martes, 8 de noviembre de 2016

SOÑAR CONTIGO...


SOÑAR CONTIGO...

Soñar...
Soñar lo que ya no tengo...
Soñar contigo...

Soñar contigo fue vida en la muerte,
fue fuego consumiendo mi frio
y fue la luna y fue las estrellas.
Fue día y noche para mi,
para mi que te ame,
lo más hermoso.

Soñar...
Soñar lo que ya no tengo...
Soñar contigo...

Soñar contigo como antes,
como ayer, como hoy, como siempre.
Porque desde siempre te soñaba
aunque tu nunca estuviste conmigo.
Aunque nunca me pensaras
ni creyeras en mis delirios.

Soñar...
Soñar que aún puedo sentir tu abrazo
cobijando mi pecho junto al tuyo así dormidos.

Soñar lo que ya no tengo...
Lo que nunca tuve, sueño roto,
que termino antes de haber nacido.

Soñar contigo...
Soñar contigo seria renacer al mundo,
al mundo de los que creen y se sienten vivos.



Carmen
(8 de noviembre del 2016)


Copyright©


"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo



lunes, 7 de noviembre de 2016

Y UN DÍA HABRÉ DE IRME


Y UN DÍA HABRÉ DE IRME

Y un día habré de irme.
Volara mi alma lejos
como esas hojas  de otoño
que el viento frio arrastra.
No quedará de mi recuerdos
que nadie llore
ni habrá lamentos
ni lágrimas
que la lluvia borre.
Solo el viento,
el viento
y esa tristeza
que desde siempre,
fiel amiga,
me acompaña.
Y un día habré de irme.
Polvo seré,
olvido y nada.
Hoja al viento
que el temporal arrastra.


Carmen

(7 de noviembre del 2016)


Copyright©


"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo




domingo, 6 de noviembre de 2016

AMOR SE ESCRIBE CON LLANTO (Enrique Urquijo y Los Problemas)



AMOR SE ESCRIBE CON LLANTO
(Enrique Urquijo y Los Problemas)

Amor se escribe con llanto, 
en el diario amargo, 
de mi desencanto. 

Amor que sembraste un día, 
rosas de esperanzas, 
en el alma mía. 

Amor que llegaste riendo, 
amor que te vas llorando, 
ayer, de dicha cantando, 
hoy sin ilusiones con mis tristezas, muriendo. 

Tu querer, 
fue un cariño como de Santo, 
tibia luz en las noches, 
de mi extravío. 

Te adoré, 
y a pesar de quererte tanto, 
hoy me has enseñado, 
que amor se escribe, 
con llanto. 

Hoy me has enseñado, 
que amor se escribe,
con llanto.

viernes, 4 de noviembre de 2016

RATAS


RATAS

Para Ricardo, aquel no iba a ser el mejor de sus días sin ninguna duda.

Despertó sobresaltado después de una noche agitada de malos sueños, de los cuales, el único recuerdo era el sudor frio que cubría su cuerpo y un intenso dolor de cabeza que le apretaba las sienes como si llevara sobre su frente una gran cinta elástica.

En la calle, la lluvia caía intensa y fina cubriéndolo todo con un velo de neblina. Los árboles, ya casi desnudos de hojas, agitaban sus ramas movidos por el viento frío que bajaba desde la cercana serranía. Aquel estaba siendo un otoño húmedo y frío, preludio  inequívoco de un invierno que llegaría con más frío y seguramente intensas nevadas.

El último día de aquel octubre, víspera de Todos los Santos, le vibro mal desde el primer instante. Deseó con todas sus fuerzas taparse la cabeza con  las mantas y olvidarse de todos los compromisos que debía enfrentar aquel mismo día, sobre todo, deseó olvidarse de la entrevista con su jefe a última hora de la mañana y a la cual temía sobre todas las cosas.

Corrían rumores en la oficina sobre un próximo reajuste de personal, con los consabidos despidos que tales reajustes traían. Por ello temía aquella entrevista con el director, pues algo le decía que de despedir a alguien, a él sería el primero que despedirían.

