Y es que a veces soy vacío y a veces soy nada. Sin identidad ni rostro, anónima, por todos y de todos olvidada. Y me encojo, me enrosco sobre mi misma, como esas flores nocturnas que se resguardan del alba. Y la luz me molesta y me molestan las miradas y me resguardo en el silencio oscuro de la negra noche que me habita y en ese mismo silencio ahogo mi alma en lágrimas.
Sí, ya sé que aquí es primavera, no me volví loca, no ... Bueno, aún no ... O eso creo ...
El Caso es que extraño el otoño, el tuyo y el mío. El pasear juntos pisando las hojas muertas que crujen bajo nuestros pies como quejándose en un último intento por no desfallecer, no sucumbir, no desaparecer. El tumbarnos bocarriba en el claro del bosque donde se ha colado el sol como un furtivo entre las nubes que viajan deprisa, deprisa, como si llegaran tarde a una cita con su amado.
Extraño el fuego de la chimenea, y la taza de té humeante que me preparas para que temple mis manos heladas... Y la mantita de cachemir con que me cubres mientras contemplamos el estallido de oros y ocres en los árboles que atisbamos por la ventana que da a las montañas.
Y extraño las frías gotas de lluvia de que el viento repentino arranca a las nubes. Siempre pensé que eran lágrimas derramadas por el verano perdido ... Pero esas Lagrimas a mí me hacen sonreír cuando las siento caer sobre mi piel y no sé por qué, siempre me hacen pensar en la calidez de tu abrazo.
* La obra que he utilizado para ilustrar mi poema es un oleo de un joven pintor mexicano, Victor López Esteva, quien amablemente me dió permiso para que la utilizara y a quien le agradezco enormemente el detalle.
Victor López Esteva, nace en la H. Cuidad de Juchitán de Zaragoza Oaxaca el 25 de octubre de 1984. Eso dice su perfil en su página web y aquí os dejo el link de la misma para que podais apreciar y disfrutar de su obra: http://www.artistasdelatierra.com/artistas/romeovle/galeria.html
El viejo despertador de siempre entonó su alegre timbrar tan de repente, que su corazón se aceleró hasta casi salírsele del pecho. Tanto tiempo, tantos días escuchando sus "gritos", que era lo que a ella le parecía aquel timbre y nunca llegaría a acostumbrarse a su sonido.
Había sido la noche más espantosa de todas las que recordaba desde que podía recordar. Alargo una mano pesada como plomo y tanteando la mesita de noche logró poner fin a la pesadilla que le taladraba los oídos y le estaba haciendo puré el cerebro.
Tumbada bocarriba sobre su cama y con los ojos aún cerrados, trató de centrar sus pensamientos que aún permanecían en algún lugar de sus sueños. Polvorientos y pesados como viejas telarañas. Pero había algo que aún se le escapaba... Si pudiera recordar...
Sentía la apremiante necesidad de saltar del lecho y un atisbo de euforia febril parecía querer asaltarla. Quería moverse y le era imposible, como si miles de manos ajenas la sujetaran entre las sabanas.
El nerviosismo comenzó a adueñarse de ella... Tenía que pensar, tenía que pararse a pensar que le pasaba...
En un esfuerzo comenzó a repasar entre mentalmente y de viva voz lo que sabía.
- A ver... Me llamo Amelia... Tengo 28 años... Soy abogada... No tengo ningún caso pendiente... Bueno, eso si no contamos con el de ese joven que vino a verme el otro día y que quería demandar a su amada porque esta ya no le quería... Pobre... Tan joven y colgado de quien no le ama...
Los minutos pasan y a lo lejos comienzan a escucharse sonidos de carreras y pisadas; ecos de voces que no podía entender; risas, quejas... Un batiburrillo que iba in crescendo y amenazaba con asfixiarla.
Abrió los ojos. Dos lagos azules de profundas aguas mansas.
Un rayito de sol, seguramente que el primero, se filtró por la ventana y se posó con suavidad de mariposa sobre su nariz haciéndola bizquear. Sonrió a la nada y volvió a repetirse:
- Me llamo Amelia... Tengo 28 años... Soy abogada...
El repiqueteo de unos nudillos nerviosos en la puerta del cuarto la saco abruptamente de sus ensimismados pensamientos.
