lo recuerdo como si fuese ahora mismo.
Recuerdo el aroma de las más bellas flores
y como acariciaste mi cuerpo con sus pétalos,
lenta, interminablemente....
Mientras mis ojos te suplicaban y tu no cedías,
querías llenarme de deseo,
que éste me volviera ardiente,
ansiosa de ti y tus caricias.
Fui volcán en tus manos.
Suspiros de fuego que brotaron de mi
como desbocado torrente enamorado.
Y te ame.... y me amaste
en aquel lecho de rosas rojas.
Y su aroma nos elevó al cielo más hermoso.
Mis caricias llenas de promesas y mimos,
de renuncias ante tu empuje frenético,
del batir de la quilla de tu cuerpo
contra el malecón de mi puerto
mecidos por el vaivén de las olas del deseo.
Te entregué mi cuerpo entre pétalos de sangre,
te entregué algo más que mi cuerpo,
te dí en aquel instante sublime lo mejor
que nunca nadie podría entregarte.
Te entregué la virginal esencia que guardaba mi vientre.
Dama de las rosas me llamaste entonces,
tu dama enamorada y deseada,
aquella que elevaste a los más altos altares.
En mil noches nos amamos.
Pasión y fuego desatados,
lujuria y furia contenida tanto tiempo.
Dama de las rosas sigo siendo para ti....
Sueños que soñar entre dos que se quieren
y sentirte y sentirme aunque estemos lejos,
cada noche... en el lugar de nuestro secreto.
Y me tomas.... y te tomo,
me posees.... te poseo
Estallan las caricias contenidas, los suspiros,
los besos encadenados, el batir de los cuerpos
en el campo de batalla que es el lecho
y al amanecer la aurora nos encuentra abrazados,
unidos en un abrazo que ha de ser eterno.
Dama de las rosas fui, soy y seré,
aquella que más te amó y más te ama,
la que te espera cada noche en el lecho
la que te entregará su cuerpo, como te entregó su alma,
la que dejará que la poseas una y mil veces
sobre un lecho de rosas rojas.
Carmen
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"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo