domingo, 23 de diciembre de 2012

¿DÓNDE ESTÁ DIOS?


¿DÓNDE ESTÁ DIOS?

¿Dónde está Dios?
Preguntas desde la mirada 
azul de tus ojos de niño,
mientras buscas incrédulo
su rastro a tu alrededor.
¿Dónde está Dios?
¿Dónde se esconde?
¿Dónde se halla que por más 
que busco no le veo?
Y sonrío ante tus preguntas
con una sonrisa triste,
con una pena en mis ojos,
con un dolor antiguo en mi pecho.
Tiendo a ti mis brazos
y te ofrezco el refugio
sereno de mi seno.
Y mis manos sosiegan 
en una caricia tierna
todos tus miedos.
¿Dónde está?
Preguntas de nuevo.
Y mi voz te responde
en un susurro de viento...
Dios está en ti y en mí.
Está en cada pecho herido
por la metralla 
de las guerras fratricidas
que sólo siembran muerte.
Está en el llanto de un niño,
en el desesperado grito de una madre
pidiendo pan para el hijo
que muere de hambre en sus brazos.
El los ojos fatigados del anciano
que hablan en silencio del dolor
porque todo lo han perdido.
Dios está en cada llanto,
cada dolor, cada pena... 
Pero también está en las estrellas
que adornan el firmamento
y esta en cada flor, cada animal,
cada gota de lluvia
que baña nuestros cuerpos.
Está en la inmensidad de los oceanos,
en la belleza altiva y serena
de las montañas que se elevan 
como plegarias de Gaia al cielo.
Está en una piedra, una brizna de hierba,
en los bosques y hasta en los desiertos.
Está en una sonrisa enamorada,
en la madre que sostiene
a su hijo en el regazo,
en un abrazo, un beso, un te quiero.
Dios está en todo lo bueno y lo malo
que nosotros soñamos,
unas veces bendiciendo 
y otras muchas maldiciendo.
Pero Dios está sobre todo
en los ojos y en los corazones
buenos que quieren verlo.
Abre los ojos de tu alma,
esos que ven desde tu corazón
sólo lo hermoso y lo bueno.
Abre tus ojos del alma,
despierta, que ya es tiempo.
Abre tus ojos y verás
que Dios está en ti
desde el principio de los tiempos.


Carmen Drisana
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miércoles, 19 de diciembre de 2012

REGLAS PARA SER HUMANO


REGLAS PARA SER HUMANO

- Recibirás un cuerpo. 

Quizá te guste o lo odies, pero será tuyo por todo el periodo de tiempo que estés aquí.

- Aprenderás lecciones. 

Estarás inscrito en una escuela informal de tiempo completo llamada “vida”. Cada día en esta escuela tendrás la oportunidad de aprender lecciones. Te podrán gustar las enseñanzas o creerás que son irrelevantes y tontas.

- No hay errores, sólo aprendizaje. 

Crecer es un proceso de prueba, error y experimentación. Los experimentos “fallidos” forman parte del proceso al igual que los experimentos que a la larga “funcionan”.

- Una lección es repetida hasta que se aprende… 

Una lección te será presentada en diferentes maneras hasta que la aprendas. Una vez que la hayas aprendido, podrás pasar a la siguiente lección. Periódicamente, la lección se te volverá a presentar para ver si todavía la recuerdas.

- El aprender lecciones no termina. 

No hay ninguna parte de la vida que no contenga aprendizaje. Si estás vivo, habrá lecciones por aprender. Sí no hay lecciones que se presenten, muy probablemente habrás dejado de vivir.

- “Allá” no es mejor que “aquí”. 

Cuando tu “allá” se ha vuelto un “aquí”, simplemente tendrás otro “allá”. Éste nuevamente se verá mejor que “aquí”.

- Los demás son simples espejos de ti. 

No puedes amar u odiar algo de alguna otra persona, al menos que eso refleje algo que ames u odies de ti mismo.

- Lo que hagas de tu vida es cosa tuya. 

Cuentas con todas las herramientas y recursos que requieres. Lo que hagas con ellos es cosa tuya; la decisión es tuya.