Por fin decidió que no podía demorarse más y suspirando apesadumbrado, se levantó de la cama para lanzarse a la carrera y de cabeza, al cuarto de baño, donde el agua caliente y el olor dulzón del gel, terminó de borrar de su mente todos los malos presagios que cargaba y los últimos retazos de aquel sueño oscuro e indefinido que aún permanecían, como viejas fotografías en sepia que resistieran el paso del tiempo estoicamente, tras sus párpados.

Veinte minutos después, salía de su casa dispuesto a enfrentar todos y cada uno de sus miedos como si fuese un guerrero enfrentando su última batalla. La llovizna había parado dando una tregua precaria a tenor de las negras nubes que cubrían el cielo. Pero ese simple hecho, logro poner una sonrisa en los labios de Ricardo y animo su corazón con un atisbo de esperanza. Quizás su día no fuese tan malo después de todo.

Cuando llegó a la oficina, todo el mundo parecía alterado. La inminente llegada del director general en una visita sorpresa que no era ya sorpresa para nadie y los rumores que corrían sobre la suerte que habían seguido muchos de los compañeros de otras sucursales ya visitadas por el susodicho personaje, tenían a los compañeros de Ricardo al borde de un ataque de nervios. El mismo Ricardo volvía a tener aquel presentimiento extraño que le ponía en la cuerda floja. Cuando se sentó en su mesa frente al ordenador, se sentía mareado y no atinó a encender el ordenador hasta pasados varios minutos y eso porque Juan, su compañero más próximo, le pregunto que si aún no se había despertado.

La mañana transcurrió lenta, pesada. Los minutos no parecían pasar. Ricardo,  miraba el reloj colocado en la pared del fondo de hito en hito, con una atención concentrada  que pretendía descifrar cada movimiento de la aguja en su recorrido hacia una hora determinada. A las doce pensó que se volvería loco si no hacia algo al respecto y decidió tomarse un respiro  bajando a la cafetería de Soledad a fumarse un cigarrillo mientras se tomaba un buen café.

La cafetería era un lugar agradable, decorado con gusto. Un lugar donde uno podía relajarse y disfrutar del buen café que servía Soledad, la dueña y de una charla agradable con esta o con cualquiera de los parroquianos que allí acudían cada día. La lluvia había comenzado a caer nuevamente, pero no consideró necesario volver a subir a la oficina para recoger su paraguas, total, sólo tenía que cruzar la calle. Se lanzo a la acera sin mirar, arrollando a su paso a una  anciana gitana que pasaba por allí.

Ricardo trastabilló hasta chocar con un coche aparcado a varios metros, mientras la gitana rodaba por el suelo, donde asustada y dolorida comenzó a quejarse, pero él, en vez de socorrerla, no atinó sino a  amenazarla y burlarse.

La anciana logró levantarse no sin dificultad y mirando fijamente a Ricardo, con una mirada profunda y antigua, le sonrió con una sonrisa torcida que dejo entrever unos dientes ennegrecidos y podridos. Su voz sonó áspera y ronca cuando dirigiéndose a Ricardo, que por alguna extraña razón no podía despegar sus ojos de ella, le dijo:

- ¿Cuál es tu peor pesadilla? Piensa y esta misma noche la conocerás. Cuando el reloj marque las doce y los perros de la muerte aúllen a la luna, sus pequeñas garras arañaran tu piel y hundirán sus hocicos en tu carne arrastrando tu alma al infierno del que ya no has de volver.

Aquellas palabras tuvieron un efecto devastador en él. Por un largo instante helaron la sangre en sus venas y paralizaron su cuerpo. Cerró los ojos mientras sentía la lluvia cayendo sobre él hasta que unas manos solicitas le sacaron de su ensimismamiento. Era Soledad, que había acudido al verle trastabillar y chocar contra el coche.

- ¿Dónde está? - Fueron sus palabras al abrir los ojos y ver a la mujer junto a él.

- ¿Quién?

- La gitana ¿Donde está la gitana?

- No había nadie. Ni gitana ni palla, Ricardo, no había nadie más. Te vi salir de la oficina, tropezar y chocar contra ese coche y como parecías no reaccionar, pensé que podrías haberte hecho daño. 

- Era una gitana vieja, tropecé con ella y la derribé... Me maldijo... Creo...

