viernes, 31 de octubre de 2014

EL VELO DE LA NOVIA


EL VELO DE LA NOVIA


Aún faltaba algo más de una semana para que comenzara el otoño y ya se presentía su llegada. Aquel año no habría veranillo de San Miguel, esos días repentinamente cálidos con los que solían despedirse los veranos. El viento viajero del norte había llegado antes de tiempo cargado de una humedad excesiva y al caer la tarde el fresco ya se apoderaba de uno y lo entumecía.

Era precisamente a esa hora, cuando el sol alarga sus rayos en el horizonte, reticente en desaparecer y dar paso a la oscuridad, cuando Jaime corría a encontrarse en el cercano bosquecillo con su amada.

La había conocido en los últimos días de agosto un atardecer en el que presintiendo una nueva noche de insomnio decidió  salir de casa y pasear por los caminos con la intención de cansarse lo suficiente como para caer rendido al volver y así dormir al fin. Desde el accidente de moto que había sufrido y por el cual se encontraba de reposo, como diría el bueno de su doctor, en aquellos parajes, no conseguía dormir  bien y pasaba las noches en un ir y venir deambulando por las estancias de aquel caserón familiar sin más compañía que la atenta mirada de un hermoso gato negro.

Las horas en aquel lugar pasaban inexorablemente lentas y aburridas y aquellos paseos constituían la única distracción con la que contaba. Aquel día, había tomado el sendero de la izquierda cuando llegó a la bifurcación del camino. Era más estrecho que el camino de la derecha, más empinado y más silvestre; como si nadie pasara por allí de manera continuada. El aire traía aromas lejanos a flores silvestres y a alguna hierba aromática que no lograba identificar pero que le remontaba a su niñez cuando junto a sus padres y hermanos pasaban los veranos en esa misma casona que era la casa de los abuelos maternos.

Llevaba recorrido un buen trecho de aquel angosto y pedregoso camino cuando se dio cuenta de que el sol estaba pronto a ocultarse del todo. Llevó su mano derecha al bolsillo de su chaqueta y comprobó que su pequeña linterna seguía ahí, no deseaba perderse en la oscuridad de aquellos parajes. No era miedoso ni mucho menos, pero era consciente que no conocía el terreno como para regresar solo y a oscuras a la casa. Unos metros más allá, el terreno se ensanchaba en una pequeña explanada antes de continuar.

Allí, sentada en una piedra, bajo un gran árbol junto al camino fue donde la encontró por primera vez. Su silueta se recortaba mágicamente contra el último rayo del sol y le impedía verla bien; tan sólo algunos rasgos que le daban un halo de misteriosa belleza y le intrigaron. La saludo con la mano y ella le devolvió el saludo amablemente y entonces él se atrevió a hablarle. Se acercó a ella tendiéndole la mano mientras le decía su nombre y quedó allí, de pie frente a ella que seguía sentada con la mirada baja y en silencio.

Por un momento dudo si se trataba de una persona o sería alguna planta o arbusto al que la escasa luz le daba una apariencia humana, pero la voz de ella se dejó oír repentinamente como un susurro, como un eco cálido y lejano,  como si llegara desde muy lejos pronunciando su nombre… Rosaura.

Jaime, intentó seguir hablando con aquella mujer pero ella persistía en un obstinado silencio y él, termino por retomar el camino de regreso a su casa. Aquella noche, cayó en un profundo sueño y sus pesadillas dejaron paso a otra donde el nombre de Rosaura se repetía una y otra vez. La noche dio paso a un hermoso día y Jaime se despertó con los primeros rayos de sol, se sentía mejor que nunca. Se sentía vivificado, ligero y el nombre de quien ya sentía y veía en su mente como una mujer joven, hermosa y encantadora se le representaba allá donde mirara… Rosaura… Era como una dulce melodía. Pronunciarlo le provocaba cosquillitas en los labios y un ligero mareo parecía afectarle cuando pensaba en ella. Ese mismo atardecer y al siguiente y los sucesivos, repitió su paseo hasta donde la encontró por vez primera.