- Todas tus respuestas se encuentran dentro de ti. 

Las respuestas a las preguntas de la vida se están dentro de ti. Todo lo que tienes que hacer es ver, escuchar y creer.

- Olvidarás todo esto. 

Esto es por sí mismo una lección.


DESCONOZCO EL AUTOR



domingo, 16 de diciembre de 2012

UN CAMINO POR ANDAR


"La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el ensayo de un camino, el boceto de un sendero.”
(Hermann Hesse)

Una de Haikus:

UN CAMINO POR ANDAR

Salió otra vez
el sol por la vereda
de mi alma fría.

Luces de color
reflejándose en las
lilas y malvas.

El dolor mio
me brota del corazón
llenando mi ser.

Luces y sombras
dolores delirantes,
gozo vivido.

Y se me pierden
en auroras de tristes
pasos en sombra.

¿Iré entonces
sola en mi camino
hasta el final?

Sembraré de paz
los lirios caminando,
armonía en luz.

Carmen-Drisana 

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domingo, 9 de diciembre de 2012

LA VIDA NO VALE NADA...


LA VIDA NO VALE NADA...

Ella nació de pie, en cuna con sabanas de fino hilo. Nunca tuvo frío ni hambre ni tuvo que pasar fatigas y sudores trabajando los campos como otras niñas pobres. Cuando el hambre, después de la Guerra, ella se permitía rechazar la comida y sus padres la enviaron a estudiar a los mejores colegios de la capital.

Siempre hizo su voluntad y los demás la aceptaban sin quejas. Cuando dejo de ser niña y paso a ser mujer, esos caprichos se volvieron ordenes que apretaban en un puño a aquellos que la rodeaban. Tuvo un marido esclavo, unos hijos caprichosos como ella, continuo viviendo la vida como si no fuera con ella. 

Pasaron los años y la llegada de la vejez le trajo algo nuevo que no esperaba. Aquellos a los que había dominado bajo su yugo, se rebelaron y comenzaron a pasar de ella, a ignorarla y con aquella rebelión, llego una sorpresa mucho más atroz, un ente que le iba robando su identidad. Poco a poco al principio y más tarde a la carrera, esa cruel enfermedad con difícil nombre… Alzheimer, le fue arrancando su vida entera.

La fue borrando de la faz de la Tierra hasta que no quedo nada de lo que era.


Carmen 

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martes, 20 de noviembre de 2012

YO NO ENTIENDO A LA GENTE GRANDE (Día Internacional del Niño)


Hoy es el día Internacional de Niño y os traigo algo especial, un hermoso texto sobre el mundo de los adultos desde la mirada de los niños, que nos ayuda a reflexionar sobre cuántas veces confundimos a los pequeños con nuestro escaso diálogo y actitudes poco claras.


YO NO ENTIENDO A LA GENTE GRANDE


Porque tapa la luz del sol.
Quita las flores a las plantas para dejarlas marchitar en un jarrón.
Y enjaula a los pajaritos.
Porque ha pintado todas las cosas de color gris
y ha llenado el cielo de antenas y chimeneas.

Yo no entiendo a la gente grande…
Porque se creen importantes por el solo hecho de ser grandes.
Porque no me dejan caminar descalzo ni chapotear en la lluvia.
Porque me compran juguetes y no quieren que los use para que
No se rompan.

Yo no entiendo a la gente grande…
Porque le han puesto nombre difícil a todas las cosas sencillas.
Porque se pegan entre ellos o se pasan la vida discutiendo.
Porque quieren tener empleos importantes… y viven sentados
En una silla.

Yo no entiendo a la gente grande…
Porque me hacen decir versitos que no entiendo.
Porque me obligan a besar a la gente que no conozco.
Porque están siempre muy apurados y nunca tienen tiempo de
Contestar una pregunta o de contar un cuento.

Yo no entiendo a la gente grande…
Porque no les gusta sentarse en el cordón de la vereda.
Porque no sienten el placer de perder el tiempo mirando.
Alrededor y son incapaces de dar vueltas en un carrusel.
Porque cuando me porto mal me amenazan con ponerme una inyección.
Y cuando me enfermo me dicen que una inyección me va a hacer bien.