- Anda, vamos a la cafetería, no había nadie más que tu, eso te lo puedo asegurar. Creo que hoy te serviré algo más fuerte que un café. Pareces cansado y creo que ese cansancio te ha pasado factura.

Ricardo se dejo arrastrar por Soledad quien entre bromas y risas logró que se olvidara de la gitana y de sus palabras. La mañana siguió pasando lenta y pesada, como las nubes que no dejaban de llorar sobre la ciudad, el director general, llegó casi a la hora de comer y pese a todos los malos augurios, no hubo despidos. Comió con los compañeros en un ambiente distendido producto del alivio eufórico que todos sintieron cuando el director llegó y se marchó sin novedades y cuando llegaron las seis, hora que marcaba el final de su jornada laboral, no recordaba lo sucedido en la mañana ni recordaba su tropiezo con la vieja gitana ni maldición alguna. Se despidió de sus compañeros, declinando la invitación que algunos le hicieron para que se uniera a ellos en una fiesta de Halloween a la que iban a asistir. Eso de pasar miedo y disfrazarse, sin duda no iba con él. De regreso a su casa, paso por el supermercado y compró varios comestibles pensando que al día siguiente, festivo por ser el día de Todos los Santos, seguramente no estaría abierto. Saludó al vendedor de periódicos, que parapetado tras la ventanilla de su kiosco se dedicaba, como siempre, a mirar la gente pasar con gesto aburrido. Acarició al pasar junto a los buzones al gato de la vecina que estaba acurrucado en el primer escalón y sorteándole de un salto, subió las escaleras hasta el primer piso de dos en dos.

Se duchó y puso su pijama favorito, las viejas zapatillas de estar por casa que su madre le regaló hacia ya un par de años y que siempre se decía que debía cambiar. Se preparó una cena ligera que tomó frente al televisor, sentado en su cómodo sillón. Todo parecía perfecto, normal, quizás demasiado normal.

Sobre las diez y media se quedó dormido. No encontró nada interesante en ninguno de los canales de televisión. En casi todos ponían películas de terror y en los que no, había debates políticos aún mas terroríficos si cabe que las mismas películas. Al principio su sueño fue un sueño sin sueños. Un sueño placido y reconfortante, de respiración serena, un sueño reparador. Fuera la lluvia había arreciado y el viento movía violentamente las ramas esqueléticas de los árboles, arrancando las hojas que aún quedaban en ellas hasta dejarlos desnudos a merced de los elementos. Una hora después de sucumbir en brazos de Morfeo, Ricardo entró en las profundidades de un sueño inquieto y perturbador donde las imagenes de la gitana de ojos profundamente negros y dientes retorcidos le maldecía desde el suelo, se mezclaban con otras imagenes aún mas inquietantes de algo que bullía a sus pies entre chillidos que le helaban la sangre... ¡Ratas! 

Las ratas producían en Ricardo un efecto paralizante de profundo miedo mezclado con asco desde que era un niño. Podía soportar a otros animales que parecían asustar a los demás humanos sin inmutarse. Ni serpientes ni arañas ni cualquier otro tipo de insectos o animales... Solo las ratas tenían ese efecto en él. Sus cuerpos peludos, sus pequeñas garras, sus hocicos puntiagudos, aquellos dientes hechos para roer... Sus largas colas... Despertó con el estremecimiento de un escalofrío, se restregó los ojos tratando de poner orden en su mente y miró su reloj... Faltaban apenas unos  cinco minutos para las doce... Y de repente lo recordó.

Volvió a verse en la calle, junto a su oficina, bajo la lluvia. Volvió a ver a la vieja gitana tirada en el suelo, amenazante y... Lo peor de todo, volvió a recordar sus palabras:

- ¿Cuál es tu peor pesadilla? Piensa y esta misma noche la conocerás. Cuando el reloj marque las doce y los perros de la muerte aúllen a la luna, sus pequeñas garras arañaran tu piel y hundirán sus hocicos en tu carne arrastrando tu alma al infierno del que ya no has de volver.

Comenzó a sudar profusamente.

¿Qué había sido ese ruido? Parecía como si algo o alguien arañase detrás de las paredes. 

