domingo, 28 de octubre de 2012

BAILANDO CON EL DIABLO AL FILO DE LO ABSURDO


BAILANDO CON EL DIABLO AL FILO DE LO ABSURDO


¿Cómo era…. Viviendo con mi enemigo… durmiendo con mi enemigo…?

No, "viviendo con…" no era… Creo que ese es el titulo de una canción de Don Omar.  No me gusta el reggaetón, no comprendo que mecanismos mentales me ha traído esa canción a la mente pero tampoco dispongo de tiempo ni ganas para pararme a analizarlo.

En cuanto a lo de “durmiendo con…” ¿No era aquella película donde Julia Roberts, tenia que convivir con las manías de un marido obsesivo convulsivo y psicópata violento que convirtió su vida matrimonial en un infierno? Sí, creo que sí. Pero tampoco es lo que yo busco para esto que quiero escribir.

Me he dado cuenta que es mejor comenzar a escribir un relato por el final para llegar a su principio. Tal vez por que soy de esas personas que la mayoría de las veces no puede contener el impulso de leer primero la última página de sus libros favoritos. Al contrario de lo que me dicen todos, el leer el final de un libro para mi no le resta ningún interés a la trama del mismo, muy al contrario, me asaltan mil preguntas de cómo sería que se origino todo y qué causas llevaron a ese desenlace.

También soy de las que creen firmemente que el titulo de cualquier escrito debe ponerse al final de cada escrito después de mucho meditar y pensar en ello. Como si se tratase de buscar el mejor y más adecuado nombre a un hijo. Pero como hoy lo que deseo es justo hacer las cosas al revés, por aquello del “más difícil todavía”, como si se tratase de una función de circo o de la representación de algún mago fabuloso salido de su propia chistera, quiero empezar precisamente por poner título a este relato.

Creo que lo titularé… "Bailando con el diablo al filo de lo absurdo"...

Una campana sonaba lastimera bajo la pesada cortina de lluvia que caía como un telón sobre el último acto de su vida. Hacía frío y la humedad calaba los huesos, sembrando de manchas rojas la piel delicada del rostro de las señoras que por caridad acudían de plañideras a los entierros donde nadie mas acudía.

Un cura, de triste figura, enjuto y de larga barba… Sería por eso lo de la triste figura, por la semejanza a un quijote despojado de su armadura y vestido de negro…? En fin, dejaré de divagar… Como decía, un cura salmodiaba al pie de la fosa abierta unas palabras de consuelo mientras de reojo miraba el reloj que se  adivinaba, más que se veía, en el cercano campanario de la capilla.

Las tres mujeres, lloronas de oficio, interpretaban su papel de duelo poniendo la nota musical al acto con sus quejidos y sus lamentos. Eran toda la compaña de aquel pobre cuerpo que nadie conocía en el pueblo en su último adiós lastimero a este mundo enfermo.

Nadie sabía su nombre ni de donde procedía ni a donde se dirigía. Asomó por la puerta de la fonda que hay en la plaza junto al ayuntamiento unas dos semanas antes de aparecer muerta. Dicen que Rosario, la hija del pregonero que es medio lela o poco más, aunque yo pienso que en verdad se hace la tonta para vivir del cuento… Otra vez divagando… Bueno, pues dicen que la Rosario hablo con ella y asegura que cuando le pregunto que buscaba, la mujer vestida de gris le dijo que buscaba bailar con el mismo diablo en una encrucijada.

Pero vaya usted a saber si eso que va contando la Rosario como la cantinela de un pregón, por deformación profesional del padre, digo yo… es o no es cierto.

Se llamaba Beatriz Segura, se supo cuando el alguacil registró sus cosas después de que Jacinto el de la Manuela, encontrara  su cadáver helado cerca del río en la madrugada.

Aquel era un pueblo pequeño, de esos pueblos donde todos se conocen y donde todos saben y cuchichean sobre la vida, obra y milagros de sus convecinos. Como si ser pocos y medio familia entre si, les diera permiso para inmiscuirse en cosas ajenas y andar por la casa del vecino como si se tratara de sus propias casas. Pero esta mujer había conseguido con su aparición y con su triste final lo que jamás nadie hubiera podido esperar en semejante lugar. La pobre de Beatriz, había conseguido que todas las bocas hablaran de un mismo tema.

