lunes, 26 de septiembre de 2016

AÏSHA


Mujer árabe egipcia
Oleo sobre tela (2011)
Autor: José Miguel Costa Esteban*


AÏSHA


 “Guarda tus tesoros. 
Yo quiero más que eso, 
los barrotes son barrotes, incluso si son de oro. 
Yo quiero los mismos derechos que tu."

Aïcha
(Canción de Cheb Khaled)


Contaban las ancianas de lugar, que cuando Aïsha llegó al mundo, su llanto no fue un llanto normal, sino que se asemejaba más a la risa cantarina de una cascada o al gorgoteo de la lluvia cuando estallaba la tormenta en mitad del desierto.

Aïsha fue luz y fue alegría desde el primer momento. Fue dicha y torbellino vivo. Donde ella estaba, la vida renacía, florecía, vibraba. Para sus padres era su más preciado tesoro. Todos los caprichos eran pocos para la niña de sus ojos y ella no pedía nada en realidad. Ni joyas, ni vestidos hermosos, tan sólo pedía que la dejaran libertad para volar.

Niña bonita que se convirtió en joven hermosa. Codiciada y deseada por los grandes señores del lugar, a los que aprendió muy pronto a esquivar y rechazar.

Hasta que un día aciago entre todos para la joven, fue el mismo sultán el que habiendo llegado de incógnito a la casa de su padre, fijo sus ojos en ella y quedó prendado de su beldad. No pudiendo quitarse los ojos de Aïsha de su mente ni su voz dulce del corazón, un mes después la desposaba casi a la fuerza, por designio divino y mandato humano bajo la amenaza de muerte a los suyos, la deshonra y el deshonor.

Era una noche serena. La gran luna llena se reflejaba en las aguas del estanque y el murmullo de las fuentes ponía una nota musical a la caricia del viento. El perfume del jazmín se confundía con el aroma de los arrayanes, marcando la esencia de los jardines de una fuerte sensualidad. Aïsha languidecía entre almohadones de seda sumida en una honda tristeza, mientras el sultán le prometía un cielo cuajado de diamantes que brillaran como estrellas, tan sólo para ella.

Y a cada promesa de él, una lágrima de ella brotaba de sus negros ojos y un dolor profundo le iba pintando profundas ojeras y desdibujando la sonrisa de sus labios hermosos

Y entre susurros esta conversación de los esposos se oyó:

- ¿Qué deseas? ¿Qué puedo darte? Mi vida diera porque tu me amases, mi oro porque me quisieras. Todo, todo te lo doy.

- No quiero barrotes de oro ni cadenas de diamantes que cortan mis alas. No quiero un amor que me quiere esclava, que me mantiene prisionera y me mata de dolor.

- ¿Qué deseas? 

- Deseo ser libre. Libre para soñar.  Libre para pensar. Libre para creer. Deseo bailar en un rayo de luna, bañarme en el agua fresca de las fuentes, danzar con el viento y ser ligera y sutil como el perfume de una flor.

- Darte eso sería perderte y si te pierdo, moriré de dolor.

- Entonces aprende a amar la muerte, lo mismo que la amo yo.

Y sacando de entre sus velos una delicada daga, la joven Aïsha en su pecho la hundió.

Gritos desgarrados acallan el croar de las ranas y el alegre cri-cri de los grillos. Aïsha, agoniza en sus brazos y el sultán se muere con ella a cada estertor.

Y cuentan las viejas del lugar, que en noches de luna llena, a aquellos amantes que miran su reflejo en los estanques, ven a la joven y bella Aïsha danzar. Libre como la brisa, persiguiendo el aire, oliendo a jazmínes... a arrayanes... a azahar. Y el viento murmurar entre los árboles: "El amor es libre... Nada lo puede forzar."


Carmen
(26 de septiembre del 2016)


Copyright©


"Omnia mea mecum porto"
Soy todo lo que tengo

______________________________________


*La imagen que acompaña mi humilde relato, pertenece a José Miguel Costa Esteban, al que desde aquí le agradezco el detalle que ha tenido al darme permiso para utilizarla.

De sí mismo, Jose Miguel nos dice en su blog:

“Artista nacido en Barcelona el 10-12-1971.

Cursó el ciclo formativo de Artes Aplicadas al Muro en la Escola Massana de su ciudad natal.

Actualmente esta formándose en la Universitat Autónoma de Catalunya, en la carrera de Historia del Arte.

Mi obra comprende diversos temas, que iré insertando en diferentes blogs enlazados. La Galería Oscura pretende ser una muestra de toda mi pintura relacionada entre otros temas, con el paisaje, el mundo árabe, el onirismo, el retrato, y también con la literatura y el cine de terror, y muy especialmente he querido reflejar en ella mis miedos y mitos cinematográficos. Mi trabajo procura ser un enfoque de mi fantasía, y una forma de ver, temer siempre, y en muchos casos, humanizar lo monstruoso. lo que se nos parece en su monstruosidad, también es temible.”

Yo os invito a visitar su blog e ir descubriendo a un magnífico artista y su gran obra:



Así mismo, os dejo una canción que creo acompañará de algún modo a mi relato y os transcribo la letra de la misma en español:




Aïsha
Cheb Khaled


Como si yo no existiese, 
ella pasa a mi lado 
Sin una mirada, Reina de Saba. 
Le dije: “Aïsha, toma: todo es para ti” 

Aquí tienes, las perlas, las joyas, 
también el oro que rodea tu cuello, 
los frutos bien maduros con sabor a miel, 
mi vida, Aïsha, si tu me amas. 

Yo iré donde tu aliento nos lleve, 
al país del marfil y del ébano 
yo borraré tus lágrimas, tus penas. 
Nada es demasiado para alguien tan bella. 

Oooh ! Aïsha, Aïsha, escúchame. 
Aïsha, Aïsha, no te marches. 
Aïsha, Aïsha, mírame. 
Aïsha, Aïsha, respóndeme. 

Yo recitaré las palabras de los poemas. 
Yo tocaré las músicas del cielo. 
Yo cogeré los rayos de sol 
para iluminar tus ojos de reina. 

Oooh ! Aïsha, Aïsha, escúchame. 
Aïsha, Aïsha, no te marches. 

Ella dijo: “guarda tus tesoros. 
Yo quiero más que eso, 
los barrotes son barrotes, incluso si son de oro. 
Yo quiero los mismos derechos que tu." 
Aaaaah ! 

Como si yo no existiese, 
ella pasa a mi lado 
Sin una mirada, Reina de Saba. 
Le dije: “Aïsha, toma: todo es para ti” 

Aïsha, Aïsha, escúchame. 
Aïsha, Aïsha, escúchame. 
Aïsha, Aïsha, no te marches. 
Aïsha, Aïsha, mírame. 
Aïsha, Aïsha, respóndeme. 
Lalala…lalala…

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