¿Y esa sombra? ¿No había visto algo moverse rápido por la sala hasta perderse tras las cortinas?

Ese murmullo... Pequeños chillidos estridentes... ¡Por Dios! ¿Se estaría volviendo loco tal vez? Sí, eso tenía que ser. Demasiado estrés en los últimos días. Demasiada tensión acumulada. ¡Eso era, sin duda!

Se rió a carcajadas que sonaron de manera amplificada en la sala. En la televisión, unos adolescentes corrían despavoridos perseguidos por lo que parecían zombis o algún monstruo similar. Apagó el televisor lanzando el mando a distancia al otro extremo del sofá y se levantó para ir a la cocina a por un vaso de agua. Tenía la garganta seca, tan seca que le dolía. La luna apareció tras unas nubes y se coló por la ventana, grande y redonda, con su cara de queso y de repente un perro aulló en la lejanía y luego fueron dos y después tres, cuatro... cinco... Todo un coro de perros aullándole a la luna llena. La puerta del cuarto de baño comenzó a vibrar como si alguien encerrado en su interior la sacudiese para intentar abrirla. Los chillidos se intensificaron. Sombras oscuras se deslizaban a su alrededor sin darle tiempo a ver forma alguna, Algo caliente y suave le rozó las piernas. Algo salto sobre el desde lo alto de la librería... Algo... Algo negro y no muy grande... Blando... Ojos rojos y brillantes mirándole en la semi penumbra de la habitación...

La respiración se le acelero tanto que parecía quemarle el pecho. Como si el aire ardiera. Quería correr, salir de allí, huir pero estaba paralizado, era incapaz de dar un solo paso y de repente la vio. Frente a él volvía a estar la vieja gitana. Le miraba con sus ojos oscuros, sonriéndole con una mueca mellada de dientes ennegrecidos. Una sonrisa que fue convirtiéndose en espeluznante carcajada cuando las ratas, con sus largas colas comenzaron a trepar sobre él. Cuando comenzaron a clavarle sus pequeñas garras. Cuando comenzaron a desgarrar su carne con sus pequeños dientes, royéndole hasta llegar al hueso. Y él gritaba o mejor dicho, trataba de  hacerlo. Su garganta reseca era incapaz de articular  palabras y menos aún de emitir sonido alguno. Y se fue hundiendo en la negrura de la muerte, arrastrado por su peor pesadilla hasta el más profundo  de los infiernos.

Días después, sus compañeros de trabajo extrañados por su ausencia, denunciaron su desaparición y la policía encontró su cuerpo inerte en mitad del salón de su casa. El forense dictaminó que la muerte se había producido a causa de un infarto masivo, pero no pudieron explicar a que eran debidas las miles de incisiones que aparecían marcadas sobre su cuerpo.



Carmen

(4 de noviembre del 2016)


Copyright©


"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo

  

jueves, 3 de noviembre de 2016

SI YO... TÚ


SI YO... TÚ

Si yo... tú.
Si caes... yo contigo
y nos levantaremos juntos
en esto unidos.

Si me pierdo, encuéntrame.
Si me pierdes, yo contigo
y juntos leeremos en las estrellas
cual es nuestro camino. 
Y si no existe, lo inventaremos.

Si la distancia es el olvido
haré puentes con tus brazos
pues lo que tu y yo hemos vivido
no son cadenas...
ni siquiera lazos:
es el sueño de cualquier amigo
es pintar un te quiero a trazos
y secarlo en nuestro regazo.

Si yo... tú.
Si dudo, me empujas.
Si dudas, te entiendo.
Si callo, escucha mi mirada.
Si callas, leeré tus gestos.

Si me necesitas... silba
y construiré una escalera
hecha de tus últimos besos,
para robar a la luna una estrella
y ponerla en tu mesilla
para que te de luz.

Si yo... tú.
Si tú... yo también.
Si lloro, ríeme.
Si ríes, lloraré
pues somos el equilibrio,
dos mitades que forman un sueño.

Si yo... tú.
Si tú... conmigo.
Y si te arrodillas
haré que el mundo sea más bajo,
a tu medida,
pues a veces para seguir creciendo
hay que agacharse.