Había quien decía que si la “señora” había venido en busca de marido. Otros que opinaban que se había perdido y buscaba refugio y consuelo para su soledad y los que más opinaban que Beatriz Segura huía de la mala suerte y de un desengaño amoroso sin precedentes.

Lejos estaban de adivinar quien era aquella mujer en realidad.

Beatriz Segura era el nombre de pila de “la Bella Sandoval” una cupletista de cafetín y folletín de prensa rosa que abrumada por la fama de la ciudad, decidió tomarse unos días de anónimas vacaciones lejos del bullicio y los flashes de las cámaras que no la dejaban ni respirar.

Se salió de su casa una madrugada después de regresar de su función en el teatrillo de Las Américas donde actuaba. Como una sombra se deslizo por pasillos y corredores. Bajo sigilosa y con cuidado de no pisar las escaleras que más crujían bajo el peso del cuerpo porque no la delataran. No llevaba más equipaje que un pequeño bolso con lo indispensable, ya compraría por ahí lo que le fuese haciendo falta.

Al salir a la calle con las primeras luces del alba, se arrebujo en su abrigo, cubriendo su rostro a medias con el cuello de piel, protegiéndose así de miradas indiscretas y del frío aire que la azotaba. Alzo la mirada hacia las ventanas oscuras y sin vida aún de su propia casa y en un susurro esbozó una sonrisa y un hasta pronto que se llevo el viento hacia unas nubes que presagiaban agua.

Con paso ligero emprendió el caminar hacia la plaza, donde un taxis la llevaría a la estación de autobuses  y allí tomaría el primero que saliese. No le importaba el rumbo que este tomase, ni el final que le deparase la última parada de su viaje. La aventura era eso… viajar sin destino donde 
este mismo la llevara.

Pobre, que lejos estaba entonces de pensar en lo que mas adelante la aguardaba.

No reparo en aquel hombre bien vestido hasta que este se sentó junto a ella y gentilmente la saludo con una inclinación de cabeza mientras se tocaba el ala de su sombrero de fieltro negro  y banda de raso amarillo antes de quitárselo y ponerlo sobre sus piernas. Tampoco entonces le dio mucha importancia. El hombre abrió su periódico y se zambullo en sus letras tan pronto como el autobús se puso en marcha y ella se dejo ir en pensamientos bulliciosos mientras veía pasar por la ventanilla los tan conocidos y los menos conocidos, edificios de la ciudad.

No hubiera sabido decir cuanto tiempo había pasado durmiendo, pero cuando despertó, su mejilla apoyada en el hombro de aquel hombre le dolía tanto que entendió que  debía hacer bastante rato. Se incorporó sobresaltada con un “disculpe, cuanto lo siento” en la boca y un rictus de vergüenza en la mirada. Y entonces cambió todo para ella. Él la miro y le dedico la más hermosa sonrisa que jamás hubiera imaginado que nadie le dedicara.

Aquella sonrisa fue como una tarjeta de presentación para ambos. Ella le dijo que se llamaba Beatriz y que iba hasta donde terminase aquel billete que había comprado sin saber para donde y que no recordaba el nombre del pueblo al que se encaminaba. Él le dijo que se llamaba Ricardo y que se dirigía un poco antes de que ella llegase a su destino, justo donde el camino se bifurcaba en una encrucijada.  El camino se hizo menos largo y más ameno. Ambos se habían embebido en una conversación liviana y sin trascendencia donde las risas de ella se combinaban a la perfección con los silencios profundos y densos cuando él la miraba con fijeza.

Caía la tarde cuando él inicio la despedida y ella temblorosa y perdida, sujeto su brazo preguntándole con una mirada de suplica si volverían a verse algún día. El volvió a dedicarle aquella sonrisa que le cautivaba el alma y le respondió que sí, que  cualquier tarde que quisiera en aquella misma encrucijada. Mientras le veía bajar del autobús, sentía que con él se iba parte de su propia alma. Nunca se había sentido así, tan desolada. No quedaba nadie más que ella y el conductor y cuando le preguntó a este si faltaba mucho para llegar a su destino, el hombre se volvió a medias y le contesto que escasos metros la separaban de su destino final… 

Paradójica la puntualización de aquel hombre ahora que volvemos atrás la mirada. Irónica respuesta que sin saberlo sería en breve una verdad acertada.

