sábado, 22 de noviembre de 2014

HISTORIA DE UN AMOR - - Luz Casal



¡Sublime Luz Casal!

HISTORIA DE UN AMOR

Ya no estas mas a mi lado, corazón
En el alma sólo tengo soledad
Y si ya no puedo verte
porque Dios me hizo quererte
para hacerme sufrir más

Siempre fuiste la razón de mi existir
Adorarte para mí fue religion
Y en tus besos yo encontraba
El calor que me brindaban
El amor y la pasión

Es la historia de un amor
Como no hay otro igual
Que me hizo comprender
Todo el bien, todo el mal
Que le dió luz a mi vida
Apagándola después
Ay, qué vida tan oscura
Sin tu amor no viviré

Siempre fuiste la razón de mi existir
Adorarte para mi fue religión
Y en tus besos yo encontraba
El calor que me brindaban
El amor y la pasión

Es la historia de un amor
Como no hay otro igual
Que me hizo comprender
Todo el bien, todo el mal
Que le dió luz a mi vida
Apagándola después
Ay, qué vida tan oscura
Sin tu amor no viviré

LO QUE ME RESTA


LO QUE ME RESTA

Bebí de las aguas de Leteo
en busca del olvido soñado,
más el olvido no me llegó.

Rogué a Morfeo como una mendiga
un poco del ansiado sueño
y el sueño huyó de mis parpados.

Bajé a los infiernos y suplique a Hades
el descanso de mi alma errante
y la muerte se burló de mí y mi condena.

Lo que me resta es tiempo,
tiempo de llantos y penas.
Soledades mias, compañeras eternas.


Carmen
(22 de noviembre del 2014)


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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Y LA VIDA...


Y LA VIDA...

Y la vida seguirá
aunque ya nada tenga sentido.
Náufragos en el mar de la desolación
sin un puerto al que arribar,
en medio de un incierto destino.

Y la vida seguirá
aunque llevemos las alas rotas.
Huérfanos en tierra hostil
sin un abrazo por abrigo,
allí donde solo habita el olvido.

Y la vida seguirá...


Carmen

(19 de noviembre del 2014)



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lunes, 17 de noviembre de 2014

A TI...



A TI...

A ti que prometiste
cuidarme y protegerme,
curarme con dulzura las heridas.

A ti quiero decirte
que al final fuiste lo peor
que le pudo pasar a mi vida.

A ti quiero decirte
que me dejaste el alma rota
y el corazón para siempre hecho trizas.


Carmen
(17 de noviembre del 2014)


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domingo, 16 de noviembre de 2014

MARIPOSAS


Imagen de Christian Schloe

MARIPOSAS

Ora blancas cual copos de nieve,
ora negras, azules o rojas,
en miríadas esmaltan el aire
y en los pétalos frescos retozan.
Leves saltan del cáliz abierto,
como prófugas almas de rosas
y con gracia gentil se columpian
en sus verdes hamacas de hojas.
Una chispa de luz les da vida
y una gota al caer las ahoga;
aparecen al claro del día,
y ya muertas las halla la sombra.

¿Quién conoce sus nidos ocultos?
¿En qué sitio de noche reposan?
¡Las coquetas no tienen morada!...
¡Las volubles no tienen alcoba!...
Nacen, aman, y brillan y mueren,
En el aire, al morir se transforman,
y se van sin dejarnos su huella,
cual de tenue llovizna las gotas.
Tal vez unas en flores se truecan,
y llamadas al cielo las otras,
con millones de alitas compactas
el arco iris espléndido forman.
Vagabundas, ¿en dónde está el nido?
Sulanita, ¿qué harén te aprisiona?
¿A qué amante prefieres, coqueta?
¿En qué tumbas dormís, mariposas?