Al principio ella se mostraba callada y tímida, pero los días pasaban y las conversaciones se hacían más largas. Jaime se dejaba llevar por la pasión repentina que le empujaba a buscarla como una necesidad vital por estar a su lado. Vivía los días en un continuo sobresalto y ansiaba que las horas pasasen para correr al encuentro de su amada. Septiembre pasó y octubre llegaba casi a su fin cuando ambos decidieron poner fin a aquella separación forzada de cada día y unir para siempre sus vidas. 

Hicieron locos planes, se casarían el último día del mes, al  ocultarse el sol, como se habían conocido y en la pequeña ermita del pueblo.

Jaime, loco de amor, no veía imposibilidad alguna para unirse con ella. Si bien al despertar cada mañana, reconocía lo inusual de la situación y el hecho de no saber nada de su amada, pronto olvidaba esos detalles y volvía a ilusionarse con su próxima boda. Sería una ceremonia sencilla e íntima. El sacerdote del pueblo era su amigo de la infancia y con él y dos o tres testigos bastarían. Ya habría tiempo más tarde para celebrar una boda a lo grande rodeados por ambas familia.

Su amigo sacerdote trato de disuadirle alegando lo inusual de lo que le pedía mientras argumentaba que el último día del mes era la víspera de Todos los Santos y no le parecía  lo más adecuado celebrar una boda la misma noche en que se celebraba la fiesta pagana de los muertos; pero ante la insistencia y persuasión de su amigo, termino cediendo y así acordaron encontrarse en las puertas del templo a la caída del sol del mencionado día.

Jaime encargo que decoraran con flores blancas y profusión de velas la pequeña ermita y acordó con algún que otro amigo en que acudirían el día señalado y le acompañarían como testigos del paso que iba a dar. Rosaura parecía feliz y nerviosa o así la sentía él cuando acudía a su cita y dos noches antes, entre reticente y divertido accedió a concederle el deseo de no verse hasta el momento de la boda y frente al mismo altar a los pies de la Santa.

¡Qué largas le resultaban las horas de espera! Pero por fin llego el ansiado momento y allí estaba él, frente al altar, esperando la llegada de su amada, casi comiéndose las uñas de la impaciencia casi frenética que le embargaba. Los amigos trataban de calmarle o le gastaban bromas que solo aumentaban su nerviosismo. La pequeña ermita brillaba esplendida a la luz de las velas y en el aire flotaba un suave aroma a los claveles y crisantemos que la adornaban.

A las nueve en punto, ya totalmente oscurecido el día desde hacía un largo rato, vieron entrar a la novia. Venia sola. Recorrió el camino desde la puerta de la ermita al altar a paso lento y con la cabeza inclinada. Nada se veía de su persona, pues un velo de fino encaje le cubría de la cabeza a los pies y le ocultaba la cara.

La ceremonia fue rápida y sencilla y por fin llegó el momento en el que el novio debía besar a la novia ya convertida ante Dios y ante los presentes en su esposa. Jaime tomó el extremo del velo y comenzó a levantarlo cuando una duda le cruzó por la mente tan fugaz que ni siquiera llegó a considerarla. Rosaura le ayudo a levantar el velo que la cubría y por fin todos pudieron contemplar su cara. Bella, de tez muy blanca, parecía la estrella vespertina, la misma diosa Venus personificada. Jaime se sintió repentinamente intranquilo al mirar su cara. Había algo tremendamente frío en aquellos ojos que amaba, algo burlón y hasta inhumano en aquellos labios que le sonreían y le invitaban a besarla. Sintió o presintió ese halo diabólico que la envolvía, pero algo le empujaba a abrazarla y besarla. La rodeó con sus brazos y unió  sus labios a los de ella en un beso enamorado. 

Sintió un frio helado que le llegaba de su cuerpo mientras veía como el sacerdote trazaba sobre el lazo de ese beso la señal de la cruz y resonaba en sus oídos las palabras de su unión sagrada: “Que lo que Dios ha unido, no lo separen los hombres”.

¡Hecho estaba! ¡Eran marido y mujer!