Se apeó del autobús en la misma plaza donde confluían la iglesia, el ayuntamiento y la fonda. El portón de la iglesia estaba abierto y se apreciaba la luminosidad de los cirios en medio de las nacientes sombras que comenzaban a rodear el edificio. Se quedo unos minutos contemplando las casas cuyas fachadas, no las distinguían de otros pueblos que hubiese podido visitar. Sin duda era un pueblo sencillo, tranquilo, de esos lugares donde nunca pasa nada, justo lo que ella buscaba.

Una muchacha vestida con una sencillez limpia y casi profana se le acerco y le pregunto que buscaba… Ella la miro unos instantes con una sonrisa bailándole en la comisura de la boca y escapándosele por la mirada y mientras rompía a andar hacia la posada le contesto con su voz cantarina: “Bailar con el mismo diablo en una encrucijada”.

Los días transcurridos en aquellas dos semanas, fueron tranquilos y serenos, tan serenos que a veces la ahogaban. Cada tarde, a la caída del sol, solía ir dando un paseo hasta la encrucijada donde él se apeó con la única esperanza de volver a verle de nuevo y cada tarde regresaba con el alma envuelta en tristezas que la acongojaban.

El último día, lo paso inquieta, nerviosa. No lograba entender que le pasaba e incluso llego a pensar que quizás debería regresar de nuevo a su mundo antes de que tanta tranquilidad la matara. Aquella tarde se dio un baño largo y tardo mucho tiempo en su arreglo… Como una novia, se tomó su tiempo en arreglarse poniendo especial atención y esmero.
Y como cada tarde, a la caída del sol emprendió el camino de la carretera rumbo a la encrucijada.

Aquel día, que había amanecido tan diferente al resto para ella, cobro significado cuando al llegar a su destino le vio a él parado en el mismo centro del cruce de caminos esperándola. Una alegría nerviosa se arremolino en su pecho y corrió a su encuentro desesperada. Ricardo abrió sus brazos y la recibió en su pecho dispuesto a no soltarla. Un bando de palomas levanto allí cerca el vuelo, otras aves piaron con fuerza y el viento arrancó lamentos de las altas ramas  de los árboles que desde aquel cruce de  camino  los observaban.  Comenzaron un movimiento lento de rotación, girando sin moverse del sitio, como una pareja de enamorados que bailara a los primeros rayos de la luna que ya asomaba.

Él le dijo “ven”… ella se dejó llevar. No parecía tocar el suelo con los pies al caminar, era como si la llevase en volandas… Flotaban… Escucho el ruido del agua bajando impetuosa  de las montañas que ella había visto otros días recortarse a la izquierda del camino. El viento volvió a soplar más helado que antes, pasó rozándoles el rostro con un silbido lastimero y se enredo unos segundos en su cabello como queriendo agarrarla.

La abrazo con una fuerza que la lastimaba, la miró a los ojos con una mirada profunda y negra que la hipnotizaba y selló su boca con la suya en un beso de muerte donde bebió hasta saciarse de su pobre alma. Minutos después de aquel beso mortal, allí yacía Beatriz con los ojos abiertos como balcones de par en par y el espanto plasmado en aquella mirada ciega, tal y como la encontrara horas después, al rayar el alba, el pobre Jacinto, el cual no conocía hasta entonces  más emoción que la de salir al campo con su mula y sus aperos de labranza.

Se aviso a la guardia civil… se pusieron avisos en los periódicos de la provincia, pero nadie reconoció a Beatriz ni reclamo su cuerpo ni siquiera la echaron en falta. Y días después de ser hallada muerta, la enterraron en el cementerio del pequeño pueblo, por caridad humana… Bueno y como añadiría Fermín, el enterrador… porque ya olía que apestaba.

Consiguió Beatriz lo que quería sin duda y buscaba… Bailo como era su deseo con el diablo en una encrucijada, para ser después olvidada e ignorada… Que destino tan absurdo para quien solo pretendía descansar del bullicio y de la fama.