¡Así vuelan y pasan y expiran
las quimeras de amor y de gloria,
esas alas brillantesdel alma,
ora blancas, azules o rojas!
¿Quién conoce en qué sitio os perdisteis,
ilusiones que sois mariposas?
¡Cuán ligero voló vuestro enjambre
al caer en el alma la sombra!
Tú, la blanca, ¿por qué ya no vienes?
¿No eres fresco azahar de mi novia?
te formé con un grumo del cirio
que de niño llevé a la parroquia;
eres casta, creyente, sencilla,
y al posarte temblando en mi boca
murmurabas, heraldo de goces,
"¡Ya está cerca tu noche de bodas!"

¡Ya no viene la blanca la buena!
¡Ya no viene tampoco la roja,
la que en sangre teñí, beso vivo,
al morder unos labios de rosa!
Ni la azul que me dijo: ¡poeta!
¡Ni la de oro, promesa de gloria!
¡Es de noche... ya no hay mariposas!
¡Ha caído la tarde en el alma!
Encended ese cirio amarillo...
¡Las que tienen las alas muy negras
Ya vendrán en tumulto las otras,
y se acercan en fúnebre ronda!
¡Compañeras, la pieza está sola!
Si por mi alma os habéis enlutado,
¡Venid pronto, venid mariposas!



Manuel Gutiérrez Nájera




Imagen de Christian Schloe



 Manuel Gutiérrez Nájera (1859-1895). Poeta y escritor mexicano.

Pasó toda su vida en Ciudad de México, salvo breves visitas a Querétaro y Veracruz y alguna temporada en una hacienda familiar de Puebla, donde se sitúa la dramática acción de su cuento La mañanita de San Juan.

Manuel Gutiérrez Nájera cultivó diversos géneros literarios en prosa y en verso, y perteneció a la primera generación modernista. Influido por el marcado afrancesamiento de su ciudad, se inspiró en Verlaine, Gautier y Musset, aunque también admiró a los místicos españoles.

En su madurez poética se inclinó por los parnasianos, el simbolismo y el modernismo, el cual contribuyó a difundir desde 1894 a través de la publicación de Azul, revista clave del movimiento.


Entre las obras de Manuel Gutiérrez Nájera destacan La duquesa Job, los volúmenes de cuentos Cuentos frágiles, de 1883, y Cuentos de color de humo, de 1894. Falleció a los treinta y seis años de edad, y su obra lírica fue recopilada en 1896 en el volumen Poesías.

jueves, 13 de noviembre de 2014

martes, 11 de noviembre de 2014

SUEÑOS

Foto de Ben Goossens

SUEÑOS

Los sueños que fueron de ayer
volaron lejos, alto y lejos,
infinitamente lejos de mi.
Se perdieron por las sendas quebradas
donde mi alma perdió la esperanza,
donde mi vida dejó de ser mi vida
y agonizaron mis ganas de seguir.
Los sueños que fueron 
luz diafana en mis ojos ayer,
han quedado para siempre a oscuras
y ya no han de volver.
Se perdieron en un viaje sin retorno
de la locura que creía
a la mentira que vivo,
vida donde ya no tienen cabida,
donde no queda ilusión
y todos los trucos de magia
han quedado al descubierto
dejándome vacía,
como el tahúr al que descubrieron
las trampas que hacia
y elige morir a vivir
salvaguardando así
un poco de la dignidad perdida
en su absurdo y continuo fingir.
Los sueños que fueron y he perdido,
los sueños de creerme viva,
los sueños de pensarme buena,
los sueños de querer y no poder.
Los sueños que me envolvían,
me cubrían, me protegían,
esos sueños añorados
que ya nunca volveré a tener.