Yo no entiendo a la gente grande…
Porque quieren que coma con horarios…y no cuando tengo hambre.
Porque cuando pregunto algo, me contestan que soy muy chico…
Y cuando pido un chupete me dicen que soy un grandulón.

Yo no entiendo a la gente grande…
Porque siempre se hacen los lindos o los serios.
Porque dicen mentiras y ellos mismos se las creen.
Porque cada vez que me mienten me doy cuenta y sufro mucho.

Yo no entiendo a la gente grande…
Porque me dicen miedoso y ellos me hablaron de cucos y fantasmas.
Porque me piden que sea bueno y me regalan para jugar revólveres,
Dardos, flechas y escopetas de aire comprimido.
Porque han llenado la casa de cristales, porcelanas y cosas que se.
Rompen y ahora resulta que no puedo tocar todo lo que veo.

Yo no entiendo a la gente grande…
Porque perdieron la ganas de correr y saltar.
Porque olvidaron esas cosas que tanto les gustaban de chicos.
Porque antes de reírse siempre le piden permiso al reloj.

Yo no entiendo a la gente grande…
Porque cuando hago algo malo me dicen “no te quiero más”.
Y yo tengo mucho miedo que me dejen de querer en serio.

Mis manos son pequeñas y por eso se me derrama la leche
aunque no quiera.

Mis piernas son cortas, por favor, espérame y camina más despacio,
así no puedo andar contigo. No me pegues en las manos
cuando toco algo lindo y de color brillante.

Por favor, mírame cuando te hablo. Si es que me estas escuchando.
No me regañes todo el día…

Déjame equivocar sin hacerme sentir estúpido.

No esperes que el dibujo que pinte sea perfecto…

Ámame por haber tratado de hacerlo bien recuerda 
que soy un niño, no un adulto pequeño…

A veces no entiendo lo que me dices.

Te quiero tanto… por favor, ámame por lo que soy,
no por las cosas que hago.

No me rechaces cuando estés molesta conmigo
y vengo a darte un beso…

Me siento solo, abandonado y con miedo.

Cuando me gritas, me asusto…

Por favor, explícame que he hecho.

No te enfades cuando en la noche las sombras
y la obscuridad me dan miedo, y me despierto y te llamo.

Tu abrazo es lo único que me devuelve la paz.

Cuando vamos a las tiendas no sueltes mi mano.
Temo perderme y que no me encuentres jamás.

Me siento muy triste cuando papá y tú discuten…
A veces pienso que es por culpa mía
y se me encoge el estómago y no sé que hacer.

Muchas veces veo que abrazas y acaricias a mi hermano…

Me regañaste cuando rompí mi juguete favorito
y me eche a llorar; yo estaba triste y peor que tu…
no lo hice a propósito y me quede sin ti.

Te molestaste porque me ensucie jugando…
Pero la sensación del barro en mis pies era tan rica
y la tarde tan linda….

Hoy te sentiste mal y yo me preocupe mucho.
Trate de entretenerte con mis juegos
y me dieron un par de nalgadas y me sacaron de tu lado…
Me fui a un rincón a llorar…
¿Que haría yo si tú te murieras?

Me meten miedo con el infierno y no sé lo que es…
Debe ser algo tan terrible como estar sin ti.

Aunque me dejaron con los tíos y la pase bien,
les eche mucho de menos toda la semana…
Ojalá no hubiera vacaciones para los papás.

¡Tengo mucha suerte entre todos los niños que hay en el mundo…
Ustedes me escogieron a mí!


Jorge Capsiski

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Por favor, aprendamos de los niños pues en ellos se guarda pura aún, la sabiduría sencilla de la existencia, el amor más verdadero, la inocencia del alma y un corazón grande y hermoso donde todo y todos cabemos. Amemos y respetemos a nuestros niños y rescatemos a esos otros niños que se fueron perdiendo con el tiempo y que aún habitan dentro de cada uno de nosotros. Si logramos encontrar a nuestro niño interno, habremos hallado la salvación de nuestras almas inmortales.

