Desde pequeña. siempre se sintió atraída por el color azul.
El amanecer de los días buenos era azul. El cielo de verano, ese que alumbraba con su claridad los días cuando brillaba allá en lo alto el cálido sol.
El mar...
El agua salada que mojaba y llenaba de miles de gotitas refulgentes su piel bronceada, también era azul.
Aquel vestido que encontró en un viejo mercadillo y le sentaba tan bien.
Sus flores favoritas, ¿cómo se llamaban? Tan pequeñas, tan frágiles, tan sencillas y que un día ya lejano descubrió como adorno comestible en su ensalada.
¿Cómo se llamaban?
¡Campanulas, sí eso es, campanulas!
Sus ojos, profundos y azules como serenos lagos...
Para ella solo existía el azul. No veía más allá del color azul.
Pero un día, sus sueños le revelaron la existencia de mil colores más. Mil posibilidades nuevas para vivir y comenzó a urdir un plan para hacerse con algunos de aquellos colores mágicos con los que, de tan solo pensarlos, su cuerpo entero vibraba y se llenaba de fe, de serenidad, de dicha, de gozo y de una placentera y apasionada fuerza que la empujaba hacia los demás.
Pasó el día nerviosa y cuando ya comenzaba a caer la tarde, fue preparando minuciosamente aquellas cosas que consideró que podría necesitar. preparó sobre su cama largos cordeles de raso. Alineados uno junto a otro y se tumbó a esperar el sueño y con él la llegada de los colores de sus deseos.
Fueron llegando de a poquito en cuanto la venció el sueño...
Primero llegó el amarillo, luminoso y vibrante que enseguida la infundió el ánimo suficiente para saber que saldría venturosa de aquella aventura. Lo atrapó en un suspiro, lo infló como si fuera un hermoso globo y lo ató con uno de aquellos cordeles de raso.
Ya tenía uno y se sentía feliz.
Luego llegó el color verde, tan sedante y ligero que logró tranquilizarla. Repitió el suspiro y el inflado y lo colocó cuidadosamente junto al globo amarillo a la espera de los demás.
Le llegó el turno a su querido azul y en un plis plas, este se encontraba reposando junto a los otros dos.
El naranja, que pese a poner un poco de resistencia vibracional, pronto temblaba de brío junto a los otros tres.
Le siguieron el romántico rosa, el sabio y mágico morado, el equilibrado gris, el elegante negro, refinado como el que más.
La pureza inocente y limpia del blanco.
Un pequeño globito marrón donde guardo de un soplo sus tristezas, aquellas que ya no quería llorar más.
Y, por último, el rojo.
El color rojo fue el que más la atrajo y al que más entusiasmo dedicó, poniendo en él toda la energía y vitalidad amorosa que almacenaba desde hacía tanto en su corazón.
Juntó todos los lazos y los anudó a su muñeca para que no escapara ninguno. Preparó una maleta ligera con algunos cuentos y algunos retazos de su propia historia y comenzó a caminar por el camino nuevo que ya no era simplemente azul. Ahora su vida brillaba y la llevaba por un mundo infinitamente hermoso y multicolor.
‘Pájaros de barro’ es una de las canciones más exitosas del primer álbum en solitario de Manolo García. Se trata del disco ‘Arena en los bolsillos’, que fue grabado en Londres y publicado en mayo del año 1998. Un disco con el que se desvinculó del que ahora había sido su grupo hasta entonces, El último de la Fila.
Lo cierto es que Manolo García consiguió marcar terreno con un estilo único y exitoso. Una mezcla de pop y de rock aflamencado, del que a día de hoy muchos artistas han tomado como influencia. Y es que el artista marcó un antes y un después con canciones como ‘Pájaros de barro’.
Se trata de una canción con una melodía tranquila y relajante, con un mensaje muy profundo, con la que el artista invita a todas las personas que escuchen la canción a aprovechar el tiempo, y a vivir la vida con la mayor intensidad que puedan. Y les lanza el mensaje de que el viento nos arrastra de forma irremediable hacia el futuro.
A través de la letra de ‘Pájaros de barro’, el artista invita a pasar página, a cerrar el libro de las horas muertas y a rechazar la pena. Todo ello, para escribir un nuevo libro y comenzar a vivir de verdad.
Como anécdota, ‘Pájaros de barro’ hace referencia a un texto de los evangelios apócrifos, en los que Jesús siendo un niño hizo un milagro convirtiendo unos pájaros que había modelado en barro, en pájaros reales que alzan el vuelo.
Por si el tiempo me arrastra a playas desiertas
Hoy cierro yo el libro de las horas muertas
Hago pájaros de barro
Hago pájaros de barro y los echo a volar
Por si el tiempo me arrastra a playas desiertas
Hoy rechazo la bajeza del abandono y la pena
Ni una página en blanco más
Siento el asombro de un transeúnte solitario
En los mapas me pierdo
Por sus hojas navego
Ahora sopla el viento
Cuando el mar quedó lejos, hace tiempo
Ya no subo la cuesta que me lleva a tu casa
Ya no duerme mi perro junto a tu candela
En los vértices del tiempo anidan los sentimientos
Cansada de esperar príncipes azules y medias naranjas, decidió calzarse sus zapatos de aguja más altos y comenzó a vivir su vida poniendo fuerza e ímpetu en cada pisada; como si quisiera comerse el mundo, como si ya no la importara nada.
Recuerda que morirás; que nada ni nadie es eterno y todo aquello que amas, que odias, tarde o temprano desaparecerá. Todo pasa, todo se marchita, sucumbe y como polvo al viento, desaparecerá.
Por eso…
Carpe diem…
Aprovecha el momento.
Vive cada instante de tu existencia como si fuera el último que vas a vivir.
Porque…
El tiempo vuela, vivamos el momento y no olvidemos que un día moriremos.
Lo único que queda son los recuerdos, así que, será mejor construir algo que sea muy nuestro y vivirlo minuto a minuto mientras dure. Después de todo, cuando los caminos vuelven a separarse, lo mejor es seguir adelante sin pesares ni resentimientos. Todo sigue su curso, la vida no se detiene por nada ni por nadie.
Y a pesar de todo... siempre seguimos en la búsqueda de esa eternidad, frágil y efímera...