Carmen

(11 de noviembre del 2014)


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ESPERA

Imagen de Catrin Welz-Stein

ESPERA

A fuerza de esperar,
mi cuerpo echó raíces
y se volvió enredadera.
Trepó por las paredes insalvables
que el tiempo fue levantando,
por asomarse al camino
que habría de traerte de vuelta.
Pero tu no llegaste,
no llegaste ni llegarás ya nunca.
No se que ataduras te atan lejos
ni se si piensas en mí
o quizás ya ni me recuerdas.
No imagino la vida sin ti
y sin ti peno y sufro,
soy llanto que derramo,
esperanza que nace 
para morir al instante,
como un suspiro en mis labios.
Y me voy enredando más y más
entre penas y recuerdos,
enredadera cruel 
que me ata y me ahoga,
que pone locura desolada
a esta espera sin fin
de esperar lo que nunca llega.


Carmen

(11 de noviembre del 2014)



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miércoles, 5 de noviembre de 2014

ESENCIA

Fotografía de Natalia-Zakonova

ESENCIA

Ser la esencia divina que ilumina la mirada,
prende fuego al alma cuando te pienso lejano
y te siento cerca, muy cerca de mi.

Ser la esencia viva de esa niña que me habita,
que se esconde en la eterna morada,
allí donde es más profundo mi corazón.

Ser la esencia revivida, nunca muerta ni apagada,
la que desde siempre te llenó el Alma,
complemento sagrado del Amor que te puebla, amor.

Ser la esencia de las flores más hermosas,
aquellas con las que tejías mis guirnaldas y perfumabas 
mis sienes dibujando sueños que aún están por vivir.

Esencia pura y viva del Amor que crece y desborda,
que no se pierde ni se olvida nunca,
que se hace más inmenso día a día.

Esencia que respiras en cada latido de tu pecho.
Se desboca apasionada en locuras
que rebasan con premura la razón.

Esencia enamorada que recorre las distancias,
se enfrenta a los peligros valiente
y vence a sus enemigos sólo por ti.

Esencia de niña y de dulzura,
de amorosa ternura que te regalo, te brindo,
mi vida eterna por ti y para ti.


Carmen

(5 de noviembre del 2014)


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viernes, 31 de octubre de 2014

EL VELO DE LA NOVIA


EL VELO DE LA NOVIA


Aún faltaba algo más de una semana para que comenzara el otoño y ya se presentía su llegada. Aquel año no habría veranillo de San Miguel, esos días repentinamente cálidos con los que solían despedirse los veranos. El viento viajero del norte había llegado antes de tiempo cargado de una humedad excesiva y al caer la tarde el fresco ya se apoderaba de uno y lo entumecía.

Era precisamente a esa hora, cuando el sol alarga sus rayos en el horizonte, reticente en desaparecer y dar paso a la oscuridad, cuando Jaime corría a encontrarse en el cercano bosquecillo con su amada.

La había conocido en los últimos días de agosto un atardecer en el que presintiendo una nueva noche de insomnio decidió  salir de casa y pasear por los caminos con la intención de cansarse lo suficiente como para caer rendido al volver y así dormir al fin. Desde el accidente de moto que había sufrido y por el cual se encontraba de reposo, como diría el bueno de su doctor, en aquellos parajes, no conseguía dormir  bien y pasaba las noches en un ir y venir deambulando por las estancias de aquel caserón familiar sin más compañía que la atenta mirada de un hermoso gato negro.

Las horas en aquel lugar pasaban inexorablemente lentas y aburridas y aquellos paseos constituían la única distracción con la que contaba. Aquel día, había tomado el sendero de la izquierda cuando llegó a la bifurcación del camino. Era más estrecho que el camino de la derecha, más empinado y más silvestre; como si nadie pasara por allí de manera continuada. El aire traía aromas lejanos a flores silvestres y a alguna hierba aromática que no lograba identificar pero que le remontaba a su niñez cuando junto a sus padres y hermanos pasaban los veranos en esa misma casona que era la casa de los abuelos maternos.

