y el pene conmovido enamorado como los niños de sus maestras
y los testículos al borde de las lágrimas de puro enamorados
tengo las manos pesadamente enamoradas
tengo enamorado el pecho combatiente
tengo con delirio enamorada la saliva
tengo la vieja cabeza altanera perdidamente enamorada
y enamoradas como vírgenes ridículas todas sus ideas
y todas mis palabras enamoradas hasta la tartamudez
y tengo enamorada la memoria
y enamorada hasta la abyección la imaginación
tengo el día y la noche enamorados
tengo enamorada cada hora con una herida roja y un sexo violeta
tengo enamorados los oídos y todo lo que oyen
y enamorada la lectura de cada línea que leo y cada idea que pienso
tengo la inteligencia magníficamente enamorada como una estúpida
y tengo enamorado este dedo meñique
y tengo enamorado el gesto con que escribo estas líneas
tengo la voz con que te llamo enamorada
y enamorada la paciencia milagrosa en que te espero
porque te espero enamorado y no me dejes así
junta apretadamente todo esto en tu abrazo
dueña de los enjambres y de las cataratas reúneme
recoge fuertemente en tu abrazo de hermana insensata
apretados contra tus pechos más claros que los himnos
calmados en tu seno de cauce de las fiebres caudales
todos estos pedazos doloridos.
Tomás Segovia*
*Tomás Segovia (1927-2011) es un poeta mexicano de origen español, exiliado durante la guerra civil, cuya obra poética plantea el desamparo y orfandad irremediable del ser humano y cuya salvación sólo es posible encontrarla en el amor y en la belleza. Sus poemas de amor rezuman un hondo erotismo no exento de poderosas imágenes elaboradas con un léxico profundo y seco.
Aunque no pueda verte ni llegue a conocerte, te se. Presiento tu esencia rodeándome. Eres el Universo infinito que me aguarda y aunque desde esta distancia que separa nuestros destinos tengamos que acatar las leyes del tiempo, se que un día, en otra hora y otro lugar, bailaremos juntos la danza cósmica donde seremos al fin, tu de mi y yo de ti en un sólo cuerpo y una sola alma unidos.
Cuando el inspector, Diego Mendez, llegó a la escena del crimen, pensó que aquello parecía el escenario de una película de terror. La sangre salpicaba el pequeño embarcadero como si hubiese sido rociada por un aspersor y cuando uno de los oficiales comentó, casi en un susurro, que aquello parecía la matanza del cerdo de su pueblo, el inspector Mendez suspiro y pensó que su hombre tenía toda la razón, quien hubiera cometido aquel crimen se parecería más a un matarife en día de matanza que a un asesino normal. Claro, si es que se podía considerar normal a alguien que mataba a otro ser humano por diversión.
A pesar de la gran cantidad de salpicaduras de sangre, podían distinguirse las lineas que conformaban lo que debía ser un pentagrama y sobre el cual, en su centro, descansaba el cuerpo desnudo y cosido a puñaladas de la víctima.
Se les llama “gatos” al que al menos sus dos padres han nacido en Madrid. El origen de este curioso término se remonta a principios de la Edad Media. Os cuento a continuación el por qué de esta tradición:
En la segunda mitad del siglo IX, el emir de Córdoba Muhammad I construyó una fortaleza amurallada en un promontorio junto al Manzanares, en el lugar que ocupa hoy el Palacio Real, para vigilar los pasos de la sierra de Guadarrama y ser punto de partida de las razzias contra los reinos cristianos del norte. Junto a la fortaleza se desarrolló, hacia el sur, un poblado que recibió el nombre de Mayrīt (Magerit en su forma castellanizada).
La muralla del Magerit musulmán se edificó con grandes bloques de pedernal. Tenía torres cuadradas y tres puertas de acceso: la puerta de la Vega, el Arco de Santa María y la puerta de La Sagra, además de varios portillos.
Los cristianos intentaron conquistar Magerit en múltiples ocasiones. La primera vez fue en el año 924, bajo el mando del conde Fernán González. Más tarde, en el año 968, Ramiro II de León dejó bastante dañada la fortaleza, y el califa Abderramán ordenó fortificarla.
Según la leyenda, en mayo de 1085 las tropas del rey Alfonso VI avanzaban hacia Magerit. Al amanecer llegaron a la puerta de la Vega. Se movían cautelosamente para sorprender al enemigo. De repente, uno de los soldados se separó del pelotón y comenzó a trepar por la muralla, clavando la daga entre las junturas de la piedra. Subió tan ágilmente que todos empezaron a decir que parecía un gato. Cuando comenzó la lucha el soldado ya había llegado arriba. Corrió al torreón de la fortaleza y cambió la bandera musulmana por la enseña cristiana.