CARMEN
28 de octubre del 2011
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miércoles, 17 de octubre de 2012

NOSTALGIA

- polish-posters -
Stasys Eidrigevicius - 
Póster de película, Zwierciadlo
(1989)

NOSTALGIA

La nostalgia es roja
de ojos arrasados en lágrimas,
de recuerdos rotos,
de corazones yermos
en paramos baldíos
donde se perdió el amor.
La nostalgia duele
roja de ira fecunda
en lo profundo del alma
y se levanta en remolinos
de viento y arena
que hieren el sentir
y quitan el sentido.
La nostalgia clama
mirando al cielo sin ojos
y por  la boca roja de espuma,
borbotones de sangre difusa
que siembran a su paso
una melancolía de sueños eternos,
que hacen temblar de miedo
la ya casi muerta esperanza.
La nostalgia es roja
de atardeceres en espera
que no terminan de pasar,
es roja de fresas y rosas
que rompen en mi boca
cuando te nombra el recuerdo
y se hace más y más
evidente tu falta.
Esta lejanía cruel
que nos separa larga,
que tiñe con rojo sangre,
con el rojo apasionado 
de la lava de un volcán que estalla.
Y te miro desde lejos
desde mi lejana nostalgia
y el mundo se vuelve rojo
de otoño en los árboles
que va anunciando
invierno en mi alma.

CARMEN
(17 de octubre del 2012)

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lunes, 8 de octubre de 2012

A LA SOMBRA DE UNA VELA


A LA SOMBRA DE UNA VELA

Su declive comenzó en el mismo instante en el que le dio por comparar su vida con la llama de una vela. Sus andares por el camino, siempre habían tenido la femenina sinuosidad del movimiento oscilante de caderas de esa llama que veía crecer y menguar en la palmatoria de su cuerpo errante. A veces tímida, a veces provocadora siempre insinuante. Diciendo mucho sin abrir la boca, más dejando a su cuerpo hablar con el mudo lenguaje que sembraba deseos inconfesables su paso.


Nunca prendió en los demás ningún fuego importante. Pasó frente al mundo sólo siendo una llamita oscilante con pretensiones de hoguera. Jamás obtuvo ninguna cosecha de su siembra muda, tan sólo quizás algún atisbo de mirada ciega posada en el agotar continuo e inexorable de la cera de su cuerpo que iba derritiendo con el tiempo su firmeza, consumiendo sus sueños, acabando con la luz de su mirada y sabiendo poco a poco que su destino era quedar completamente fría y ciega.


Fue ese el motivo que la llevó a sentarse frente al espejo, a la sombra de esa vela. Allí dejó pasar el tiempo, prolongó los minutos, absorbió todas las penas que amenazaban con asaltarle los ojos y cuando apenas restaba un halito de cera, se dispuso a ser humo perfumado de iglesia.


Y se apagó... se apagó dejando la asombra de su cuerpo reflejada en el espejo de la eterna espera...


Carmen ©


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*** Rescatado de mi otro blog

lunes, 10 de septiembre de 2012

SUEÑOS


SUEÑOS
***************

Llevo sueños de colores en mi alma
dando vueltas en lo eterno
de tus ojos, de tus labios,
en lo profundo del Universo.
Habito en ese mundo
donde la Luz es Amor
y en el Amor se bañan mis sueños.
Por tenerte, por hallarme,
capture nuestro sueño más hermoso
en la jaula de mi pecho,
donde mi alma abraza a tu alma
y somos un solo corazón latiendo.
Llevo sueños de colores
que el dolor y el tiempo,
van tornando en blanco y negro.
Sombras de lo que pudieron
ser y jamás fueron,
no quisiera que murieran
en mi pobre pecho presos.
No permita el cielo
que este aire frío
apague la llama
antes de que avivemos el fuego.
De esperanzas nuevas
y de nuevos versos
concentrados en los besos
que un día nos daremos,
volverán a tener nuestros sueños
mil colores nuevos.
Que te amo en lo profundo,
que me amas desde dentro,
que fuimos, somos y seremos
un sólo corazón al compás latiendo.
De mi alma a tu alma 
un lazo que nos ata en lo eterno,
que nos trae y que nos lleva
de mis sueños a tus sueños
y a una estrella lejana
donde se concentra el deseo
y nos cubre la Luz
como un manto desde
su infinito cielo.