Karmen - Drisana


jueves, 15 de noviembre de 2012

SUEÑO DE OTOÑO


SUEÑO DE OTOÑO

El otoño guarda en la melancolía de sus horas
toda la esencia del alma mía,
toda la paz y toda la sabiduría
que la vida se encargo de enseñarme.

El otoño lleva en sí los sueños dormidos
que no ha de conocer nadie.
Tan sólo esa mitad del alma  mía 
que vive cautiva en los brazos del aire.

Carmen

domingo, 28 de octubre de 2012

BAILANDO CON EL DIABLO AL FILO DE LO ABSURDO


BAILANDO CON EL DIABLO AL FILO DE LO ABSURDO


¿Cómo era…. Viviendo con mi enemigo… durmiendo con mi enemigo…?

No, "viviendo con…" no era… Creo que ese es el titulo de una canción de Don Omar.  No me gusta el reggaetón, no comprendo que mecanismos mentales me ha traído esa canción a la mente pero tampoco dispongo de tiempo ni ganas para pararme a analizarlo.

En cuanto a lo de “durmiendo con…” ¿No era aquella película donde Julia Roberts, tenia que convivir con las manías de un marido obsesivo convulsivo y psicópata violento que convirtió su vida matrimonial en un infierno? Sí, creo que sí. Pero tampoco es lo que yo busco para esto que quiero escribir.

Me he dado cuenta que es mejor comenzar a escribir un relato por el final para llegar a su principio. Tal vez por que soy de esas personas que la mayoría de las veces no puede contener el impulso de leer primero la última página de sus libros favoritos. Al contrario de lo que me dicen todos, el leer el final de un libro para mi no le resta ningún interés a la trama del mismo, muy al contrario, me asaltan mil preguntas de cómo sería que se origino todo y qué causas llevaron a ese desenlace.

También soy de las que creen firmemente que el titulo de cualquier escrito debe ponerse al final de cada escrito después de mucho meditar y pensar en ello. Como si se tratase de buscar el mejor y más adecuado nombre a un hijo. Pero como hoy lo que deseo es justo hacer las cosas al revés, por aquello del “más difícil todavía”, como si se tratase de una función de circo o de la representación de algún mago fabuloso salido de su propia chistera, quiero empezar precisamente por poner título a este relato.

Creo que lo titularé… "Bailando con el diablo al filo de lo absurdo"...

Una campana sonaba lastimera bajo la pesada cortina de lluvia que caía como un telón sobre el último acto de su vida. Hacía frío y la humedad calaba los huesos, sembrando de manchas rojas la piel delicada del rostro de las señoras que por caridad acudían de plañideras a los entierros donde nadie mas acudía.

Un cura, de triste figura, enjuto y de larga barba… Sería por eso lo de la triste figura, por la semejanza a un quijote despojado de su armadura y vestido de negro…? En fin, dejaré de divagar… Como decía, un cura salmodiaba al pie de la fosa abierta unas palabras de consuelo mientras de reojo miraba el reloj que se  adivinaba, más que se veía, en el cercano campanario de la capilla.

Las tres mujeres, lloronas de oficio, interpretaban su papel de duelo poniendo la nota musical al acto con sus quejidos y sus lamentos. Eran toda la compaña de aquel pobre cuerpo que nadie conocía en el pueblo en su último adiós lastimero a este mundo enfermo.

Nadie sabía su nombre ni de donde procedía ni a donde se dirigía. Asomó por la puerta de la fonda que hay en la plaza junto al ayuntamiento unas dos semanas antes de aparecer muerta. Dicen que Rosario, la hija del pregonero que es medio lela o poco más, aunque yo pienso que en verdad se hace la tonta para vivir del cuento… Otra vez divagando… Bueno, pues dicen que la Rosario hablo con ella y asegura que cuando le pregunto que buscaba, la mujer vestida de gris le dijo que buscaba bailar con el mismo diablo en una encrucijada.