- Amelia, no has visto que hora es? Haz el favor de levantarte o llegarás tarde a la peluquería y eres la primera.... Vamos, el café te aguarda.
La voz amada de su madre la hizo saltar de su nube al suelo en un tris. Todas sus dudas quedaron disipadas. Se llamaba Amelia, tenía 28 años, era abogada... y hoy se casaba con el amor de su vida.
- El amor de mi vida?
Qué raro sonaba eso...! Alfredo era mas bien... ¿Cómo lo diría...?
Alfredo era un buen hombre al que conocía desde hacía tanto tiempo, que ya era costumbre en su vida. Sí, eso era... Costumbre... Aunque no le amaba, amaba la seguridad confortable que este le ofrecía. Y hoy se casaría con él y sería feliz a su modo durante toda su vida.
Se sentó al borde de la cama sin tener aún el valor de mirar el espléndido vestido de novia que colgado en su vestidor parecía mirarla... ¡Era tan hermoso! confeccionado con todo detalle y todo mimo por manos expertas sólo para ella. Era una replica perfecta del vestido que uso su querida abuela el día de su boda. Se puso en pie de un salto, respiro hondo, saludo al nuevo día con la mejor de sus sonrisas y se encamino a la puerta del cuarto llena de renovado vigor.
- ¡Hoy va a ser un gran día! ¡El mejor día de toda mi vida!
Uno de los poemas mas bonitos de amor, escritos por una mujer. Mas que un poema, toda una declaración de intenciones.
Porque una mujer también puede sostener “en sus brazos “ a un hombre. Al fin y al cabo… sostener un alma no es cuestión de fuerza, sino un acto de generosidad y constancia.
Encontrado en: http://www.dejamequetecuente.net/
***El poema se titula: "Dame la mano, amor" y es de María Luisa Mora Alameda
Por más que trato, mis manos encadenadas no alcanzan la efímera mariposa de la libertad. Tan cerca y tan lejos a la vez... Insufrible agonía es la que siente mi Ser, que querer y no poder va minando mi Alma y envenenando de tristezas mi ya maltrecho corazón.
Y busco y no hallo el modo de romper las cadenas que me atan a la vida ni encuentro la manera de retornar a los sueños... Los sueños que fueron forjando mi ayer.
Feliz y bendecido día para todas las mamás de España, Hungría, Lituania, Portugal y Sudáfrica, países donde se celebra el día de la Madre el primer domingo de Mayo.
"Mi corazón de mujer es rociado con el dulce néctar de sanación que la Madre Cósmica me entrega. En este momento soy parte del Círculo Sagrado de Mujeres de Luz, y unida a mis hermanas, activo mi fuerza espiritual para irradiar energía amorosa a través de mis manos y mi conciencia.
Te pido Madre Cósmica que bendigas mis manos y las manos de mis hermanas en todo el mundo para poder canalizar aquí y ahora tu Luz Sanadora hacia la Madre Tierra.
Te pido Madre Divina que hagas de nosotras un instrumento de tu paz.
Te pido Madre Divina que hagas de nosotras un instrumento de tu Luz.
Te pido Madre Divina que hagas de nosotras un instrumento de tu Amor.
Ayúdanos a despertarnos como Mujeres Sagradas, guerreras del Amor, defensoras de la Vida. Acompañada por la Fuerza espiritual de todas mis hermanas. Envuelvo a la Tierra en una Luz intensamente Violeta y la limpio de todas las heridas. Libero en este instante su dolor y sufrimiento y envuelvo a la Tierra en una serena Luz Rosada, llenando de vibración amorosa cada rincón de este planeta. El poder gestante de mi útero se une al poder gestante de los úteros de mis hermanas, y entre todas formamos un círculo sagrado de protección para la Madre Tierra. Estando juntas y conscientes de nuestro poder femenino unificado, nuestro Amor es un arma concreta, más poderosa que cualquier arma de guerra. Abro en mis circunstancias actuales canales hacia la Gracia Divina.
Me comprometo a Ser Guardiana de la Madre Naturaleza, amando y cuidando todo lo que la Diosa ha creado en la Tierra.
Me comprometo a mantener viva esta oración día tras día, fortaleciendo el Círculo de Mujeres de Luz.
A través de mis actos cotidianos me comprometo a sembrar Amor en la Tierra."