Y de repente una risa ensordecedora brotó entre los labios de Rosaura mientras se separaba de él. Jaime la miraba paralizado, su piel pálida se acentuaba con el brillo cerúleo de las velas que casi agonizaban. Sus rodillas se doblaron y quedó arrodillado ante el altar mientras sus manos aferraban su pecho y su boca se abría tratando de atrapar bocanadas de un aire que no alcanzaba.

Los demás estaban tan pálidos y paralizados como el mismo novio y no atinaban que hacer. Rosaura aun riendo como una poseída salió corriendo de la ermita y se perdió en la noche.

El pobre Jaime murió al  pie del altar ante el pasmo aterrorizado de sus amigos que no pudieron hacer nada por ayudarle.

Dos días después de tan inusual boda, día de Difuntos, enterraban al pobre desgraciado en el cementerio del pueblo. Le acompañaron los mismos amigos que fueron testigos de la ceremonia macabra y ofició el sepelio el mismo sacerdote que los había casado. Entre ellos, se había instaurado un pacto de silencio no pronunciado y nadie supo lo sucedido aquella noche aciaga. De hecho, ninguno de ellos parecía recordar mucho de lo sucedido, como si la memoria colectiva se hubiera bloqueado a lo vivido y lo olvidaran un poco más cada minuto que pasaba. Más, cuando el funeral termino y ya salían del cementerio, uno de ellos se fijó que en el extremo más alejado del mismo, sobre una tumba antigua que ya nadie recordaba ni visitaba, se veía un ramo de flores y de la cruz que adornaba la losa pendía, ondeando  al viento…El velo de la novia.


Carmen

(31 de octubre del 2014)


Copyright©

jueves, 30 de octubre de 2014

HAIKUS



OTOÑO

Otoño breve,
policromía en sepia
sembrando fuegos.


Paisaje veneciano bajo la lluvia
Gabriel Gonzalo

VENECIA

Las nubes lloran,
paraguas solitario,
Venecia sola.


NOCHE

Noche oscura,
tristezas aflorando,
fuegos que prenden.


AMANTES

Son dos amantes
enraizándose firmes,
naturaleza.





UNA CANCION TRISTE - Enrique Bunbury


UNA CANCION TRISTE
Enrique Bunbury


Una canción triste para los momentos bajos, 
para sentirte acompañado cuando sientes vencido, 
una canción triste para cuando estas solo, 
cuando no sabes el modo de salir adelante. 

Has tenido el mundo a tus pies, 
el aroma de la gloria es buena compañía, 
pero poco duradera, lo que sube baja, 
y si permanece intacta, 
pierdes las llaves de la mansión, alguien ocupo tu salón, 
y se acuesta con tu mujer, 
lo peor es que disfruta más que en tu luna de miel, 
se bañan en tu piscina se comen tu comida 
y tiran el piano blanco por el balcón. 

Una canción triste para los momentos bajos, 
para sentirte acompañado cuando te sientes vencido. 
Una canción triste para cuando estás solo, 
cuando no sabes el modo de salir adelante. 

Una canción triste para los momentos bajos, 
para sentirte acompañado cuando te sientes vencido. 
Una canción triste para cuando estás solo, 
cuando no sabes el modo de salir adelante. 

Has tenido la furia consentida, la que sin duda merecías, 
los chicos se arrodillaban al verte pasar, como un profeta, 
o un mesías, tú pronosticabas lo que iba a suceder. 
Un fallo lo tiene cualquiera, cualquiera menos tú. 
Tenías el touch, y el don especial, tocado por la mano de Dios, 
¿qué es lo que pasó?, ¿quién se ofendió? 

Una canción triste para los momentos bajos, 
para sentirte acompañado cuando te sientes vencido. 
Una canción triste para cuando estás solo, 
cuando no sabes el modo de salir adelante

CANTO (el mismo dolor) - Enrique Bunbury



CANTO (el mismo dolor)
Enrique Bunbury


Canto porque me levanto siempre con las mismas penas,
con las heridas abiertas que siguen sin cicatrizar.
Vago por las veredas, por desiertos, por la selva,
surcando los anchos mares, hacia ningún lugar.