Pero vaya usted a saber si eso que va contando la Rosario como la cantinela de un pregón, por deformación profesional del padre, digo yo… es o no es cierto.

Se llamaba Beatriz Segura, se supo cuando el alguacil registró sus cosas después de que Jacinto el de la Manuela, encontrara  su cadáver helado cerca del río en la madrugada.

Aquel era un pueblo pequeño, de esos pueblos donde todos se conocen y donde todos saben y cuchichean sobre la vida, obra y milagros de sus convecinos. Como si ser pocos y medio familia entre si, les diera permiso para inmiscuirse en cosas ajenas y andar por la casa del vecino como si se tratara de sus propias casas. Pero esta mujer había conseguido con su aparición y con su triste final lo que jamás nadie hubiera podido esperar en semejante lugar. La pobre de Beatriz, había conseguido que todas las bocas hablaran de un mismo tema.

Había quien decía que si la “señora” había venido en busca de marido. Otros que opinaban que se había perdido y buscaba refugio y consuelo para su soledad y los que más opinaban que Beatriz Segura huía de la mala suerte y de un desengaño amoroso sin precedentes.

Lejos estaban de adivinar quien era aquella mujer en realidad.

Beatriz Segura era el nombre de pila de “la Bella Sandoval” una cupletista de cafetín y folletín de prensa rosa que abrumada por la fama de la ciudad, decidió tomarse unos días de anónimas vacaciones lejos del bullicio y los flashes de las cámaras que no la dejaban ni respirar.

Se salió de su casa una madrugada después de regresar de su función en el teatrillo de Las Américas donde actuaba. Como una sombra se deslizo por pasillos y corredores. Bajo sigilosa y con cuidado de no pisar las escaleras que más crujían bajo el peso del cuerpo porque no la delataran. No llevaba más equipaje que un pequeño bolso con lo indispensable, ya compraría por ahí lo que le fuese haciendo falta.

Al salir a la calle con las primeras luces del alba, se arrebujo en su abrigo, cubriendo su rostro a medias con el cuello de piel, protegiéndose así de miradas indiscretas y del frío aire que la azotaba. Alzo la mirada hacia las ventanas oscuras y sin vida aún de su propia casa y en un susurro esbozó una sonrisa y un hasta pronto que se llevo el viento hacia unas nubes que presagiaban agua.

Con paso ligero emprendió el caminar hacia la plaza, donde un taxis la llevaría a la estación de autobuses  y allí tomaría el primero que saliese. No le importaba el rumbo que este tomase, ni el final que le deparase la última parada de su viaje. La aventura era eso… viajar sin destino donde 
este mismo la llevara.

Pobre, que lejos estaba entonces de pensar en lo que mas adelante la aguardaba.

No reparo en aquel hombre bien vestido hasta que este se sentó junto a ella y gentilmente la saludo con una inclinación de cabeza mientras se tocaba el ala de su sombrero de fieltro negro  y banda de raso amarillo antes de quitárselo y ponerlo sobre sus piernas. Tampoco entonces le dio mucha importancia. El hombre abrió su periódico y se zambullo en sus letras tan pronto como el autobús se puso en marcha y ella se dejo ir en pensamientos bulliciosos mientras veía pasar por la ventanilla los tan conocidos y los menos conocidos, edificios de la ciudad.

No hubiera sabido decir cuanto tiempo había pasado durmiendo, pero cuando despertó, su mejilla apoyada en el hombro de aquel hombre le dolía tanto que entendió que  debía hacer bastante rato. Se incorporó sobresaltada con un “disculpe, cuanto lo siento” en la boca y un rictus de vergüenza en la mirada. Y entonces cambió todo para ella. Él la miro y le dedico la más hermosa sonrisa que jamás hubiera imaginado que nadie le dedicara.

