprenderé nunca!
Tenías razón cuando decías que yo era demasiado confiada, que me creía cualquier cosa. ¡Inocente! Eso me decías mientras te reias, pero no de mi, sino conmigo, tratando de quitar importancia a mis problemas. Y luego, mientras me mirabas fijo a los ojos, muy serio me decias que no cambiara nunca, que mi belleza se encontraba precisamente en eso, en lo que daba sin importarme nada más.
¡Cuánta falta me haces!
Hace ya tanto que te marchaste allá, de donde nadie regresa...
Cada noche, desde mi ventana, miro al cielo tratando de encontrar tu estrella. Y me gusta imaginar que tu me miras desde allí, que sigues como siempre cuidando de mi, que no me abandonaste del todo aunque yo me sienta huérfana de ti...
Y los ojos se me inundan de lágrimas que resbalan y queman mi cara.
Y mi mente se llena con la música de aquel bolero que solías cantarme y su letra se enreda a mi lengua y repito sus estrofas como si fueras tu quien las recitara en mi oído...
"Realmente quería caminar junto a ti... lado a lado... para siempre. Después de todas las cosas que he afrontado... tener un futuro lejos de ti... es definitivamente la cosa más aterradora que debo afrontar..."
Me preguntan si dolió, si fue tan grande la ausencia o tan triste el adiós.
Si el silencio que nos perseguía sin tregua, fue el que nos abocó al abismo del desamor.
Me preguntan si dolió...
¡Claro que dolió!
Dolieron tanto las palabras no dichas como las que nunca debieron decirse. Dolieron los desprecios, los insultos, las mentiras. Dolieron tanto que dejaron roto en mil pedazos mi sufrido corazón.
Me preguntan si dolió...
Dolió porque nunca pensé que pudiera reírse así, maltratar así, fingir así, ni que su boca pudiera decir un "te amo" mientras sus palabras y actos apuñalaban una y otra vez mis esperanzas y dejaban hecha jirones mi alma, ahogándose en sus propias lágrimas, impotente ante tanta sin razón.
Ella no le pidió nunca que la prometiera nada, ni siquiera le pidió que le bajara la luna. Siempre se conformó con el hecho de poder sentarse los dos un ratito cada noche, bajo esa misma luna y soñar despiertos unos minutos como si no existiese un mañana. Pero tanto la promesa que nunca pidió, como su compañía, resultaron falsas.