Si me dejas, mantendré viva la llama
hasta que regreses,
y sin preguntas, seguiremos caminando.
Y sin condiciones te seguiré perdonando.
Si te duermes, seguiremos soñando,
que el tiempo no ha pasado,
que el reloj se ha parado.

Y si alguna vez la risa
se te vuelve dura,
se te secan las lágrimas
y la ternura,
estaré a tu lado,
pues siempre te he querido,
pues siempre te he cuidado.

Pero jamás te cures de quererme,
pues el amor es como Don Quijote:
solo recobra la cordura
para morir.
Quiéreme en mi locura,
pues mi camisa de fuerza eres tu,
y eso me calma,
y eso me cura...

Si yo... tú.
Si tú... yo.
Sin ti, nada.
Sin mí, si quieres... prueba.


Txus di Fellatio*

(De su libro de poemas: "El Cementerio De Los Versos Perdidos".)




*Jesús María Hernández Gil, conocido artísticamente como Txus di Fellatio, El Príncipe de la Dulce Pena, Pantani, o, simplemente, Txus nació en Bilbao el 21 de enero de 1970. Es un músico español, letrista y batería del grupo de folk metal Mago de Oz y vocalista del grupo de Glam Metal, Bürdel King.

Txus escribió su primer libro, "El Cementerio de los Versos Perdidos", y lo publicó el 23 de octubre de 2006. Se trata de un disco-libro de 52 páginas que incluye un CD con poemas narrados por él mismo, además de tres canciones: "Adiós Dulcinea" (Wilfred), "Y serás canción" (dedicada a Big Simón, quien murió el mes de julio del mismo año) y "No me digas adiós", con la colaboración de Juanmi Rodríguez de Cuatro Gatos y Leo "La Bestia" Jimenez de Stravaganzza. Este libro se lo dedica exclusivamente a Big Simon al que le dedica las siguientes palabras: "A la memoria de Simón Echevarría (Big Simón), un alma bella que se convirtió en canción". En 2012 publicó su libro "si la vida te pisa desenvaina una sonrisa", una autobiografía de Txus y de la banda Mago de Oz.



lunes, 17 de octubre de 2016

SUEÑOS AL VUELO


SUEÑOS AL VUELO

Hoy abro la jaula de mi pecho
y dejo volar mis sueños rotos.
Sueños que fueron y ya no serán,
retazos de un ayer que no volverá,
de amores baldíos,
frustrados antes de nacer.
Esperanzas mutiladas,
arrancadas como si fueran
malas hierbas
que estrangularon los corazones
rompiendo el hechizo del amor.
Hoy termina ese sueño
que se volvió pesadilla
y antes de odiar, libero,
suelto amarras,
me escabullo
entre el dolor y la tristeza
de lo que pudo ser y no será
y ahogada en lágrimas
le grito al viento,
el viento cruel
que me estrella
contra la muralla 
de sus acusaciones y su crueldad.
Silencio es su respuesta,
silencio tendrá.
Después de haberle dado
todas mis esperanzas,
de que pisoteara mi alma
y clavara en la pica
de una mentira
mi maltrecho corazón,
me abandona como siempre
a esta aciaga suerte
mientras me culpa una vez más.
Hoy abro la jaula de mi pecho,
dejo volar mis sueños rotos
y por primera vez
después de tanto tiempo,
puedo respirar en libertad.
Sin dar explicaciones
ni tenerme que justificar,
libre, libre,
libre para amar 
y libre para olvidar.


Carmen

(17 de octubre del 2016)


Copyright©


"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo



Sueños rotos
La Quinta Estación


domingo, 16 de octubre de 2016

ÁNGEL - Sara McLachlan - (Subtitulada al español)


ÁNGEL
Sara McLachlan
(Subtitulada al español)

¡Quién pudiera en los brazos de un ángel remontar el vuelo más allá de las nubes, más allá de las estrellas, más allá de la densidad!

¡Quién pudiera encontrar la formula de dejarse llevar a ese lugar donde se confunden las memorias y el tiempo deja de ser tiempo y se convierte en Eternidad!

¡Quién pudiera en los brazos de un ángel hallar el amor y poder al fin descansar en paz!