Aquella sonrisa fue como una tarjeta de presentación para ambos. Ella le dijo que se llamaba Beatriz y que iba hasta donde terminase aquel billete que había comprado sin saber para donde y que no recordaba el nombre del pueblo al que se encaminaba. Él le dijo que se llamaba Ricardo y que se dirigía un poco antes de que ella llegase a su destino, justo donde el camino se bifurcaba en una encrucijada.  El camino se hizo menos largo y más ameno. Ambos se habían embebido en una conversación liviana y sin trascendencia donde las risas de ella se combinaban a la perfección con los silencios profundos y densos cuando él la miraba con fijeza.

Caía la tarde cuando él inicio la despedida y ella temblorosa y perdida, sujeto su brazo preguntándole con una mirada de suplica si volverían a verse algún día. El volvió a dedicarle aquella sonrisa que le cautivaba el alma y le respondió que sí, que  cualquier tarde que quisiera en aquella misma encrucijada. Mientras le veía bajar del autobús, sentía que con él se iba parte de su propia alma. Nunca se había sentido así, tan desolada. No quedaba nadie más que ella y el conductor y cuando le preguntó a este si faltaba mucho para llegar a su destino, el hombre se volvió a medias y le contesto que escasos metros la separaban de su destino final… 

Paradójica la puntualización de aquel hombre ahora que volvemos atrás la mirada. Irónica respuesta que sin saberlo sería en breve una verdad acertada.

Se apeó del autobús en la misma plaza donde confluían la iglesia, el ayuntamiento y la fonda. El portón de la iglesia estaba abierto y se apreciaba la luminosidad de los cirios en medio de las nacientes sombras que comenzaban a rodear el edificio. Se quedo unos minutos contemplando las casas cuyas fachadas, no las distinguían de otros pueblos que hubiese podido visitar. Sin duda era un pueblo sencillo, tranquilo, de esos lugares donde nunca pasa nada, justo lo que ella buscaba.

Una muchacha vestida con una sencillez limpia y casi profana se le acerco y le pregunto que buscaba… Ella la miro unos instantes con una sonrisa bailándole en la comisura de la boca y escapándosele por la mirada y mientras rompía a andar hacia la posada le contesto con su voz cantarina: “Bailar con el mismo diablo en una encrucijada”.

Los días transcurridos en aquellas dos semanas, fueron tranquilos y serenos, tan serenos que a veces la ahogaban. Cada tarde, a la caída del sol, solía ir dando un paseo hasta la encrucijada donde él se apeó con la única esperanza de volver a verle de nuevo y cada tarde regresaba con el alma envuelta en tristezas que la acongojaban.

El último día, lo paso inquieta, nerviosa. No lograba entender que le pasaba e incluso llego a pensar que quizás debería regresar de nuevo a su mundo antes de que tanta tranquilidad la matara. Aquella tarde se dio un baño largo y tardo mucho tiempo en su arreglo… Como una novia, se tomó su tiempo en arreglarse poniendo especial atención y esmero.
Y como cada tarde, a la caída del sol emprendió el camino de la carretera rumbo a la encrucijada.

Aquel día, que había amanecido tan diferente al resto para ella, cobro significado cuando al llegar a su destino le vio a él parado en el mismo centro del cruce de caminos esperándola. Una alegría nerviosa se arremolino en su pecho y corrió a su encuentro desesperada. Ricardo abrió sus brazos y la recibió en su pecho dispuesto a no soltarla. Un bando de palomas levanto allí cerca el vuelo, otras aves piaron con fuerza y el viento arrancó lamentos de las altas ramas  de los árboles que desde aquel cruce de  camino  los observaban.  Comenzaron un movimiento lento de rotación, girando sin moverse del sitio, como una pareja de enamorados que bailara a los primeros rayos de la luna que ya asomaba.

Él le dijo “ven”… ella se dejó llevar. No parecía tocar el suelo con los pies al caminar, era como si la llevase en volandas… Flotaban… Escucho el ruido del agua bajando impetuosa  de las montañas que ella había visto otros días recortarse a la izquierda del camino. El viento volvió a soplar más helado que antes, pasó rozándoles el rostro con un silbido lastimero y se enredo unos segundos en su cabello como queriendo agarrarla.