Canto porque me canso de dar explicaciones,
no tengo soluciones, ¿para qué tanto preguntar?
Salto de cama en cama, de boca a boca, de falda en falda.
No vuelvo por donde vine, nunca miro hacia atrás.

Y no hay mejor ni peor, pues con la gente que tropiezo,
sufren del mismo dolor, están igual, el mismo dolor.
No hay mejor ni peor, si estás quieto o en movimiento,
sufres el mismo dolor, estás igual, el mismo dolor.

Canto porque me harto de lugares concurridos,
de esquemas aburridos para conseguir seguridad.
Parto de aquí a otro lado, crías cuervos, y te comen los ojos luego.
Canto porque me levanto, siempre con las mismas penas.

Y no hay mejor ni peor, pues con la gente que tropiezo,
sufren del mismo dolor, están igual, el mismo dolor.
No hay mejor ni peor, si estás quieto o en movimiento,
sufres el mismo dolor, estás igual, el mismo dolor.



lunes, 27 de octubre de 2014

PENSAMIENTO DE GATO


PENSAMIENTO DE GATO


Érase una vez un gatito.

Alguien lo llevó a ver un tigre, cuyo tamaño era cincuenta veces el suyo.

El gatito dijo:

- Quien impresiona tanto debe valer poco. Si adentro tuviese realmente algo, no necesitaría ser tan voluminoso.


Shah Idries.

sábado, 25 de octubre de 2014

¡ADIÓS! por Alfonsina Storni



¡ADIÓS!

Las cosas que mueren jamás resucitan, 
las cosas que mueren no tornan jamás. 
¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda 
es polvo por siempre y por siempre será! 

Cuando los capullos caen de la rama 
dos veces seguidas no florecerán... 
¡Las flores tronchadas por el viento impío 
se agotan por siempre, por siempre jamás! 

¡Los días que fueron, los días perdidos, 
los días inertes ya no volverán! 
¡Qué tristes las horas que se desgranaron 
bajo el aletazo de la soledad! 

¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas, 
las sombras creadas por nuestra maldad! 
¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas, 
las cosas celestes que así se nos van! 

¡Corazón... silencia!... ¡Cúbrete de llagas!... 
-de llagas infectas- ¡cúbrete de mal!... 
¡Que todo el que llegue se muera al tocarte, 
corazón maldito que inquietas mi afán! 

¡Adiós para siempre mis dulzuras todas! 
¡Adiós mi alegría llena de bondad! 
¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas, 
las cosas celestes que no vuelven más! ...


Alfonsina Storni 

LO INACABABLE por Alfonsina Storni (A la memoria de esta gran poeta en el aniversario de su muerte)


LO INACABABLE
por
Alfonsina Storni

No tienes tú la culpa si en tus manos
mi amor se deshojó como una rosa:
Vendrá la primavera y habrá flores...
El tronco seco dará nuevas hojas.

Las lágrimas vertidas se harán perlas
de un collar nuevo; romperá la sombra
un sol precioso que dará a las venas
la savia fresca, loca y bullidora.

Tú seguirás tu ruta; yo la mía
y ambos, libertos, como mariposas
perderemos el polen de las alas
y hallaremos más polen en la flora.

Las palabras se secan como ríos
y los besos se secan como rosas,
pero por cada muerte siete vidas
buscan los labios demandando aurora.

Mas... ¿lo que fue? ¡Jamás se recupera!
¡Y toda primavera que se esboza
es un cadáver más que adquiere vida
y es un capullo más que se deshoja!

Alfonsina Storni.



Un día como hoy, 25 de octubre, pero de hace 76 años, Alfonsina Storni se quito la vida en el mar. Alfonsina es mi poeta favorita desde que la descubri en mi juventud y con la que en muchos de sus versos me identifico plenamente.

Aquí os dejo una reseña sobre su vida y su muerte:

"Cae una lluvia torrencial sobre Mar del Plata, Alfonsina Storni yace presa del dolor que le produce el cáncer de mama que le aqueja. Llegada la madrugada, haciendo honor al significado de su nombre (dispuesta a todo), toma una determinación. Escribe una nota escueta: Voy a dormir.Se dirige al Club Argentino de Mujeres y se arroja al mar desde uno de sus espigones. La prestigiosa poeta tenía tan sólo 46 años.