Carmen

(16 de octubre del 2016)


Copyright©


"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo

DANCE ME TO THE END OF LOVE - (Baila conmigo hasta el final del amor) - Leonard Cohen.


DANCE ME TO THE END OF LOVE
(Baila conmigo hasta el final del amor)
Leonard Cohen.

Una de las mejores obras del poeta, novelista y cantautor canadiense Leonard Cohen.
Detrás de tan bella canción se encuentra la triste historia que le sirvió de inspiración. 

Cuentan que en algunos campos de concentración, al lado de los hornos crematorios, un cuarteto de cuerdas tocaban presionados mientras sus compañeros eran asesinados y quemados.

De aquí que la frase "Bailando llévame hasta tu belleza con un ardiente violín" puede interpretarse como el camino a la muerte o también podría pensarse como la entrega a la persona amada.

Todo depende de la imaginación sublime del oyente.

TUS RECUERDOS COMO HOJAS DE OTOÑO


TUS RECUERDOS COMO HOJAS DE OTOÑO

Y se irán convirtiendo tus recuerdos
en hojas de otoño que arrastra
tras de sí el viento del olvido.
Húmedas de lágrimas derramadas,
injusticias torpemente cometidas.
Nada quedó de aquel otro lejano otoño,
cuando el amor comenzaba a ser,
tan etereo como eterno,
trayendo risa e ilusiones
que se fueron diluyendo después en la nada.
Mis ojos enrojecidos de llanto
ya no te suplican
y mi corazón paró su latido
en el mismo instante
de tu último abandono.
Fría... Fría de hielo y miedo,
mi alma inmutable te olvida
y envuelve de nuevo mi corazón
en un sudario inquebrantable de dolor.
Tus recuerdos, ayer amados,
caen hoy a mis pies
como algo imposible y perdido,
algo que no habrá de regresar ya
y arrastra el viento otoñal,
húmedo de lágrimas,
hacia el helado invierno del olvido.


Carmen

(16 de octubre del 2016)


Copyright©


"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo



Dejame Llorar

Ricardo Montaner



martes, 4 de octubre de 2016

ASÍ COMO NO PODEMOS… (De Roberto Juarroz)


ASÍ COMO NO PODEMOS…

Así como no podemos
sostener mucho tiempo una mirada,
tampoco podemos sostener mucho tiempo la alegría,
la espiral del amor,
la gratuidad del pensamiento,
la tierra en suspensión del cántico.

No podemos ni siquiera sostener mucho tiempo
las proporciones del silencio
cuando algo lo visita.
Y menos todavía
cuando nada lo visita.

El hombre no puede sostener mucho tiempo al hombre,
ni tampoco a lo que no es el hombre.

Y sin embargo puede
soportar el peso inexorable
de lo que no existe.



Roberto Juarroz*
(Poesía Vertical)



*Roberto Juarroz: Poeta y ensayista argentino nacido en Coronel Dorrego, provincia de Buenos Aires, en 1925.       

Graduado en Bibliotecología y Ciencias de la Información por la Universidad Nacional de Buenos Aires, se especializó en  la Sorbonne, y desde entonces, fue ensayista, traductor y crítico literario, colaborando en diversos medios de su país y del extranjero.

Miembro de número de la Academia Argentina de Letras y catedrático universitario por más de treinta años, recibió numerosos premios, entre los que se destacan, el premio Esteban Echavarría en 1994, el premio Jean Malrieu de Marsella, y el premio de la Bienal Internacional de Poesía, en Lieja, Bélgica, en 1992.

La parte más importante de su obra, está reunida en  un volumen numerado bajo el título de Poesía Vertical.

Falleció en Buenos Aires en marzo de 1995.     




**Si os interesa leer el libro Poesía Vertical, de Roberto Juarroz, podeis visitar el siguiente enlace:


domingo, 2 de octubre de 2016

EL LIBRO DE SU VIDA


EL LIBRO DE SU VIDA

Tenía por costumbre comenzar a leer los libros por el final y lo que leyó fue tan gris y tan triste, que jamás llegó a leer el resto del libro de su vida.

Carmen

(2 de octubre del 2016)


Copyright©


"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...