La abrazo con una fuerza que la lastimaba, la miró a los ojos con una mirada profunda y negra que la hipnotizaba y selló su boca con la suya en un beso de muerte donde bebió hasta saciarse de su pobre alma. Minutos después de aquel beso mortal, allí yacía Beatriz con los ojos abiertos como balcones de par en par y el espanto plasmado en aquella mirada ciega, tal y como la encontrara horas después, al rayar el alba, el pobre Jacinto, el cual no conocía hasta entonces  más emoción que la de salir al campo con su mula y sus aperos de labranza.

Se aviso a la guardia civil… se pusieron avisos en los periódicos de la provincia, pero nadie reconoció a Beatriz ni reclamo su cuerpo ni siquiera la echaron en falta. Y días después de ser hallada muerta, la enterraron en el cementerio del pequeño pueblo, por caridad humana… Bueno y como añadiría Fermín, el enterrador… porque ya olía que apestaba.

Consiguió Beatriz lo que quería sin duda y buscaba… Bailo como era su deseo con el diablo en una encrucijada, para ser después olvidada e ignorada… Que destino tan absurdo para quien solo pretendía descansar del bullicio y de la fama.

CARMEN
28 de octubre del 2011
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miércoles, 17 de octubre de 2012

NOSTALGIA

- polish-posters -
Stasys Eidrigevicius - 
Póster de película, Zwierciadlo
(1989)

NOSTALGIA

La nostalgia es roja
de ojos arrasados en lágrimas,
de recuerdos rotos,
de corazones yermos
en paramos baldíos
donde se perdió el amor.
La nostalgia duele
roja de ira fecunda
en lo profundo del alma
y se levanta en remolinos
de viento y arena
que hieren el sentir
y quitan el sentido.
La nostalgia clama
mirando al cielo sin ojos
y por  la boca roja de espuma,
borbotones de sangre difusa
que siembran a su paso
una melancolía de sueños eternos,
que hacen temblar de miedo
la ya casi muerta esperanza.
La nostalgia es roja
de atardeceres en espera
que no terminan de pasar,
es roja de fresas y rosas
que rompen en mi boca
cuando te nombra el recuerdo
y se hace más y más
evidente tu falta.
Esta lejanía cruel
que nos separa larga,
que tiñe con rojo sangre,
con el rojo apasionado 
de la lava de un volcán que estalla.
Y te miro desde lejos
desde mi lejana nostalgia
y el mundo se vuelve rojo
de otoño en los árboles
que va anunciando
invierno en mi alma.

CARMEN
(17 de octubre del 2012)

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lunes, 8 de octubre de 2012

A LA SOMBRA DE UNA VELA


A LA SOMBRA DE UNA VELA

Su declive comenzó en el mismo instante en el que le dio por comparar su vida con la llama de una vela. Sus andares por el camino, siempre habían tenido la femenina sinuosidad del movimiento oscilante de caderas de esa llama que veía crecer y menguar en la palmatoria de su cuerpo errante. A veces tímida, a veces provocadora siempre insinuante. Diciendo mucho sin abrir la boca, más dejando a su cuerpo hablar con el mudo lenguaje que sembraba deseos inconfesables su paso.


Nunca prendió en los demás ningún fuego importante. Pasó frente al mundo sólo siendo una llamita oscilante con pretensiones de hoguera. Jamás obtuvo ninguna cosecha de su siembra muda, tan sólo quizás algún atisbo de mirada ciega posada en el agotar continuo e inexorable de la cera de su cuerpo que iba derritiendo con el tiempo su firmeza, consumiendo sus sueños, acabando con la luz de su mirada y sabiendo poco a poco que su destino era quedar completamente fría y ciega.


Fue ese el motivo que la llevó a sentarse frente al espejo, a la sombra de esa vela. Allí dejó pasar el tiempo, prolongó los minutos, absorbió todas las penas que amenazaban con asaltarle los ojos y cuando apenas restaba un halito de cera, se dispuso a ser humo perfumado de iglesia.


Y se apagó... se apagó dejando la asombra de su cuerpo reflejada en el espejo de la eterna espera...


Carmen ©


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*** Rescatado de mi otro blog
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