CARMEN
( 10 de septiembre del 2012 )

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domingo, 9 de septiembre de 2012

ADAGIO - LARA FABIAN


ADAGIO

LARA FABIAN

No sé donde encontrarte,
No sé como alcanzarte, 
Escucho tu voz en el viento
Te siento bajo mi piel 
Dentro de mi corazón y mi alma,
Te espero. 
Adagio.

Todas estas noches sin ti,
Todos mis sueños los tengo contigo,
Veo y toco tu cara, Caigo entre tus brazos, 
Y cuando el tiempo sea correcto sé.
Que estarás en mis brazos. 
Adagio.

Cierro mis ojos y encuentro un camino,
No necesito ya orar, He caminado tan lejos
He luchado tan duro, no queda nada más
Para explicar, y sé que todo lo que queda,
Es un piano que suena, 

Si sabes donde encontrarme
Si sabes cómo alcanzarme,
Antes que esta luz se desvanezca
Antes que me quede sin fe

Se el único hombre que me diga,
Que oirás mi corazón, que darás tu vida,
Y te quedaras para siempre...

No dejes que esta luz se desvanezca
No, no, no, no, no.
No dejes que se acabe mi fe,
Se el único hombre que me diga
Que tú crees. Hazme creer, 
Que no me dejaras ir, 
Adagio.




jueves, 2 de agosto de 2012

PER TE (Josh Groban)




POR TI
(Josh Groban)

Siento en el aire tu perfume 
Pequeños sueños vividos conmigo 
Ahora lo sé 
No quiero perderte 
Aquella dulzura sin edad 
Tu belleza no tiene rivales 
Mi corazón solamente te quiere a ti 

Por ti, por ti viviré 
El amor vencerá 
Contigo, contigo habrá 
Mil días de felicidad 
Mil noches de serenidad 
Haré lo que me pidas 
Andaré siempre donde quiera que vayas 
Daré todo el amor que tengo por ti 

Dime que ya conoces el futuro 
Dime que esto no terminará nunca 
Sin ti no quiero existir 

Por ti, por ti viviré 
El amor vencerá 
Contigo, contigo 
Mil días de felicidad 
Mil noches de serenidad 
Haré lo que me pidas 
Andaré donde quiera que vayas 
Daré todo el amor que tengo por ti 

No debo decírtelo 
Ahora ya lo sabes 
Que moriría sin ti 

Por ti, por ti viviré 
El amor vencerá 
Contigo, contigo haré 
Todo lo que me pidas 
Andaré siempre donde quiera que vayas 
Daré todo el amor que tengo por ti.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Y SERÉ VIENTO


Y SERÉ VIENTO

Y seré viento desnudando los árboles de tu jardín.
Enredare mi alma en sus ramas a tu paso
y leve como el roce de una frágil mariposa
que muere de frío a tus pies,
con la brisa en mis labios muy bajito
en tu oído dejaré un "te amo",
tembloroso y tímido, casi como sin querer,
por no distraer tu pensamiento
ni robarte el aliento 
ni sobresaltar tu bello Ser.
Y seré viento que llega y pasa,
que te estremece sin saber por qué.
Y al rozar tu amado rostro
con mi mano helada,
alzaras al cielo tus ojos
y quizás mi nombre veas escrito en él.
Y seré viento que borrará de tus ojos
las furtivas lágrimas
porque no sepa nadie,
que me extrañas hoy más que ayer.
Y seré viento para abrazarte desde tan lejos,
pues mi alma es viento y fluyo con él.
Y seré viento para amarte eternamente...
Y seré viento... donde vayas, allí estaré.
Y seré viento...
A tu lado sin alas volaré.