En memoria de esta hazaña, el soldado y toda su familia cambiaron su apellido por el de «Gato». La familia llegó a ser tan estimada que no se consideraba nobleza castiza de Madrid a la que no pertenecía a aquel linaje (o al de Los Escarabajos y Los Muertos, que eran los tres más ilustres de la Villa). Con el tiempo, se acabó llamando «gatos» a todos los habitantes de Madrid.
No se si se deberá a eso mi atracción por los felinos... A que me siento "gata" digo.
Amo mi ciudad y amo a esos pequeños animalitos. Tanto que hoy he decidido dedicarles un homenaje en el blog.
Lo que a continuación os dejo, es un poema inédito de Federico Garcia Lorca que aparece en su libro: "Sonetos del amor oscuro, poemas de amor y erotismo. Inéditos de madurez":
CANCIÓN NOVÍSIMA DE LOS GATOS
Mi Mefistófeles casero
está tumbado al sol.
Es un gato elegante con gesto de león,
bien educado y bueno,
si bien algo burlón.
Es muy músico; entiende
a Debussy, más no
le gusta Beethoven.
Mi gato paseó
de noche en el teclado,
¡Oh, que satisfacción
de su alma! Debussy
fue un gato filarmónico en su vida anterior.
Este genial francés comprendió la belleza
del acorde gatuno sobre el teclado. Son
acordes modernos de agua turbia de sombra
(yo gato lo entiendo).
Irritan al burgués: ¡Admirable misión!
Francia admira a los gatos. Verlaine fue casi un gato
feo y semicatólico, huraño y juguetón,
que mayaba celeste a una luna invisible,
lamido (?) por las moscas y quemado de alcohol.
Francia quiere a los gatos como España al torero.
Como Rusia a la noche, como China al dragón.
El gato es inquietante, no es de este mundo. Tiene
el enorme prestigio de haber sido ya Dios.
¿Habéis notado cuando nos mira soñoliento?
Parece que nos dice: la vida es sucesión
de ritmos sexuales. Sexo tiene la luz,
sexo tiene la estrella, sexo tiene la flor.
Y mira derramando su alma verde en la sombra.
Nosotros vemos todos detrás al gran cabrón.
Su espíritu es andrógino de sexos ya marchitos,
languidez femenina y vibrar de varón,
un espíritu raro de inocencia y lujuria,
vejez y juventud casadas con amor.
Son Felipes segundos dogmáticos y altivos,
odian por fiel al perro, por servil al ratón,
admiten las caricias con gesto distinguido
y nos miran con aire sereno y superior.
Me parecen maestros de alta melancolía,
podrían curar tristezas de civilización.
La energía moderna, el tanque y el biplano
avivan en las almas el antiguo dolor.
La vida a cada paso refina las tristezas,
las almas cristalizan y la verdad voló,
un grano de amargura se entierra y da su espiga.
Saben esto los gatos mas bien que el sembrador.
Tienen algo de búhos y de toscas serpientes,
debieron tener alas cuando su creación.
Y hablaran de seguro con aquellos engendros
satánicos que Antonio desde su cueva vio.
Un gato enfurecido es casi Schopenhauer.
Cascarrabias horrible con cara de bribón,
pero siempre los gatos están bien educados
y se dedican graves a tumbarse en el sol.
El hombre es despreciable (dicen ellos), la muerte
llega tarde o temprano ¡Gocemos del calor!
Este gran gato mío arzobispal y bello
se duerme con la nana sepulcral del reloj.
¡Que le importan los senos (?) del negro Eclesiastés,
¡Oh gatos estupendos, sed guasones y raros, y tumbaos panza arriba bañándoos en el sol!
Federico García Lorca
Para comprender un poco mejor los versos del poeta e imaginar los delicados pasos de un gato sobre el teclado de un piano, es aconsejable acompañar la lectura con la melodía 'Claire de lune' de Claude Debussy:
Y como colofón, a modo musical y humorístico, un video especial en honor a los gatunos:
El 2 de mayo es el día de la Comunidad Madrileña. ¿Qué conmemoramos? El levantamiento del pueblo madrileño contra los franceses y su tiranía.
Cada 2 de mayo, la Comunidad de Madrid celebra una de sus fiestas grandes del año. Durante esta jornada, se conmemora el levantamiento que se produjo en la capital en 1808 contra la ocupación francesa. Las tropas de Napoleón entraron en la Península con el objetivo supuesto de llegar a Portugal -tal y como se había firmado en el Tratado de Fontainebleau-, pero pronto los madrileños se dieron cuenta de que algo no iba bien cuando los galos quisieron llevarse al infante Francisco de Paula a Francia con el resto de miembros de la familia real.