Llevaba recorrido un buen trecho de aquel angosto y pedregoso camino cuando se dio cuenta de que el sol estaba pronto a ocultarse del todo. Llevó su mano derecha al bolsillo de su chaqueta y comprobó que su pequeña linterna seguía ahí, no deseaba perderse en la oscuridad de aquellos parajes. No era miedoso ni mucho menos, pero era consciente que no conocía el terreno como para regresar solo y a oscuras a la casa. Unos metros más allá, el terreno se ensanchaba en una pequeña explanada antes de continuar.

Allí, sentada en una piedra, bajo un gran árbol junto al camino fue donde la encontró por primera vez. Su silueta se recortaba mágicamente contra el último rayo del sol y le impedía verla bien; tan sólo algunos rasgos que le daban un halo de misteriosa belleza y le intrigaron. La saludo con la mano y ella le devolvió el saludo amablemente y entonces él se atrevió a hablarle. Se acercó a ella tendiéndole la mano mientras le decía su nombre y quedó allí, de pie frente a ella que seguía sentada con la mirada baja y en silencio.

Por un momento dudo si se trataba de una persona o sería alguna planta o arbusto al que la escasa luz le daba una apariencia humana, pero la voz de ella se dejó oír repentinamente como un susurro, como un eco cálido y lejano,  como si llegara desde muy lejos pronunciando su nombre… Rosaura.

Jaime, intentó seguir hablando con aquella mujer pero ella persistía en un obstinado silencio y él, termino por retomar el camino de regreso a su casa. Aquella noche, cayó en un profundo sueño y sus pesadillas dejaron paso a otra donde el nombre de Rosaura se repetía una y otra vez. La noche dio paso a un hermoso día y Jaime se despertó con los primeros rayos de sol, se sentía mejor que nunca. Se sentía vivificado, ligero y el nombre de quien ya sentía y veía en su mente como una mujer joven, hermosa y encantadora se le representaba allá donde mirara… Rosaura… Era como una dulce melodía. Pronunciarlo le provocaba cosquillitas en los labios y un ligero mareo parecía afectarle cuando pensaba en ella. Ese mismo atardecer y al siguiente y los sucesivos, repitió su paseo hasta donde la encontró por vez primera.

Al principio ella se mostraba callada y tímida, pero los días pasaban y las conversaciones se hacían más largas. Jaime se dejaba llevar por la pasión repentina que le empujaba a buscarla como una necesidad vital por estar a su lado. Vivía los días en un continuo sobresalto y ansiaba que las horas pasasen para correr al encuentro de su amada. Septiembre pasó y octubre llegaba casi a su fin cuando ambos decidieron poner fin a aquella separación forzada de cada día y unir para siempre sus vidas. 

Hicieron locos planes, se casarían el último día del mes, al  ocultarse el sol, como se habían conocido y en la pequeña ermita del pueblo.

Jaime, loco de amor, no veía imposibilidad alguna para unirse con ella. Si bien al despertar cada mañana, reconocía lo inusual de la situación y el hecho de no saber nada de su amada, pronto olvidaba esos detalles y volvía a ilusionarse con su próxima boda. Sería una ceremonia sencilla e íntima. El sacerdote del pueblo era su amigo de la infancia y con él y dos o tres testigos bastarían. Ya habría tiempo más tarde para celebrar una boda a lo grande rodeados por ambas familia.

Su amigo sacerdote trato de disuadirle alegando lo inusual de lo que le pedía mientras argumentaba que el último día del mes era la víspera de Todos los Santos y no le parecía  lo más adecuado celebrar una boda la misma noche en que se celebraba la fiesta pagana de los muertos; pero ante la insistencia y persuasión de su amigo, termino cediendo y así acordaron encontrarse en las puertas del templo a la caída del sol del mencionado día.

Jaime encargo que decoraran con flores blancas y profusión de velas la pequeña ermita y acordó con algún que otro amigo en que acudirían el día señalado y le acompañarían como testigos del paso que iba a dar. Rosaura parecía feliz y nerviosa o así la sentía él cuando acudía a su cita y dos noches antes, entre reticente y divertido accedió a concederle el deseo de no verse hasta el momento de la boda y frente al mismo altar a los pies de la Santa.