CARMEN
( 1 de  agosto del 2012 )

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lunes, 18 de junio de 2012

EL TIEMPO SE ME VUELA


EL TIEMPO SE ME VUELA


El tiempo se me vuela,
libélula azul al viento
de este gris atardecer
embebido en nubes de tormenta.
El tiempo trepa por mis caderas
al vaivén de una melodía gastada
en tango de ilusiones viejas
que mueren y resucitan
para volver a morir en mi.
Sueños marchitos en espera
que fluyen entre mis dedos 
como agua... como arena,
sin prisa ni pausa... sin fin.
El tiempo se me vuela
y me trae el olvido,
la suplica desesperada
que no alcanzó a ser
y todos los minutos se vuelven
insectos alados que huyen
de ti y de mi... de los dos,
para no ver como se termina el amor,
para no volver a sufrir.
El tiempo se me vuela,
lágrimas en vuelo de mariposas
que gráciles al viento fluyen
elevando al cielo una plegaria
por tanta vida derrochada en llanto,
tanta pena callada y sola,
tantas soledades habitando
en el dolor ahogado
de la desdicha amarga
que es estar muriendo 
hoy lejos de ti.
El tiempo se me vuela...


CARMEN
(18 de junio del 2012)

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viernes, 25 de mayo de 2012

COMO SI DESHOJARA MARGARITAS


COMO SI DESHOJARA MARGARITAS.


Sí, así había pasado toda su vida. La había consumido deshojando días como el que deshoja margaritas . Siempre esclavo de aquella indecisión que le había consumido como un mal cáncer y le había arrancado uno a uno todos los sueños que una vez pudo tener.

Tenía más de setenta inviernos sobre sus espaldas y arrastraba una soledad con la que ya no podía. Cada mañana se le podía ver sentado en el banco del parque que está bajando por la calle que lleva hasta la estación de cercanías. La cabeza cubierta con una gorra y el mentón apoyado sobre la empuñadura de su bastón. La mirada perdida en la lejanía, solo él y Dios sabrían en que pensamientos o en que nuevas dudas.

Siempre me llamo la atención su presencia ausente y su aire de gris indiferencia. Nada parecía llamar la atención de aquel personaje que poco a poco se había hecho habitual en mis mañanas, como la magdalena con la que se empeñaba en acompañar mi matutino café el camarero de la cafetería desde cuyos ventanales, le contemplaba.

Sí, había pasado su vida deshojando margaritas... Arrancando día a día los pétalos de la flor de su vida ya marchita. ¿Qué cómo puedo saber eso así, a simple vista? Sencillo, él mismo me lo contó una mañana muy fría.

El invierno había llegado de golpe a la ciudad. Hacía tan sólo dos día atrás que aún el sol calentaba lo suficiente como para sentarse en un banco y ver pasar las horas con su paso sinuoso; pero aquella mañana, el sol se escondía tras un telón de nubes espesas y grises. No me sorprendió darme cuenta que el anciano no se encontraba sentado en el banco y como siempre, me dispuse a tomar mi café. Entré al calor reconfortante de la cafetería y tome asiento en mi mesita habitual junto al ventanal. Sonreí al camarero cuando este me indicó que enseguida estaría mi café y me concentré en la lectura del periódico mientras aguardaba. Minutos después llegó mi café... y la consabida magdalena y yo seguí enfrascada en las noticias nada halagüeñas sobre política  y economía.

De repente sentí que alguien se sentaba a mi mesa y levanté la vista asombrada dispuesta a reprochar a quien fuera por su descaro, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando frente a mi encontré sentado a mi anciano del banco.

Aún estaba perpleja y con mi boca abierta cuando él me soltó a bocajarro aquella frase: "He pasado mi vida... como si deshojara margaritas."  Y acto seguido cogió la dichosa magdalena y me pregunto si pensaba comérmela. Como pude y sin haberme repuesto de mi sorpresa, le dije que no, que podía comérsela e indiqué al camarero que nos trajera otro café.

Doblé el periódico y lo dejé sobre la única silla que quedaba libre  y me dispuse a escucharle.

Me contó que desde que tenía uso de razón había sido una persona indecisa, dubitativa, miedosa. Que nunca había sido capaz de tomar una decisión a la primera ni a la segunda ni siquiera a la décima, sin ayuda y que aún no entendía cómo había sido capaz de sentarse a mi mesa ni mucho menos de dónde había sacado las fuerzas para hablarme.

Que todo había comenzado cuando era  muy pequeño con las preguntas tontas que la gente le hace a los niños pequeños ... "¿A quién quieres más, a papá o a  mamá?". Que luego siguieron creciendo las dudas...El bien y el mal... Te lo mereces o no... Lo sabes o no... Que nunca fue capaz de decantarse por una u otra opción y que mientras deshojaba la margarita de sus días, había perdido el amor y la vida sin darse cuenta y que ahora que llegaba al final del camino, por fin se había dado cuenta de lo que debía hacer.