El cadáver es recuperado horas más tarde. El doctor Belleti la reconoce, conmocionado al destapar su rostro. La versión oficial determina que, al saber que se hallaba condenada a una muerte inminente, decidió acabar con su vida. Alfonsina consideraba que el suicidio era una elección concedida por el libre albedrío, y así lo había expresado en un poema dedicado a su amigo y amante, el también poeta suicida Horacio Quiroga.

Alfonsina se había ‘despedido’ de su único hijo, Alejandro Storni, en sentidas cartas días antes y, previsora, se había ocupado de su futuro en una carta dirigida a Manuel Gálvez.

La muerte de la que se considera una de las más prestigiosas poetas posmodernistas de la literatura argentina del pasado siglo fue trágica; su vida fue tan intensa como apasionante.

Siempre dispuesta a todo, ya desde muy temprana edad demostró que verdaderamente era una niña diferente. Condicionada por sus orígenes humildes, hija de padre alcohólico y mujer trabajadora, se vió obligada a luchar desde muy pronto por su subsistencia. Si bien su madre tuvo a bien escolarizarla, a diferencia de a sus otros hijos, al adivinar en ella un talento y originalidad especial, la precariedad económica familiar la empujaría a robar su primer libro de texto, tal y como ella misma confesaría años después. Pero ella no se arredró y ni siquiera la muerte de su padre a la edad de 14 años, hecho que le obligó a trabajar como aprendiza en una fábrica de gorras, logró adocenarla. Poco después empieza a trabajar como actriz, entrando en la compañía teatral del español José Tallaví y no por ello ceja en su empeño de formarse. En 1909, con 17 años, se matricula en la Escuela Normal Mixta de Maestros Rurales de Coronda, donde trabaja también como celadora y al año siguiente obtiene ya el título de maestra rural y empieza a desempeñar su cargo en Rosario.

Pero la vida de aquella mujer de mente varonil encerrada en un cuerpo de mujer, que siempre se dolió de haber nacido mujer, no iba a ser fácil. Y es que la poeta se quedó embarazada a los veinte años de un hombre casado y veinticuatro años mayor que ella y, mujer libre como era y se sentía, decidió llevar adelante la gestación como madre soltera. En esa época proclama en uno de los versos de su obra Languidez (1920): ‘Señor, el hijo mío que no me nazca varón.

Alfonsina, que consideraba su sexo como un estigma, dedicó su existencia a luchar contra las desventajas que éste le reportaba. Obligada a mantener en solitario a su hijo Alejandro, desempeñó multitud de empleos, desde cajera a dependienta y finalmente ‘corresponsal psicológico’, empleo para el que logró desbancar a todos los aspirantes pese a su condición de mujer, que la marginaba inicialmente. Eso sí, pasó a cobrar la mitad del sueldo por esta misma circunstancia.

Pero nunca deja de crear. En 1916 publica su primer libro y consigue sus primeras colaboraciones literarias. En 1919 obtiene una sección fija en la revista La Nota y más tarde en el diario La Nación. En sus escritos plasma con rotundidad sus creencias: su periodismo combativo defiende el derecho al voto femenino y carga contra los arquetipos y tópicos que marcan a la mujer de su época. Aquellas mujeres, a las que ella defiende como seres pensantes, no obstante la temen y no osan leer sus poemas, tachándola de peligrosa. A lo largo de los años, sin embargo, consigue ser respetada por unos y otros. Horacio Quiroga la introduce en las tertulias literarias masculinas y Alfonsina se hace un hueco en las mismas labrando su prestigio poco a poco. Lidiando con su condición femenina se codea con Gómez de la Serna, García Lorca o Enrique Amorim entre otros destacados literatos de la época.

Su obra poética y teatral es su mejor legado, de gran originalidad. Según la crítica, Alfonsina cultiva el posmodernismo y culmina su obra con Mascarilla y Trébol, su último libro de género vanguardista. Un mes después le es diagnosticado el cáncer que le arrastrará al suicidio.