¡Qué largas le resultaban las horas de espera! Pero por fin llego el ansiado momento y allí estaba él, frente al altar, esperando la llegada de su amada, casi comiéndose las uñas de la impaciencia casi frenética que le embargaba. Los amigos trataban de calmarle o le gastaban bromas que solo aumentaban su nerviosismo. La pequeña ermita brillaba esplendida a la luz de las velas y en el aire flotaba un suave aroma a los claveles y crisantemos que la adornaban.

A las nueve en punto, ya totalmente oscurecido el día desde hacía un largo rato, vieron entrar a la novia. Venia sola. Recorrió el camino desde la puerta de la ermita al altar a paso lento y con la cabeza inclinada. Nada se veía de su persona, pues un velo de fino encaje le cubría de la cabeza a los pies y le ocultaba la cara.

La ceremonia fue rápida y sencilla y por fin llegó el momento en el que el novio debía besar a la novia ya convertida ante Dios y ante los presentes en su esposa. Jaime tomó el extremo del velo y comenzó a levantarlo cuando una duda le cruzó por la mente tan fugaz que ni siquiera llegó a considerarla. Rosaura le ayudo a levantar el velo que la cubría y por fin todos pudieron contemplar su cara. Bella, de tez muy blanca, parecía la estrella vespertina, la misma diosa Venus personificada. Jaime se sintió repentinamente intranquilo al mirar su cara. Había algo tremendamente frío en aquellos ojos que amaba, algo burlón y hasta inhumano en aquellos labios que le sonreían y le invitaban a besarla. Sintió o presintió ese halo diabólico que la envolvía, pero algo le empujaba a abrazarla y besarla. La rodeó con sus brazos y unió  sus labios a los de ella en un beso enamorado. 

Sintió un frio helado que le llegaba de su cuerpo mientras veía como el sacerdote trazaba sobre el lazo de ese beso la señal de la cruz y resonaba en sus oídos las palabras de su unión sagrada: “Que lo que Dios ha unido, no lo separen los hombres”.

¡Hecho estaba! ¡Eran marido y mujer!

Y de repente una risa ensordecedora brotó entre los labios de Rosaura mientras se separaba de él. Jaime la miraba paralizado, su piel pálida se acentuaba con el brillo cerúleo de las velas que casi agonizaban. Sus rodillas se doblaron y quedó arrodillado ante el altar mientras sus manos aferraban su pecho y su boca se abría tratando de atrapar bocanadas de un aire que no alcanzaba.

Los demás estaban tan pálidos y paralizados como el mismo novio y no atinaban que hacer. Rosaura aun riendo como una poseída salió corriendo de la ermita y se perdió en la noche.

El pobre Jaime murió al  pie del altar ante el pasmo aterrorizado de sus amigos que no pudieron hacer nada por ayudarle.

Dos días después de tan inusual boda, día de Difuntos, enterraban al pobre desgraciado en el cementerio del pueblo. Le acompañaron los mismos amigos que fueron testigos de la ceremonia macabra y ofició el sepelio el mismo sacerdote que los había casado. Entre ellos, se había instaurado un pacto de silencio no pronunciado y nadie supo lo sucedido aquella noche aciaga. De hecho, ninguno de ellos parecía recordar mucho de lo sucedido, como si la memoria colectiva se hubiera bloqueado a lo vivido y lo olvidaran un poco más cada minuto que pasaba. Más, cuando el funeral termino y ya salían del cementerio, uno de ellos se fijó que en el extremo más alejado del mismo, sobre una tumba antigua que ya nadie recordaba ni visitaba, se veía un ramo de flores y de la cruz que adornaba la losa pendía, ondeando  al viento…El velo de la novia.