Un pesado silencio se instaló entre los dos mientras que sin dejar de mirarnos fijamente a los ojos, nos tomábamos nuestros cafés. Cuando terminamos, se levantó y sin dejar de mirarme a los ojos me dijo algo que siempre recordaré:

- Nunca pierda el tiempo pensando el cómo y el por qué ni deje que le robe la vida la duda de si esta bien lo que es o hubiese sido mejor lo que pudo ser y no fue. No piense demasiado que ha de hacer, permítase equivocarse y deje que su corazón la guíe... Nunca mire más allá de su propio deseo y su propia felicidad.

Mientras se alejaba hacia la salida, atiné a preguntarle el por qué de todo aquello y nuevamente su respuesta me dejó pensativa y sin saber que hacer:

-  Porque ahora mi margarita se quedó sin pétalos. Se han terminado los días por deshojar en mi calendario y me he dado cuenta demasiado tarde de que he perdido todo pero que la última decisión sigue siendo mía y va a ser la primera decisión que tome en mi larga vida.

Se perdió tras un grupo de gente que entraba alborozada en la cafetería como la sombra anónima que adivinaba que siempre fue. Durante unos minutos me perdí en las palabra que me había regalado aquel hombre  y tras un suspiro que brotó de lo más hondo de mi pecho, pague los cafés y salí rumbo a mi despacho donde me perdí entre montones de papeles burocráticos que hicieron que me olvidara por unas horas al menos del encuentro con el anciano.

La vida siguió a mi alrededor, las horas pasaron, mi jornada laboral terminó y llegue agotada a mi casa pensando tan sólo en darme un baño de agua caliente mientras tomaba una copa de vino y escuchaba una suave música relajante. Llevaba todo el día soñando con ese dulce instante y sin saber ni cómo ni cómo no, de repente me encontré sentándome frente al televisor mientras apretaba el botón de encendido en el mando de control.

Lo que escuché y vi en la pantalla me heló la sangre en las venas. En primer plano aparecía la imagen de alguien a quien había aprendió a reconocer durante todas aquellas mañanas mientras tomaba mi café. Era una foto de mi ancianito del banco del parque, no podía creerlo... Quien hablaba estaba diciendo en aquellos momentos que el anciano se hallaba desahuciado por un cáncer que padecía y que aquella misma mañana le habían  comunicado que apenas le quedaba un mes de vida, apenas  una hora antes de arrojarse al tren que entraba en aquellos momentos en la estación de cercanías.

Olvide el baño, el vino y la música relajante... Olvidé mi cansancio y sólo atine a dejar escapar unas lágrimas calladas y amargas que arrasaron mis mejillas...

Sentí en mi persona la tremenda soledad de aquel hombre que había compartido conmigo el café de la mañana y la maldita magdalena y entendí las palabras que me había dicho... Su primera decisión se anticipó a lo que se le venía encima y le gano el pulso al momento del fin que para él había elegido la muerte y hasta le ganó en la forma de morir.

Me levanté del sofá algo mareada, levante el auricular del teléfono y me dispuse a dar mi propio paso en la vida... El anciano tenía razón, no merecía la pena estar sopesando el bien y el  mal en una balanza y yo no deseaba pasar mi vida deshojando los días en mi propia margarita.

Marqué sin perder más tiempo y cuando al otro lado escuche su voz preguntando quien era , con voz firme simplemente le dije...

- "Si, acepto". 
- ¿Estás segura? ¿Lo has pensado bien?
- No me preguntes, sólo acepta mi... "Si".

Y me sentí libre por primera vez. Colgué, apagué el televisor y ahora sí me dirigí al baño tarareando una canción....

"Como saber
si mi talento para amarte es suficiente
como saber
si no me das una señal para quererte
como saber
si alguna estrella se cae al mar se apaga y muere
como saber
si no me puedes responder si tu me quieres

Y mientras yo
deshojo la margarita....."




CARMEN
(25 de mayo del 2012)

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"La margarita dijo no"
Alejandro Sanz



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