Se han preñado de olvido
estas soledades.
De olvido cargado de dudas,
polvorientas de duna
y llenas de dogales.
Sogas que asfixian,
cualquier atisbo de
nuevas oportunidades.
Risas que murieron
antes de que las pariera nadie.
Y un dolor en las entrañas,
una mordedura de látigo
en mis gélidas carnes,
las palabras vacías
que no ha de escuchar nadie.
Quebranto,
quebranto que rasga
la placida brisa
como un canto de puñales.
Y en medio de todo yo,
inmersa en mi propia vorágine.
Abandonada y sola
como una rosa sin agua,
bajo los rayos ardientes
que aún afloran
cuando muere la tarde.
Seca, sin más lágrimas,
sin más palabras,
sin más preguntas
que no ha de responder ya nadie.
Y me iré deshojado
poco a poco
en reverente silencio,
cuando la noche me alcance.
Carmen
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"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo

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