‘Oh muerte, yo te amo, pero adoro la vida…’ nos dijo la poeta. Sus versos nos acompañarán siempre."


Fuente: http://facebook.com/LaVanguardia

viernes, 24 de octubre de 2014

EL COLLAR DE LA PALOMA por Ibn Hazm


Obra:
"Una belleza velada"
 Frederick Arthur Bridgman.


EL COLLAR DE LA PALOMA
por Ibn Hazm

"Te amo con un amor inalterable,
mientras tantos amores humanos no son más que espejismos.
Te consagro un amor puro y sin mácula:
en mis entrañas está visiblemente grabado y escrito tu cariño. 
Si en mi espíritu hubiese otra cosa que tú,
la arrancaría y desgarraría con mis propias manos. 
No quiero de ti otra cosa que amor; 
fuera de él no te pido nada. 
Si lo consigo, la Tierra entera y la Humanidad 
serán para mí como motas de polvo y los habitantes del país, insectos."


Estos versos son un fragmento de "El collar de la paloma" un bello poema cargado de amor y pasión escrito por Ibn Hazm.

Abu Muhammad `Ali ibn Ahmad ibn Sa`id ibn Hazm más conocido como Ibn Hazm (Córdoba, 7 de noviembre de 994 - Montíjar (Huelva), 15 de agosto de 1064), fue un filósofo, teólogo, historiador, narrador y poeta hispanoárabe. 

Su obra más famosa es Tawq al-hamā,,ma o El collar de la paloma en la que trata el tema del amor. 

Realizó una intensa actividad política. Fue visir del califa Abderramán V, y a consecuencia de intrigas palaciegas estuvo en la cárcel en varias ocasiones y sufrió un breve destierro. Abandonó la actividad política para dedicarse a sus estudios de teología y derecho. Debió exiliarse en diferentes taifas de al-Ándalus tras la crisis del califato, exilio que le llevó a recorrer varias taifas: Sevilla, invitado por al-Mutadid o la taifa de Mallorca. 

Fue un ingente polígrafo, cuyas miles de páginas no pueden reducirse a una breve explicación. Escribió obras históricas, como Risā,,la fī,, fadl al-Andalus y obras de carácter didáctico 
Su obra más famosa es Tawq al-hamā,,ma o El collar de la paloma 

También escribió numerosas obras filosóficas. Su pensamiento se basaba en Aristóteles y se esfueza en distinguir lo verdadero de lo falso, lo que lleva a un sexto sentido o sentido común por el cual se demuestran las verdades. Dichas verdades están en estrecha relación con la fe por lo que un conocimiento cabal de la filosofía puede relacionar a estas verdades con la teología. De este modo, elabora una teología natural acercándose a los postulados de Santo Tomás y desarrollando el tema de la esencia y la existencia, concluyendo que son idénticas solo en Dios, pero con un significado diferente que la doctrina tomista.

Una de las mejores obras de la literatura árabe, calificada por don Emilio García Gómez de auténtica joya literaria. Su autor, el ilustre polígrafo cordobés, Ibn Hazm (994-1064), comenzó a escribirla en el año 1022 en unas duras condiciones, como él mismo reconoce, cuando se hallaba cautivo en dativa. Por entonces, el califato cordobés mostraba ya sus primeros síntomas de debilidad. 

Esta obra esta escrita en árabe purísimo y en rica prosa en la que se intercalan versos con un profundo sentimiento. En ella su autor nos narra aspectos del amor basados en su propia experiencia, y en lo que le contaron gentes de fiar, transmitiendo,en suma, como amaron las gentes de al-Andalus durante el gobierno de la dinastía omeya, por este motivo, algunos consideran, en parte, este libro como la autobiografía de su autor y de las gentes que le rodearon. 
Ibn Hazm compuso esta obra por encargo de un amigo y a través de ella le ofrece, por la amistad que les une, «ayuda» para alcanzar la verdad. 

En los sucesivos capítulos de que consta «El collar», el autor nos habla de los fundamentos del amor, entre los que destaca, la esencia del amor, las formas de enamoramiento,etc... de los accidentes del amor y de sus cualidades loables y vituperables, de las malaventuras que sobrevienen al amor, de la fealdad del pecado y de la castidad. No obstante, a pesar del plan previo establecido por el autor, estos temas se mezclan unos con otros, y de ello se excusa Ibn Hazm. 


jueves, 23 de octubre de 2014

ALMAS GEMELAS, por Rumi


ALMAS GEMELAS

"De hecho, mi alma y la tuya son las mismas,
tú apareces en mí, yo en ti.
Nos escondemos el uno en el otro..."

RUMI

lunes, 20 de octubre de 2014

CLAROSCURO

Pintura al oleo de
Diego Campos ©


CLAROSCURO

Se acerca el momento,
largamente presentido,
del triste adiós.
Siento las sombras cerca,
alargando sus dedos fríos,
pretendiendo apagar
el corto cabo de vela
que aún alumbra
una brizna de esperanza
en mi pobre corazón.
Pero se que ya no habrá
más motivo de alegría
ni volverán los pasados días
ni volverán las risas
a cantar al unísono 
nuestra canción.
Crece a cada momento,
más y mas la brecha,
que separa nuestros cuerpos
arrastrando al fondo del abismo
toda cordura y razón.
Y ya no lloro por ti
ni me entristecen tus ausencias.
Lo que nunca debió suceder llegó 
y hoy por hoy,
ambos buscamos la separación.
Y fingimos amarnos mas que a nada
enredándonos en mil causas
que distraigan la atención.
Y a pesar de todo
no logramos hallar valor
para decirnos adiós.
Y dejaremos que se extinga la vela,
que el claroscuro que vivimos termine
y se convierta en la ceguera
que nos traiga el olvido
y desate los lazos
que nos atan a este desamor.


Carmen

(20 de oscutre del 2014)



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TODAVÍA


TODAVÍA

Sobran las palabras cuando ya todo está dicho. 

Todavía espero encontrar el valor de dar un beso y desentrañar el misterio, aunque amar más ya no podría.



PACTO DE SILENCIO


PACTO DE SILENCIO

Mi boca está sellada
en un pacto de silencio
que jamás pronuncié.
Estoy hecha de lluvia,
me deshago en lágrimas
siempre calladas,
mientras mis labios sonríen
otra mentira,
mientras vivo otra vida,
mientras soy
quien no quisiera ser.
Nadie sabrá jamás
que dolores guarda mi alma,
que pesares arrastra mi cuerpo,
que penar tan hondo
me atraviesa el corazón
como una  daga de fuego
que fuera abriendo, 
día a día,
la herida por la que
se me escapan los sueños
y la esperanza baldía
del querer ser y no poder.
Y quisiera gritar al viento tu nombre,
y gritarles a todos
sin que tiemble mi voz,
que los sueños no son sueños
si se cree en ellos
ni la esperanza es vana
cuando se hace del amor
causa y bandera,
razón de ser.
Pero mi boca está sellada
en un pacto de silencio
y me deshago en lluvia de lágrimas
mientras asesino
los sueños y esperanzas
de volverte a tener.


Carmen

(20 de octubre del 2014)


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SOLEDADES


SOLEDADES

Vago por calles desiertas, ajenas, extrañas.
Voy en busca de los sueños perdidos,
del contacto tibio de tu mano en la mía,
de tu risa que como un eco lejano
se desvanece a la vuelta de cada esquina.
Te sigo y persigo en cada sombra
que percibo atraves de las lágrimas
que manan del lago de profundas
y agitadas aguas de mis recuerdos.
Y te amo, una y mil veces te amo.
Te amo más a cada segundo que paso sin ti,
sin tu presencia, tu contacto, tu abrazo.
Te llamo a gritos desesperados
que resuenan en los espacios infinitos
de mis eternas soledades.
Estas soledades que me atenazan el alma,
me atan al dolor y a la pena
de encontrarte y perderte a cada paso.
Y sólo me queda el viento,
compañero infatigable
que me trae un beso tuyo,
una caricia dormida en el tiempo,
un retazo de sueño perdido...
Y me siento acompañada
en medio de estas soledades.


Carmen

(20 de octubre del 2014)



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