Carmen

(31 de octubre del 2014)


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jueves, 30 de octubre de 2014

HAIKUS



OTOÑO

Otoño breve,
policromía en sepia
sembrando fuegos.


Paisaje veneciano bajo la lluvia
Gabriel Gonzalo

VENECIA

Las nubes lloran,
paraguas solitario,
Venecia sola.


NOCHE

Noche oscura,
tristezas aflorando,
fuegos que prenden.


AMANTES

Son dos amantes
enraizándose firmes,
naturaleza.





UNA CANCION TRISTE - Enrique Bunbury




UNA CANCION TRISTE
Enrique Bunbury


Una canción triste para los momentos bajos, 
para sentirte acompañado cuando sientes vencido, 
una canción triste para cuando estas solo, 
cuando no sabes el modo de salir adelante. 

Has tenido el mundo a tus pies, 
el aroma de la gloria es buena compañía, 
pero poco duradera, lo que sube baja, 
y si permanece intacta, 
pierdes las llaves de la mansión, alguien ocupo tu salón, 
y se acuesta con tu mujer, 
lo peor es que disfruta más que en tu luna de miel, 
se bañan en tu piscina se comen tu comida 
y tiran el piano blanco por el balcón. 

Una canción triste para los momentos bajos, 
para sentirte acompañado cuando te sientes vencido. 
Una canción triste para cuando estás solo, 
cuando no sabes el modo de salir adelante. 

Una canción triste para los momentos bajos, 
para sentirte acompañado cuando te sientes vencido. 
Una canción triste para cuando estás solo, 
cuando no sabes el modo de salir adelante. 

Has tenido la furia consentida, la que sin duda merecías, 
los chicos se arrodillaban al verte pasar, como un profeta, 
o un mesías, tú pronosticabas lo que iba a suceder. 
Un fallo lo tiene cualquiera, cualquiera menos tú. 
Tenías el touch, y el don especial, tocado por la mano de Dios, 
¿qué es lo que pasó?, ¿quién se ofendió? 

Una canción triste para los momentos bajos, 
para sentirte acompañado cuando te sientes vencido. 
Una canción triste para cuando estás solo, 
cuando no sabes el modo de salir adelante

CANTO (el mismo dolor) - Enrique Bunbury



CANTO (el mismo dolor)
Enrique Bunbury


Canto porque me levanto siempre con las mismas penas,
con las heridas abiertas que siguen sin cicatrizar.
Vago por las veredas, por desiertos, por la selva,
surcando los anchos mares, hacia ningún lugar.

Canto porque me canso de dar explicaciones,
no tengo soluciones, ¿para qué tanto preguntar?
Salto de cama en cama, de boca a boca, de falda en falda.
No vuelvo por donde vine, nunca miro hacia atrás.

Y no hay mejor ni peor, pues con la gente que tropiezo,
sufren del mismo dolor, están igual, el mismo dolor.
No hay mejor ni peor, si estás quieto o en movimiento,
sufres el mismo dolor, estás igual, el mismo dolor.

Canto porque me harto de lugares concurridos,
de esquemas aburridos para conseguir seguridad.
Parto de aquí a otro lado, crías cuervos, y te comen los ojos luego.
Canto porque me levanto, siempre con las mismas penas.

Y no hay mejor ni peor, pues con la gente que tropiezo,
sufren del mismo dolor, están igual, el mismo dolor.
No hay mejor ni peor, si estás quieto o en movimiento,
sufres el mismo dolor, estás igual, el mismo dolor.



lunes, 27 de octubre de 2014

PENSAMIENTO DE GATO


PENSAMIENTO DE GATO


Érase una vez un gatito.

Alguien lo llevó a ver un tigre, cuyo tamaño era cincuenta veces el suyo.

El gatito dijo:

- Quien impresiona tanto debe valer poco. Si adentro tuviese realmente algo, no necesitaría ser tan voluminoso.


Shah Idries.

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