Tras la firma del Tratado de Fontainebleau el 27 de octubre de 1807 y la consiguiente entrada en España de las tropas aliadas francesas de camino hacia Portugal, y los sucesos del Motín de Aranjuez el 17 de marzo de 1808, Madrid fue ocupada por las tropas del general Murat el 23 de marzo. Al día siguiente, se produce la entrada triunfal en la ciudad de Fernando VII y su padre, Carlos IV, que acababa de ser forzado a abdicar a favor del primero. Ambos son obligados a acudir a Bayona para reunirse con Napoleón, donde se producirá el hecho histórico conocido como las abdicaciones de Bayona, que dejarán el trono de España en manos del hermano del emperador, José Bonaparte.
Mientras tanto, en Madrid se constituyó una Junta de Gobierno como representación del rey Fernando VII. Sin embargo, el poder efectivo quedó en manos de Murat, que redujo la Junta a un mero títere, simple espectador de los acontecimientos. El 27 de abril, Murat solicitó, supuestamente en nombre de Carlos IV, la autorización para el traslado a Bayona de los dos hijos de éste que quedaban en la ciudad, María Luisa, reina de Etruria, y el infante Francisco de Paula. Si bien la Junta se negó en un principio, tras una reunión en la noche del 1 al 2 de mayo, y ante las instrucciones de Fernando VII llegadas a través de un emisario desde Bayona, finalmente cedió.
El 2 de mayo de 1808, a primera hora de la mañana, una multitud de madrileños comenzó a concentrarse ante el Palacio Real. La muchedumbre conocía la intención de los soldados franceses de sacar de palacio al infante Francisco de Paula para llevarlo a Francia con el resto de la Familia Real, por lo que, al grito de José Blas Molina «¡Que nos lo llevan!», parte del gentío asaltó el palacio. El infante se asomó a un balcón provocando que aumentara el bullicio en la plaza. Este tumulto fue aprovechado por Murat, que mandó un destacamento de la Guardia Imperial al palacio, acompañado de artillería, la cual hizo fuego contra la multitud. Al deseo del pueblo de impedir la salida del infante, se unió el de vengar a los muertos y el de deshacerse de los franceses. Con estos sentimientos, la lucha se extendió por todo Madrid.
Los madrileños comenzaron así un levantamiento popular espontáneo pero largamente larvado desde la entrada en el país de las tropas francesas, improvisando soluciones a las necesidades de la lucha callejera. Se constituyeron partidas de barrio comandadas por caudillos espontáneos; se buscó el aprovisionamiento de armas, ya que en un principio las únicas de que dispusieron fueron navajas; se comprendió la necesidad de impedir la entrada en la ciudad de nuevas tropas francesas.
Todo esto no fue suficiente y Murat pudo poner en práctica una táctica tan sencilla como eficaz. Cuando los madrileños quisieron hacerse con las puertas de la cerca de la ciudad para impedir la llegada de las fuerzas francesas acantonadas en sus afueras, el grueso de las tropas de Murat (unos 30 000 hombres) ya había penetrado, haciendo un movimiento concéntrico para dirigirse hacia el centro. No obstante, la gente siguió luchando durante toda la jornada utilizando cualquier objeto que fuera susceptible de servir de arma, como piedras, agujas de coser, macetas arrojadas desde los balcones... Así, los acuchillamientos, degollamientos y detenciones se sucedieron en una jornada sangrienta. Mamelucos y lanceros napoleónicos extremaron su crueldad con la población y varios cientos de madrileños, hombres y mujeres, así como soldados franceses, murieron en la refriega. Goya reflejaría estas luchas años después, en su lienzo La Carga de los Mamelucos.
Si bien la resistencia al avance francés fue mucho más eficaz de lo que Murat había previsto, especialmente en la puerta de Toledo, la puerta del Sol y el Parque de Artillería de Monteleón, su operación de cerco le permitió someter a Madrid bajo la jurisdicción militar y poner bajo sus órdenes a la Junta de Gobierno. Poco a poco, los focos de resistencia popular fueron cayendo.
El Dos de mayo fue la rebelión de la Nación española contra los franceses, comenzada por las clases populares de Madrid contra el ocupante tolerado (por indiferencia, miedo o interés) por gran cantidad de miembros de la Administración. De hecho, la entrada de las tropas francesas se había hecho legalmente, al amparo del Tratado de Fontainebleau, cuyos límites, sin embargo, pronto vulneraron, excediendo el cupo permitido y ocupando plazas que no estaban en camino hacia Portugal, su supuesto objetivo. La Carga de los Mamelucos, antes citada, presenta las principales características de la lucha: profesionales perfectamente equipados (los mamelucos o los coraceros) frente a una multitud prácticamente desarmada; presencia activa en el combate de mujeres, algunas de las cuales perdieron incluso la vida (Manuela Malasaña y Clara del Rey, por ejemplo).
Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío o
Los fusilamientos del 3 de mayo pintados por
Francisco de Goya
La represión fue cruel. Murat, no conforme con haber aplacado el levantamiento, se planteó tres objetivos: controlar la administración y el ejército español, aplicar un riguroso castigo a los rebeldes para escarmiento de todos los españoles y afirmar que era él quien gobernaba España. La tarde del 2 de mayo firmó un decreto que creó una comisión militar, presidida por el general Grouchy, para sentenciar a muerte a todos cuantos hubiesen sido cogidos con las armas en la mano («Serán arcabuceados todos cuantos durante la rebelión han sido presos con armas»).
El Consejo de Castilla publicó una proclama en la que se declaró ilícita cualquier reunión en sitios públicos y se ordenó la entrega de todas las armas, blancas o de fuego. Militares españoles colaboraron con Grouchy en la comisión militar. En estos primeros momentos, las clases pudientes parecieron preferir el triunfo de las armas de Murat antes que el de los patriotas, compuestos únicamente de las clases populares.
En el Salón del Prado fueron fusiladas 32 personas el mismo día 2 de mayo, otras 11 personas fueron ejecutadas en otros puntos de la ciudad (Cibeles, Recoletos, Puerta de Alcalá y Buen Suceso). Al día siguiente los franceses fusilaron a 24 personas en la montaña del Príncipe Pío y otros 12 en el Buen Retiro. La cifra exacta de bajas ha sido objeto de gran controversia, pero el historiador Pérez Guzmán, que revisó todos los archivos disponibles en 1908, contabilizó 409 muertos, 39 de ellos militares, y 170 heridos, de los cuales 28 eran militares. El resto de los muertos y heridos eran civiles.3 Aún considerando otros fallecimientos que no fueran registrados (por la confusión del momento o por miedo a represalias francesas) se ha calculado que la cifra total de bajas no superó los 500 muertos, y solo una décima parte de ellos militares.
Murat pensaba haber acabado con los ímpetus revolucionarios de los españoles, habiéndoles infundido un miedo pavoroso y garantizando para sí mismo la corona de España. Sin embargo, la sangre derramada no hizo sino inflamar los ánimos de los españoles y dar la señal de comienzo de la lucha en toda España contra las tropas invasoras. El mismo 2 de mayo por la tarde, en la villa de Móstoles, ante las noticias horribles traídas por los fugitivos de la represión en la capital, un destacado político, Juan Pérez Villamil, Secretario del Almirantazgo y Fiscal del Supremo Consejo de Guerra, hizo firmar a los alcaldes del pueblo (Andrés Torrejón y Simón Hernández) un bando en el que se llamaba a todos los españoles a empuñar las armas en contra del invasor, empezando por acudir al socorro de la capital. Dicho bando haría, de un modo indirecto, comenzar el levantamiento general, cuyos primeros movimientos, aunque posteriormente suspendidos, fueron los que promovieron el corregidor de Talavera de la Reina, Pedro Pérez de la Mula, y el alcalde Mayor de Trujillo, Antonio Martín Rivas. Ambas autoridades prepararon alistamientos de voluntarios, con víveres y armas, y la movilización de tropas, para acudir al auxilio de la capital.
El tiempo pasa y todo parece serenarse. El animo se aquieta, se conforma, se remansa y todo parece darnos igual.
Los recuerdos se van llenando de telarañas polvorientas... Se desvirtúan, duelen menos cada día que pasa... Y por fin alcanzas la total percepción de que es mucho mejor la soledad, aunque te cueste volver a recogerte en tu interior después de haberte vaciado, de haber entregado tu ser entero a otra persona que resulto ser tan solo un espejismo.
Y aunque sigue doliendo el alma cada nuevo amanecer, aprendes a levantarte y seguir caminando. Te vuelves desconfiada porque las mentiras te han herido tanto que eso de ir creyendo lo que te dicen, ya no te llega al corazón como lo hacia antaño.
Y es duro, sí... Es duro enfrentar de nuevo la soledad cuando creíste haber encontrado a aquel que debía ser tu compañero eterno... Y piensas que si alguna vez se te presenta otra oportunidad, cosa improbable, darás mucho menos y exigirás mucho más porque estas cansada de dar y perder, de confiar para ser traicionada una y otra vez...
Sola otra vez... Sin amor... Tu que te sientes parte del Amor, ¿cómo vas a vivir?
En fin... Tiempo al tiempo, que al fin y al cabo, siempre estuviste sola y la soledad no es tan mala, peor es creerte acompañada y vivir el engaño.